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SE ACABÓ POR AHORA LA PESADILLA TRUMP

miércoles 20 de enero de 2021, 09:09h
La verdad es que me gusta poco Joe Biden, el nuevo presidente de Estados Unidos...

La verdad es que me gusta poco Joe Biden, el nuevo presidente de Estados Unidos. Tendrá sin duda grandes virtudes, pero solo le conozco por sus apariciones en televisión y me parece un hombre melifluo, untuoso y blandengue. Demostró, sin embargo, ser un eficaz vicepresidente y ha tenido el acierto de acompañarse en la Casa Blanca por una vicepresidenta que pasa la batería como un misil y que es una mujer inteligente y sagaz. Kamala Harris se pone hoy en marcha para el futuro de los Estados Unidos de América.

Se terminaron, pues, en la presidencia de la República de la primera nación del mundo las intemperancias de un hijo de papá, de un niño mimado, de un millonario derrochador, de un político impertinente e inconsistente. Parece mentira que una democracia tan seria como la de Estados Unidos, que un pueblo tan bien informado y preparado, eligiera a un personaje deleznable para presidir la nación.

Se acabó, en fin, la pesadilla Trump. Por ahora. Porque está claro que el expresidente pretende retornar dentro de cuatro años y tanto el Partido Demócrata como destacados miembros del Partido Republicano quieren inhabilitarle a través de un complicado impeachment. Si no lograran su propósito, Donald Trump amenazaría con la victoria en el año 2024. Conviene no olvidar que, derrotado limpiamente el pasado mes de noviembre, cosechó más de 75 millones de votos.

En opinión de destacados analistas de la política estadounidense, si Trump resultara inhabilitado para ocupar cargos públicos, no se encerraría en su mansión de Miami, sino que potenciaría un movimiento político extremista, especialmente alarmante.

La primera tarea de Joe Biden no es la Covid-19, que asola a los Estados Unidos de América. La primera tarea consiste en abordar la unión razonable de un país desunido y resquebrajado, que ha dado al mundo la devastadora imagen del asalto al Capitolio, sede de la soberanía nacional, por unas turbas atizadas desde la misma Casa Blanca por un presidente delirante.

El discurso de investidura de Joe Biden ha sido excelente. Lo ha leído en varios teleprónteres con notable naturalidad. “Me propongo ser -ha dicho- el presidente de todos los estadounidenses, de los que me han votado y de los que no me han votado”. El discurso presidencial se resume en un canto a la unidad, a la unidad para combatir la pandemia, a la unidad para superar la crisis económica, a la unidad para terminar con el racismo… Joe Biden abrió caminos para la esperanza desde la unidad.

Católico practicante, el nuevo presidente invocó a Dios, hizo referencias a la Biblia y pidió a todos una oración en silencio por los 400.000 estadounidenses fallecidos a causa de la Covid-19, un número mayor de los que murieron durante la II Guerra Mundial.

Joe Biden, en fin, no citó a su predecesor. Se manifestó contra la violencia, contra la agresión al Capitolio y en favor de la Constitución. Empezó, en definitiva, su mandato con buen pie y así exige reconocerlo la objetividad de juicio.