www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ORIENT EXPRESS

El doble rasero

Ricardo Ruiz de la Serna
x
ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 10 de enero de 2021, 21:01h

La suspensión y, en algunos casos, cancelación de las cuentas del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha ido acompañada por toda clase de motivos, pretextos y pretendidas justificaciones. En general, se le atribuye la responsabilidad del asalto al Capitolio y de la violencia desatada. Las mismas redes sociales que lo auparon al poder pretenden ahora acelerar su caída invocando la salvaguarda de la democracia.

Sin embargo, hay algunas cosas algo sospechosas.

En primer lugar, el intento de silenciar a Trump es común a casi todas las grandes empresas de medios sociales. No sólo se ha cerrado definitivamente su cuenta en Twitter, sino que otras redes como Parler o Gab afrontan presiones para sumarse a esta mordaza colectiva que se pretende imponer a quien todavía ocupa el Despacho Oval. A pocos días de la entrada triunfal de Joe Biden en la Casa Blanca, resulta algo desconcertante este intento de acallar al presidente. Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, ha advertido de un segundo “impeachment” si Trump no abandona el poder de inmediato. Apenas se han practicado las primeras detenciones por el asalto al Capitolio y quedan muchas preguntas por responder; por ejemplo, quién y por qué ordeno franquear el acceso a la turba y abrir las puertas. Tanta precipitación y tanta prisa por acelerar los acontecimientos resultan llamativas.

Naturalmente, uno podría creer que las grandes empresas tecnológicas han decidido dar un paso al frente y acabar con lo que consideran discursos radicales difundidos a través de sus plataformas. Sin embargo, basta un vistazo para constatar que en otras ocasiones estas empresas no han reaccionado con tanta decisión. Por ejemplo, con el ayatolá Khamenei, líder supremo de la República Islámica de Irán. En efecto, el pasado mes de julio, la señora Ylwa Pettersson, responsable de Twitter para Israel y los países nórdicos, declaraba por videoconferencia ante la Knesset que “tenemos un punto de vista hacia los líderes que dice que las interacciones directas con otras figuras públicas, los comentarios sobre asuntos de la actualidad política o la política internacional o el ruido de sables en asuntos económicos o militares no violan nuestras reglas”. Bueno, teniendo en cuenta que el líder supremo ha escrito que los Estados Unidos son “Satán” y que “el régimen sionista” es “su perro encadenado”, parece una política bastante flexible con los discursos radicales. Ni siquiera el hecho de que Ali Khamenei difundiese en un “tweet” sus “nueve razones por las que Israel debería ser eliminado” le parecieron a la empresa suficiente razón para cerrar la cuenta del líder iraní. Sólo han borrado algunos de sus mensajes después de meses de protestas… y el mismo día en que cancelaba la cuenta de Donald Trump.

Por fin, es necesario reflexionar sobre el verdadero papel de las empresas de redes y medios sociales. Por una parte, pretenden ser meras “plataformas” que se brindan a los usuarios de modo que no editan sus contenidos ni, por lo tanto, asumen responsabilidad por lo que en ellas se dice. Por otra parte, bloquean, silencian, suspenden o cierran cuentas precisamente por sus contenidos, es decir, asumen una posición editorial. Esto puede ser legítimo, pero entonces los usuarios deben saber con claridad cuál es la línea editorial de esa empresa, tal como sucedería con un periódico, una televisión o una cadena de radio.

Aquí está el problema de fondo: la retórica política y social de las empresas del Silicon Valley -admitamos la simplificación por el momento- enarbolaba la tolerancia, la libertad y la filantropía como estandartes de una nueva era en que todos estaríamos conectados y eso nos haría más felices. A medida que esa conexión ha dado voz a quienes hasta entonces no la tenían, han ido sintiéndose cada vez más incómodas. Naturalmente que, entre esos que salían del silencio, estaban los radicales, los violentos y los lunáticos -aunque ya hemos visto que invitar a la eliminación de Israel no es lo bastante lunático, violento ni radical para que te cierren la cuenta- pero también estaban los que no gozaban de la atención de los medios: los precarizados por la deslocalización de las fábricas, los arruinados del pequeño comercio, los endeudados con bancos rescatados con dinero público, la clase media pauperizada y en riesgo de desaparecer, es decir, los perdedores de la globalización. Millones de esos perdedores votaron a Donald Trump y se sirvieron de las redes y los medios sociales, precisamente, para llevarlo al poder.

Ahora ya saben qué les cabe esperar de esas empresas y del rasero que aplican según quién escriba los mensajes.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (14)    No(0)

+
2 comentarios