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TRIBUNA

Progresismo de salón

domingo 03 de enero de 2021, 19:28h

Tras la lectura de “Rubalcaba, un político de verdad”, escrita por António Caño y tras escuchar algunas intervenciones parlamentarias, me he cuestionado ampliamente lo que algunos entienden por “progresismo”.

El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, el día 2 de diciembres del 2020, en el debate de Presupuestos Generales del Estado 2021, ha afirmado que con ERC y Bildu dirigirán el Estado, para terminar, aseverando: "Hay Gobierno social-comunista para rato".

Me cuesta entender que pueda considerarse progresista quien tiene como compañeros de viaje a los separatistas y a algunos asesinos de ETA. Todos nos equivocamos en ocasiones y todos podemos rectificar, pero, para esto, es necesario por lo menos reconocer el error y pedir perdón a las familias de los que asesinaron. Ninguna de estas premisas ha cumplido Bildu, o por lo menos, algunos de sus dirigentes que como parece evidente, participaron directa o indirectamente en algunos asesinatos. Su legalización es incuestionable, ya que emana de una Decisión del Pleno del Tribunal Constitucional, que en democracia debemos respetar. Muy diferente es, que el Gobierno, sin que Bildu haya condenado públicamente las actuaciones terroristas de ETA, les haga partícipes en la dirección del Estado del que se quieren separar, al que pretenden debilitar y al que combatieron mediante el terrorismo, el chantaje, la extorsión y el asesinato. Repito, me cuesta asimilar que esto sea progresismo.

No puede considerarse progresismo la imposición de los intereses de una parte de la sociedad al conjunto de esta, es decir, al todo. El progresismo no puede obviar el artículo 1.2 de nuestra Constitución y como decía Rubalcaba en el Pleno del Congreso el 1 de febrero del 2005 “La soberanía reside en el pueblo español, es decir en el conjunto de los españoles y no en los pueblos de España, ni en las diferentes nacionalidades”.

Tampoco entiendo como puede considerarse progresista el comunismo. Una dictadura nunca puede ser progresista, y no conozco ningún país demócrata, gobernado por el comunismo. No puede ser considerado progresista quien apoya o justifica gobiernos antidemocráticos, donde se pisotean los derechos civiles y brilla por su ausencia la participación ciudadana, condiciones básicas del progresismo.

De los debates parlamentarios, cada vez más mediocres y superficiales, con muchos políticos de escasa formación, que anteponen los intereses electorales y de partido al interés del Estado, podemos sacar la conclusión de que el insulto ha sustituido al diálogo. Es más, el debate de la problemática social que preocupa realmente al ciudadano, ha sido sustituido por debates innecesarios, fuera de lugar, y con intereses demagógicos. Esto es antiprogresista y pone en evidencia, un bajo nivel intelectual parlamentario, y lo que es más grave, olvidan la importancia que tienen en democracia la meritocracia y la idoneidad, a la hora de elegir cargos de responsabilidad.

Oímos en múltiples ocasiones en el Parlamento, la necesaria solidaridad de la sociedad, lo cual es incuestionable, pero con tristeza comprobamos que nuestros representantes políticos con altos privilegios y muchos asesores, son incapaces de renunciar a ninguno de ellos en beneficio de la sociedad, en beneficio de la sanidad pública que dicen defender. ¿Es esto solidaridad? ¿Es esto progresismo?

Durante la pandemia se ha actuado sin escuchar, ¡¡incluso el consejo asesor era virtual!! Además, después de actuar, no han sabido explicarlo. Este comportamiento está alejado del progresismo y es un insulto a la inteligencia de los ciudadanos. Es un insulto a los profesionales sanitarios que han pagado un alto precio por su vocación de servicio y si han demostrado solidaridad.

Es lamentable, que estas circunstancias, las medidas contempladas en el Real Decreto Ley 29/2020 de 29 de septiembre de materias urgentes en materia de teletrabajo y que afectan al funcionamiento del sistema sanitario y al ejercicio profesional, no hayan sido estudiadas y acordadas con la profesión médica. Deteriorar el Sistema MIR que tan buenos resultados ha dado, es volver a las catacumbas.

El progresismo no es una palabra de la que podemos echar mano cuando nos interesa, no es un término demagógico a utilizar cuando nos conviene, es una forma de pensar y de actuar en todo momento. Es un compromiso social. Es una defensa de la libertad, incompatible con el separatismo de parte, con las dictaduras comunistas, con el terror y la extorsión y mucho más incompatible con el asesinato para imponer un pensamiento totalitario. Olvidar esto, nos lleva a un progresismo vacío, ficticio, a un “progresismo de salón”. El quererlo justificar, con algún comportamiento aislado progresista, no valida la denominaciónn generalizada.

Cuando la “crispación y el sectarismo pasen definitivamente al baúl de la historia” (Rubalcaba); cuando se abandone la mentira y la demagogia; cuando la tolerancia y el diálogo permitan la defensa de lo que piensa cada uno, escuchando al adversario político, nunca enemigo; cuando el interés del Estado y de la sociedad sean más importantes que los intereses personales, que los privilegios particulares, que los intereses de partido y que los intereses electorales, entonces, se podrá hablar de progresismo.

Guillermo Sierra

Médico. Expresidente de la Organización Médica Colegial

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