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Novela

Michael Cunningham: Las horas

domingo 17 de enero de 2021, 17:40h
Michael Cunningham: Las horas
Traducción de Jaime Zulaika. Tusquets. Barcelona, 2020. 294 páginas. 19,00 €. Libro electrónico: 8,99 €. Acertadamente, se recupera la novela del escritor norteamericano, que tiene mucho de homenaje a Virginia Woolf, pero también mucho más. Una gran propuesta la de Michael Cunningham. Por Aránzazu Miró

Tusquets nos ofrece una nueva edición de Las horas, una novela de Michael Cunningham que ganó en 1999 el premio Pulitzer y el PEN Faulkner Award y de la que se hizo una película que fue todo un éxito, con un montón de Oscar, en la que participaron grandes actrices como Meryl Streep, Julianne Moore y Nicole Kidman. Fue su director Stephen Daldry, y hasta la música me resultó atractiva: venía de manos de Philip Glass. Eso ocurrió en 2002, hace ya casi veinte años, y fue mi primer acercamiento a este autor, del que me atrajo su propuesta metaliteraria. Llegué primero a la película, que me llevó a una edición de bolsillo que en 2003 hizo El Aleph, en el mismo grupo editorial en que Tusquests la publica ahora, con una primorosa edición en papel que ha sido un placer releer.

Primorosa es también la traducción, la misma en ambas lecturas, que corresponde al experimentado Jaime Zulaika, a quien también pertenece la traducción de los fragmentos de La señora Dalloway que la novela incluye; textos que mejoran (a mis ojos) las dos versiones que de esta obra he aprovechado para rememorar. Porque Las horas es una novela a partir de la novela, que se puede leer estupendamente -y con suficiente entidad propia- sin la lectura previa de Virginia Woolf, pero que propone todo un juego metaliterario a partir de ella.

Michael Cunningham no solo «reflexiona especularmente sobre la naturaleza y la forma de la obra literaria», como nos propone la RAE para definir metaliteratura, sino que crea una historia a partir de esa primera obra, a la que concede primacía, y en la que revisa la vigencia de sus propuestas temáticas.

En cuanto al título: Las olas, Los años, Entre actos... ¿no sería un título adecuado Las horas entre las obras de Virginia Woolf? Yo misma, gran lectora de la inglesa, llegué a dudarlo. Pero no, Michael Cunningham acierta también en el título, muy apropiado a la obra que nos presenta y al contexto en que se inserta, que de hecho proviene de Woolf, quien en su diario lo utiliza para referirse a la obra que estaba escribiendo con la narración del transcurso de un día en la vida de una mujer. «La vida, quizás, no se presta a las manipulaciones a las que la sometemos cuando intentamos contarla» dirá Virginia Woolf en Las olas, y esa es la vida que se entrelaza entre La señora Dalloway a la que Michael Cunningham hace un homenaje y la novela de este. Las horas empieza con un prólogo en que se narra cómo Virginia Woolf se quitó la vida, de forma muy cinematográfica, tirándose al río con una piedra dentro del abrigo.

A continuación se despliegan los veintidós capítulos en que se entrelazan tres historias paralelas y que tienen por título -tan solo y siempre igual- el nombre de la protagonista. Es la manera que propone de interrelacionar y dar entrada al proceso narrativo del día con sus horas en que transcurre la novela en tres momentos y lugares: junio como homenaje a James Joyce a quien ya celebra Virginia Woolf con su La señora Dalloway. El 16 de junio de 1904 es el que transcurre en la novela Ulises que Joyce publica en 1922, mientras en un día también de junio de 1923 sitúa Woolf la fiesta que la señora Dalloway se dedica a preparar. Así, un día del mes de junio es el que narra Cunningham en esos tres escenarios: la señora Dalloway corresponde a Clarissa Vaughan, a quien su amigo Richard llama en broma señora Dalloway, para quien se prepara también una fiesta homenaje que les atrapa a todos en la novela de Woolf: será en Nueva York, el año de 1998 en que se escribe esta novela. La señora Brown es Laura, un ama de casa ávida lectora que dedica su jornada (Los Angeles, 1949) a preparar con su hijo Richie la celebración del cumpleaños de su marido a la par que lee la novela de Woolf que también la engulle. Y finalmente, la señora Woolf es Virginia (afueras de Londres, 1923) el día que empieza la escritura de La señora Dalloway; mientras plantea qué temas le importa plasmar, cómo se va a presentar la muerte y a quién va a alcanzar, la identidad de género, las enfermedades malditas -de las mentales al sida-, el feminismo, la valoración de la mujer. Tantos temas que desarrolla en paralelo en esas tres situaciones y que desembocarán en un final conjunto, en una historia de argumento muy bien trabado y espléndidamente resuelto.

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