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¿Ha echado la violencia ultra a Villas-Boas del banquillo de Marsella?

¿Ha echado la violencia ultra a Villas-Boas del banquillo de Marsella?
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martes 02 de febrero de 2021, 23:14h
El pasado sábado los hinchas radicales invadieron el centro de entrenamiento del club y agredieron al defensor español Álvaro González.

Los clubes de fútbol que arrastran grupos ultras gestionan ese problema de diferente modo. Hay casos ejemplares, como la expulsión de los Ultras Sur y los Boixos Nois que acometieron Real Madrid y Barcelona, respectivamente. Y contextos algo más difusos, como en el que convive el Frente Atlético dentro del Metropolitano. Y luego están las instituciones deportivas que no son capaces de domar a sus hinchas más radicales.

A este último apartado pertenece el Olympique de Marsella (OM). El conjunto francés ha alimentado durante décadas a un batallón de ultras que ha ocasionado graves disturbios a lo largo y ancho de la geografía europea. De hecho, sus ataques y escaramuzas les ha granjeado una fama nefasta que tuvo episodios destacados, como el sufrido por el Vicente Calderón (sus desmanes provocaron que la UEFA sancionara al Atlético con jugar un partido a puerta cerrada).

Este pasado sábado, miembros de este tenebroso colectivo decidieron irrumpir en el centro de entrenamiento del club francés para protestar contra la gestión del equipo. Generando un caos violento que llegó a afectar al español Álvaro González. El defensa central fue agredido y sufrió un golpe en la espalda por el impacto de un objeto lanzado por uno de los ultras que se colaron en el recinto de La Commanderie. De todo ello dio parte la emisora France Info.

En esas informaciones se especificó que no se registraron heridos, aunque sí quedaron "impresionados" por la violencia varios componentes del OM. Según se ha relatado, los ultras accedieron a las instalaciones mientras allí trabajaban André Villas-Boas y sus jugadores. Y los radicales procedieron a acometer pillaje y el saqueo del edificio. Asimismo, pintaron con amenazas las paredes y apedrearon el autobús del conjunto sureño. La Prefectura de Policía de Marsella dio parte: acudieron 300 vándalos y 25 de ellos fueron detenidos. Seis agentes resultaron heridos.

La consecuencia directa fue que el partido que el Olympique debía disputar en la noche de ese mismo sábado ante el Rennes, correspondiente a la Ligue 1, fue aplazado "a una fecha ulterior" por los "incidentes" en La Commanderie. Así rezaba el comunicado emitido por la Liga de Fútbol Profesional (LFP). Y con ese tremendo precedente sobrevolando, este martes ha dimitido Villas-Boas. Eso sí, el técnico portugués ha negado que su repentina marcha se deba a la violencia vista hace días.

Ha argumentado el dirigente luso, en la rueda de prensa previa al encuentro liguero contra el Lens, que "he presentado mi dimisión a la dirección, todavía no tengo respuesta". Minutos más tarde, la directiva publicó una nota en la que se dejaba claro que el técnico fue inmediatamente apartado de su cargo "por actitudes que dañan gravemente a la institución" y anunció "eventuales sanciones tras un procedimiento disciplinario". Curiosa justificación y elección de palabras, teniendo en cuenta que los ultras agredieron a sus futbolistas y provocaron destrozos en el recinto de entrenamiento el pasado fin de semana.

Villas-Boas, que llegó al Marsella a principios de la pasada temporada de la mano del entonces director deportivo, el español Andoni Zubizarreta, puso la siguiente excusa para su sorprendente fuga. "No quiero nada del Marsella, no quiero dinero. Solo quiero irme por mis discrepancias con la política deportiva. Es una pena llegar a esto", alegó, explicando que se opuso firmemente al fichaje de Olivier Ntcham, procedente del Celtic de Glasgow. "Es una decisión que se tomó sin mi consentimiento, la he conocido esta mañana al leer la prensa. Es un jugador que dije que no quería, no estaba en mi lista", sentenció.

El portugués denunció que le informaron muy tarde de la salida de Nemanja Radonjic, aseguró que no quería cobrar nada del club y repitió que su decisión no tenía nada que ver con los incidentes protagonizados por los radicales. Y habló de los mediocres resultados que su equipo está trazando en su segundo año al mando (eliminado de la Champions en la fase de grupos y a 16 puntos del PSG). "Esos resultados son culpa mía, pero no puedo decir lo mismo de otras cosas. Estoy muy enfadado, ni en mis peores pesadillas esperaba estar en esta situación. Cuatro derrotas consecutivas, no me había pasado en mi carrera. Quiero salir de esto. Tengo una relación de amor con el Marsella, con Francia. Quiero cambiar la situación", zanjó.

Bien es cierto que había avanzado en 2020 que no seguiría en el club cuando finalizara esta temporada. Y aseguró que prefiere dimitir antes de que le destituyan, antes de calificar como "malos" los fichajes acometidos por el actual director deportivo, el español Pablo Longoria. Y es que Villas-Boas pidió irse cuando destituyeron a Zubizarreta, mas la directiva le convenció. Ahora, en plena crisis deportiva e institucional, con los ultras apretando, ha dicho basta. Y el propietario, el multimillonario estadounidense Frank McCourt, guarda silencio. A pesar de haber sido el gran valedor del estratega portugués. En una nota institucional, el OM ha acusado al técnico de dañar al club "y a sus asalariados" y defendió que Longoria ha realizado "un trabajo excepcional" durante "el mercado invernal marcado por una crisis sin precedentes".

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