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Ensayo

Gabriel Zanetti: El pejerrey

domingo 10 de enero de 2021, 23:27h
Gabriel Zanetti: El pejerrey

Editorial Aparte. Santiago de Chile, 2020. 76 páginas. 15 €

Por Carlos Henrickson

Una paradoja que casi siempre se cumple es que la crónica en medios de prensa toma su mayor virtud cuando sabe alejarse de la actualidad. Alejarse, incluso, de un modo radical, apelando a aquello que ya no existe y cuya pérdida es irreparable: la nostalgia es un componente esencial de este modo de crónica, que ofrece valor a la experiencia individual y abre la vía a un espacio emotivo común entre autor y lector.

Es el caso de El pejerrey de Gabriel Zanetti, escritor chileno, que reúne crónicas publicadas en el diario The Clinic y la revista Desastre. La pesca es, aquí, la llave de entrada para una experiencia vital que se reconoce de espaldas a lo heroico, pero que, como la misma actividad de la pesca, se compone de aventuras pequeñas, múltiples y restringidas a lo personal: el aprendizaje material de los útiles, el aprendizaje casi espiritual de la espera, el encuentro con el logro o la derrota, toman el lugar del gran relato arquetípico.

Si bien es evidente la cercanía a La pesca de la trucha en América, de Richard Brautigan, el libro de Zanetti se diferencia por su particular poética de la melancolía, su insistencia en integrar las experiencias en una contemplación sobre lo pasado. El pescar implica al principio, como se nos informa ya desde la primera crónica, una cierta conexión ancestral, la entrada a una comunidad; mas no es menos cierto que de inmediato Zanetti nos refiere a lo personal e intransferible de una experiencia que parece banal y hasta cruel.

El pescar resulta ser un hilo conductor más que eficiente en este libro, que acaba revelándose como el esbozo de una “novela de formación” encuadrada en los últimos cuarenta años de la historia de Chile, un genuino cambio de época en que la realidad, en su aspecto social, político, tecnológico, etc., pareció acelerarse hasta dejar atrás la posibilidad misma de entender este transcurso. La aventura de hacer memoria -una aventura que requiere de una paciencia, una capacidad de pausar el tiempo como la del pescador en su orilla-, acaba apareciendo en el estilo de escritura como una épica en sentido propio, que premunida de un estilo ágil y que sabe derivar con gracia.

La inevitable poesía de El Pejerrey está, como corresponde a lo poético más genuino, en la presencia de un silencio ensimismado -la comunicación no verbal del acto de pescar, que acaba asumiendo en sí toda una contemplación interior de lo pasado-, y de ahí la admirable sobriedad del tono, incluso a la hora de subrayar las emociones o tomar la perspectiva global, de resumen, que resulta inevitable en la crónica retrospectiva. Zanetti aporta con su libro un ejemplar de la mejor especie de crónica: aquella que sabe no encadenarse a formas predestinadas para hacer más vívido -hacer vivir al lector- un fragmento de la insistente realidad de lo que fue.

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