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Novela

Luisgé Martín: Cien noches

domingo 10 de enero de 2021, 23:46h
Luisgé Martín: Cien noches

Anagrama. Barcelona, 2020. 264 páginas. 18,90 €. Libro electrónico: 9.99 €. El escritor madrileño se ha alzado con el Premio Herralde de Novela 2020 con esta potente historia sobre la complejidad de las relaciones amorosas y sexuales, llena de cargas de profundidad, vitalista y desolada a un tiempo, sin olvidar incluir un punto de relato detectivesco. Por Carmen R. Santos

Irene, la protagonista de Cien noches, realiza varios viajes a lo largo de la novela, sobre todo desde Madrid a Chicago, en cuya universidad ha ido a estudiar Psicología. Sobre todo lleva a cabo un periplo mental desde su infancia y juventud hasta su madurez, que nos va relatando con su propia voz: “Vista desde su posterioridad, que es desde donde se ve siempre la infancia, yo fui una niña feliz hasta los trece años. Devoraba libros de cualquier materia que cayeran en mis manos, compartía mis aprendizajes con Adela y Hugo y sonaba con un futuro tan asombroso que me podría llevar a cualquier parte a la que desease ir”. Una voz poderosa y experimentada que mira al pasado a punto de entrar en la sesentena, pero también frágil, cargando con sus contradicciones e incertidumbres, como le sucede a todo ser humano. Porque los abismos y ese fondo del fondo del alma son infinitos y complejos, especialmente en lo tocante a las relaciones amorosas, uno de los terrenos más resbaladizos y turbios y, quizá por ello, más atractivos para su abordaje literario.

Luisgé Martín (Madrid, 1962) se mueve en ese territorio con tanta soltura como brillantez, como hemos visto en varias de sus obras, entre otras las novelas La muerte de Tadzio -vuelta de tuerca a Muerte en Venecia, de Thomas Mann, y a la película de título homónimo de Luchino Visconti-, Los amores confiados y La mujer de sombra, y la autobiografía El amor del revés, un recorrido a tumba abierta por su trayectoria vital y sentimental: “Yo había sufrido una metamorfosis inversa a la de Gregorio Samsa: había dejado de ser una cucaracha y me había ido convirtiendo poco a poco en un ser humano”.

En Cien noches el amor y el sexo se alzan como el eje en el que gira la novela, ganadora del Premio Herralde 2020, surgida -ha explicado su autor en declaraciones a Efe- de “una lectura de periódico en el que aparecía un informe sexológico de hace diez años en el que se decía que el 55 % de los hombres y el 46 % de las mujeres declaraban que habían sido infieles, y entonces surgió la pregunta de qué pasaría si mintieran algunos de los que habían dicho que eran fieles". Inevitablemente, pues, aparece la inquietante cuestión: ¿Los hombres y mujeres son sinceros en el asunto de la infidelidad sexual? Una buena parte lo confiesa y parece asumirlo, pero ¿y los demás? Con el fin de averiguarlo, se pone en marcha el Proyecto Coolidge, financiado por un excéntrico millonario neoyorquino, Adam Galliger, amante de Irene en una retorcida relación. Embarca a ésta en la investigación -cuyo motivo auténtico descubriremos al final-, que indagará a través de singulares detectives y aprovechando todas las posibilidades electrónicas, en la vida sexual de seis mil personas, rastreadas sin su consentimiento. Los resultados se vuelcan en expedientes, algunos de los cuales se recogen en la novela mediante textos pedidos por Luisgé Martín a los escritores Edurne Portela, Manuel Vilas, Sergio del Molino, Lara Moreno y José Ovejero, en un cameo de lujo, una curiosa modalidad que, señala Martín, “debería ser más fértil”. Y que en este caso cuadra muy bien como promiscuidad literaria en una historia donde precisamente la promiscuidad es uno de sus elementos.

Y promiscua es Irene, que comienza a mantener relaciones sexuales con varios hombres, en una mezcla de impasible exploración y deseo: “Empecé a acostarme con hombres porque necesitaba hacer indagaciones antropológicas y estadísticas [...] Esta actitud científica, sin embargo, lo le quitaba pasión a mi comportamiento sexual. Yo no acudía a aquellos encuentros con un ánimo taxonómico y frío, sino que me dejaba llevar por la inconsciencia del cuerpo y por la inflamación, como cualquier otra mujer que no tuviera entre manos una tesis académica experimental. Era capaz de disfrutar de la sensualidad al mismo tiempo que registraba metódicamente en mi cabeza los datos y los hechos que debía anotar luego”.

A sus inspecciones en el erotismo, Irene sumará otro ámbito, el de la criminología, analizando personalidades de asesinos. Y, en medio de todo, su enamoramiento de Claudio, un músico argentino ludópata, enganchado a las drogas, al que Irene trata de ayudar por todos los medios. Quizá porque “El amor es un sentimiento más sólido que el deseo y que por lo tanto se asienta en niveles orgánicos distintos”.

Luis Buñuel iba a titular su filme Un perro andaluz como Es peligroso asomarse al interior, que toma Luis Eduardo Aute para una de sus mejores canciones. Luisgé Martín se atreve a asomarse en esta potente historia –y en toda su obra- repleta de reflexiones -“No llegué a ser la persona que soy por haber conocido a Claudio, sino que acabé conociendo a Claudio –o a otros como Claudio, con ligeras excepciones- por ser la persona que soy”, y de cargas de profundidad. Una gran novela, vitalista y desolada a un tiempo: “Ninguna vida merece la pena ser vivida”. Pero hay que vivirla, como Irene vive la suya.

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