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intereses geopolíticos frente a solidaridad con georgia

La guerra en Georgia divide al mundo musulmán

domingo 31 de agosto de 2008, 12:04h

Refugiados de Osetia del Sur intentan escapar de Tskhinvali, la capital de Osetia.

Los países árabes e islámicos se encuentran divididos en su posición acerca del conflicto guerrero en el Cáucaso. La similitud del reconocimiento por parte de Rusia de la “independencia” de Osetia del Sur y de Abjazia, con la aceptación por parte de Occidente de la independencia de Kosovo, ha puesto a las capitales del espacio geopolítico musulmán ante una difícil elección. La mayoría de países en los que el Islam es religión de Estado, no pueden sino apoyar que el pueblo kosovar, también musulmán, disponga de su soberanía. Y ello aún a costa de desgajar esta región de su antigua madre Patria, Serbia, contraviniendo las resoluciones de las Naciones Unidas acerca de la integridad territorial de Belgrado. Sin embargo, han sido pocos los que han reconocido su independencia política proclamada en febrero de 2008: Turquía, Afganistán y Arabia Saudita principalmente. Los otros prefieren no pronunciarse o difieren el hacer conocer su postura.

Esta actitud ambivalente se explica por dos motivos principales: en primer lugar, porque el mundo islámico sospecha que detrás del reconocimiento de Kosovo independiente se esconde una maniobra estratégica de Estados Unidos y sus aliados en la OTAN para cercar a Rusia y debilitar a uno de sus principales aliados en los Balcanes, Serbia. Y, en segundo lugar, porque el reconocimiento masivo de la independencia de la provincia kosovar crearía un precedente que, el día de mañana, se podría aplicar a regiones, provincias o minorías étnicas existentes en todos los países islámicos, lo que pondría en cuestión su integridad territorial y su identidad como naciones.

En el caso de la guerra en el Cáucaso –la intervención del Ejército georgiano para aplastar a las milicias independentistas osetas, y la posterior entrada del Ejército ruso en Osetia del Sur y otras zonas de Georgia– entra un nuevo factor en cuenta: el hecho de que Rusia hoy, y antes la URSS, ha sido el aliado tradicional del mundo arabo-islámico en sus reivindicaciones de cara a Occidente. Desde Argel, Trípoli, El Cairo, Rabat, Teherán o Aden, se sopesa más el factor geopolítico que el étnico. Lo ha expresado claramente el presidente musulmán de Kazajstan, Nursultán Nazarbayev, al decir que “Rusia tenía sólo dos alternativas: o callarse y dejar que los georgianos intervinieran en Osetia del Sur, o entrar para ayudar a ese pueblo. Y optaron por la mejor solución, la de intervenir militarmente”.

El argelino Buteflika o el libio Gadafi piensan lo mismo. Pero también el egipcio Mubarak o el saudí Abdalá, a pesar de ser dos fieles aliados de los Estados Unidos. En todos ellos pesa el conflicto palestino-israelí y la política del doble rasero que Occidente aplica al caso. Si es legítima la intervención militar expansionista israelí para proteger a los hebreos en tierras de la Palestina histórica, por qué no lo va a ser la de los rusos para hacer lo mismo con los suyos en tierras georgianas?, sostienen los diplomáticos árabes.
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