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turismo

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domingo 31 de agosto de 2008, 14:30h


El secretario de Estado de Turismo, Joan Mesquida, hizo hace unos días un balance "moderadamente optimista" de la evolución del sector en España en lo que va de año y lanzó un mensaje "de confianza en el futuro", porque de situaciones peores "siempre se ha salido reforzado". Explicó que en los siete primeros meses del año se registraron tres meses en los que bajó el turismo y otros cuatro en los que subió, pero que está "resistiendo mejor" que otros sectores la situación "de deterioro económico" porque las vacaciones están "muy interiorizadas" en España y en los países emisores de visitantes.

Efectivamente, los españoles no se han quedado en casa y las clásicas estampas de playas abarrotadas y carreteras repletas de vehículos se han repetido un año más. No obstante, la crisis se ha dejado sentir en las ganancias de los chiringuitos de playa o comercios en las ciudades de vacaciones. Llevarse “la casa a cuestas” ha sido la táctica de gran parte de los españoles para poder permitirse unos días lejos de casa y el trabajo sin que el bolsillo sufra demasiado las consecuencias. El propio Mesquida reconoció que se ha registrado “una disminución del gasto turístico derivada de la situación económica".

Donde sí se ha sentido la crisis –y de forma acusada- es en el turismo rural, que tanto había crecido en los últimos años. Un 17 por ciento menos de turistas en la Comunidad Valenciana, rondando el 20 por ciento en Castilla y León y hasta un 27 por ciento de reducción en Murcia. Culpan al gran tratamiento informativo y publicitario que se hace de las playas.

Los hoteles se llenan, pero sus ocupantes gastan menos
El sector hotelero calcula que cada turista ha gastado un 20% menos este verano, pero no es el únco hábito que ha cambiado. Hace un lustro, la reserva de habitaciones se hacía con mucha antelación; ahora casi todo se contrata a última hora. Las estancias eran largas mientras que, ahora, las pernoctaciones se han reducido considerablemente. Y los altos precios del carburante han provocado un descenso del 12,1% de las llegadas por carretera.

No obstante, agosto terminará con un buen nivel de ocupación de los hoteles de la costa, similar al del año pasado -alrededor del 90 por ciento de ocupación de media-. Como no podía ser de otra forma, ha sido un buen agosto para los campings. El único problema es, de nuevo, que los turistas no llevan la cartera tan llena como en años anteriores.

El milagro andaluz y el síndrome postvacacional
Contracorriente, así debe sentirse Andalucía cada vez que se habla de crisis en el turismo. En lo que va de año, la región ha alcanzado una cifra récord de visitantes al superar los 15 millones de turistas, pese a que el pasado mes de julio sólo llegaron a Andalucía en torno a 3.660.000 turistas, un 1,4 por ciento menos que el mismo mes del año anterior.



Balance positivo que contrasta con la decepción de comerciantes que han visto cómo el verano termina y sus beneficios han mermado respecto a periodos estivales pasados. Ahora los medios hablan del “índrome postvacacional”. ¿Invento o realidad? Parece que lo segundo. De hecho, un tercio de los españoles lo sufrirá.

Si a la vuelta de vacaciones nota cansancio, algo de ansiedad, un poco de insomnio y está triste, irritable o agresivo, no lo dude: padece el síndrome postvacacional (SPV), un conjunto de síntomas que afectan a más de un tercio de la población y que pueden durar un par de semanas. No se trata de una enfermedad, pero es reconocido en el ámbito sanitario. Las estadísticas de que dispone el Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP) establecen una prevalencia del 35%, íncide por igual en hombres que en mujeres, y afecta más a personas con edades inferiores a los 40-45 años.

Los que lo padecen sienten una "dificultad acusada para adaptarse al trabajo que no debiera superar las dos semanas, porque, si así fuera, habría que consultar con el especialista", explica Paz de Roda, psicóloga clínica y forense. Hasta ese momento, no requiere atención psicológica, ni baja laboral, ni administración de fármacos tipo ansiolíticos ni antidepresivos, y los síntomas se diluyen de forma gradual "según se va produciendo una adaptación a las demandas y exigencias de la rutina cotidiana".

"Es posible que existiera antes, pero no estaba diagnosticado al no considerarse los problemas psicológicos como algo relevante en Sanidad" ha aseguradp Roda, quien también ha sugerido que quizá "el problema no existiese, lo cual podría abrir el debate del efecto sobre la salud del enfoque laboral y vital que se da en Occidente".
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