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Ensayo

Mikel Buesa: Abuso de poder

domingo 24 de enero de 2021, 20:16h
Mikel Buesa: Abuso de poder

Marcial Pons. Madrid, 2020. 244 páginas. 22 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En Abuso de poder. El coronavirus en España. Incompetencia y fracaso en la gestión de la crisis, Mikel Buesa nos ofrece una explicación rigurosa del tema que ha ocupado en 2020 el espacio principal en la agenda tanto de los gobiernos nacionales como de los ciudadanos de los distintos países: la pandemia Covid-19. El autor limita su objeto de estudio hasta julio del pasado año, centrando su atención primordialmente en lo sucedido en España, aunque no olvida el entorno más cercano, sobre todo la Unión Europea, a la hora de establecer comparaciones.

Cabe referirse inicialmente a la solvencia académica de Mikel Buesa. En efecto, a lo largo de su dilatada trayectoria en la universidad española, recordemos que es catedrático de Economía Aplicada en la UCM, ha abordado diferentes cuestiones, la mayor parte de ellas relacionadas con el mundo económico, aunque sin olvidar el compromiso ético mostrado para con las víctimas del terrorismo etarra, un activismo cívico proyectado siempre desde la objetividad. En consecuencia, la obra que tenemos entre manos combina precisión con opiniones sólidamente fundamentadas.

Este último aspecto resulta fundamental para enjuiciar el desenvolvimiento del gobierno de la Nación a la hora de combatir el Covid-19. Así, Buesa insiste en la tardanza del ejecutivo español para responder a la pandemia, sin obviar que minimizó su letalidad, fenómeno apreciable en las declaraciones durante el pasado mes de febrero de Salvador Illa o Fernando Simón. Asimismo, Pedro Sánchez subrayó “el carácter transitorio” de la enfermedad a comienzos de marzo, esto es, poco antes de la celebración del 8-M, acontecimiento al que socialistas y podemitas otorgaron prioridad en su agenda política. Sin embargo, como el lector seguro que intuye, a partir de ese instante los hechos se precipitaron.

Al respecto, el número de contagios se disparó, optando el poder ejecutivo por una respuesta hasta entonces original, si bien asumida por todos los países: el confinamiento decretado a través del estado de alarma. Tras esta reacción, asistimos al cúmulo de despropósitos que caracterizó el modus operandi de nuestro gobierno (incapacidad para brindar suministros médicos, adulteración de las cifras de fallecidos y contagiados, medidas económicas tan efectistas como cortoplacistas pero escasamente eficaces…). Como refleja el autor, de haber actuado antes, se hubieran salvado muchas más vidas.

En íntima relación con la idea anterior, el confinamiento vía estado de alarma se tradujo en una merma de los derechos y libertades reconocidos por la Constitución de 1978, tales como el de expresión o el de reunión. En efecto, el gobierno no dudó en emplear a la Policía Nacional y a la Guardia Civil para identificar a quienes lideraron las originales protestas en la madrileña calle Núñez de Balboa: Hay que señalar que las investigaciones policiales no han tenido consecuencias y que no se ha materializado la pretensión de encausar a los supuestos líderes de aquel movimiento. Pero lo relevante, una vez más, no es tanto el resultado como la tentativa autoritaria de un gobierno que traspasa los límites constitucionales” (p. 105).

El confinamiento sirvió para atenuar el número de contagios. Sin embargo, aquél generó consecuencias negativas en otros terrenos, como el laboral (cierre de empresas) o el educativo (muchos escolares no disponían en sus domicilios de las herramientas necesarias para recibir enseñanza online). Como subraya el profesor Buesa, si los españoles aceptaron el encierro forzoso en sus domicilios ello se debió al binomio formado por miedo e inseguridad.

Con relación al futuro, debemos tener presente algunas advertencias que a modo de vaticinios lleva a cabo el autor. La principal de todas ellas alude a una previsible estatalización de la economía, es decir, un escenario en el cual el Estado tienda a suplir al mercado, con las consiguientes consecuencias negativas: La retórica bélica tiene una función política muy evidente, pues se apela a ella para justificar, con mayor o menor alcance, según los casos, la estatalización de la economía […]. Por consiguiente, existe una intencionalidad política en la dialéctica de la guerra contra el coronavirus, que se orienta a reforzar el papel del Estado en la economía, en contra de la libertad de mercado como procedimiento de asignación de los recursos” (p. 192).

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