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Pakistán ante el abismo

sábado 30 de agosto de 2008, 23:08h
La dimisión del presidente pakistaní, Pervez Musharraf, no ha incrementado notablemente la violencia el país. No lo ha hecho, porque desde hace ya algún tiempo, Pakistán vive sumido en una permanente incertidumbre, que no presagia nada bueno. Por establecer un punto de inflexión, bien podría decirse que la toma de la Mezquita Roja a manos del ejército, causando un gran número de bajas entre los radicales islámicos armados que se habían atrincherado en su interior, encendió la chispa que muchos esperaban.

Musharraf, conviene no olvidarlo, es general del ejército, y aunque las fuerzas armadas de Pakistán han manifestado no querer inmiscuirse en la actual coyuntura política del país, es un hecho que su peso político es digno de tenerse en cuenta. Son ellos quienes combaten en diversas provincias contra los llamados “rebeldes”, radicales islámicos cuya pretensión es dar un giro involucionista a modo del que provocaran sus vecinos talibanes en Afganistán. Es importante señalar la estrecha relación entre ambos países. Además, fuentes de la inteligencia norteamericana sitúan a la cúpula de Al Qaeda precisamente en la frontera compartida por ambos. El presidente saliente era consciente de esta realidad, e hizo lo más conveniente para su país: esto es, colaborar con Occidente en la lucha contra el terrorismo islámico. Con ello, se aseguraba el paraguas económico y armamentístico de Washington, y de paso, ganaba presencia en el seno de la comunidad internacional. Pero tal actitud, pragmática para unos, no fue bien vista por todos, sobre todo, por los sectores más fundamentalistas, que abundan en Pakistán. Ahora, con Musharraf fuera de juego, se abre una incógnita sobre quién y cómo llevará las riendas del país a partir de ahora. EL viudo de la asesinada Benazir Bhutto, Asif Ali Zardari, se perfila como uno de los candidatos con más opciones. En su contra, su condena por corrupción –al parecer, bastante fundada-, lo cual no es precisamente un aval de renovación democrática. La solución, en un mes. Ojalá la violencia no espere tanto para desaparecer.
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