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POR LIBRE

Hay que ser tonto para decir que saldremos más fuertes del coronavirus

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 07 de febrero de 2021, 20:07h

El lunes siguiente al descomunal temporal de nieve que aplastó Madrid, tuve que conducir por la M-30 y después por la A-1 durante unos 20 kilómetros. El paisaje era irreal, inquietante, recordaba a las imágenes de guerra que, sin haberlas vivido, hemos conocido por infinidad de documentales.

Solo se podía circular por un estrecho camino horadado por las máquinas quitanieves. Apenas cabía el coche y a menudo, las ruedas patinaban al adentrarse en las cunetas cubiertas de nieve. Alrededor, miles de coches se agolpaban abandonados; atrapados por el hielo, como cadáveres metálicos sepultados. El cuadro era espectral; también emocionante. La belleza de la Naturaleza, incluso después de haber dado un brutal zarpazo. Pero no cabía el miedo. El bombardeo había cesado. Tocaba conducir con paciencia. Ahora lo recuerdo con placer por haber contemplado unas escenas históricas. Falta esperar a que abran los portones del Retiro para descubrir las heridas de las bombas blancas.

Pero la guerra de verdad comenzó hace un año, cuando el bicho asesino se escapó de un mercado chino para invadir el mundo. Nadie lo ha cazado aún. Las vacunas le atizan duro, pero el cabrón se escabulle entre el traqueteo de las dosis y la incompetencia de los Gobiernos. No cesa su danza mortal. Los optimistas vaticinan que en un año será aniquilado. Pero, aun así, las heridas tardarán en cicatrizar. Deja millones de muertos, millones de personas desesperadas por el hambre o la ruina, millones de desquiciados que no han podido soportar la tragedia.

Los políticos más tontos, sin mirar a nadie, proclaman que saldremos más fuertes. Muy tontos. En todo caso, la embestida del bicho ha podido despertar conciencias, ha sacado a la luz la basura de la Tierra, ha demostrado la mediocridad de la clase política, el egoísmo de los prepotentes, la estupidez de los negacionistas, el peligro de los sectarios. Al menos, ha echado a Trump de la Casa Blanca, que no es poco.

Alemania no salió más fuerte de la guerra. Porque la nación fue arrasada, no quedó piedra sobre piedra tras los bombardeos aliados. La gente vagaba desesperada, tras haber perdido sus casas, hambrienta, herida y avergonzada de lo que había ocurrido. El país quedó arruinado, humillado y desguazado por el genocidio nazi y mutilado por la criminal dictadura bolchevique. Pero reconstruyeron su nación con coraje y esfuerzo hasta convertirse en una democracia ejemplar, en una de las mayores potencias del mundo. Y aprendieron una lección. No a la guerra. Y no al fascismo y al comunismo.

Y aunque me vaya por las ramas, tampoco hay que olvidar que el homo sapiens existe gracias a la extinción de los dinosaurios. Los gigantescos y mortíferos animales eran los dueños de la Tierra. Los mamíferos vivían aterrorizados y escondidos para no ser descubiertos y aplastados por las enormes pezuñas de los monstruos. El impacto del meteorito que cayó en la península del Yucatán arrasó el planeta como si hubieran estallado miles de bombas atómicas. La flora se extinguió, los cielos se ennegrecieron durante miles de años y los arrogantes dinosaurios desaparecieron al quedarse sin alimento.

Solo sobrevivieron los canijos y astutos mamíferos que habitaban las madrigueras repletas de frutos y otros alimentos. Los topos, las ratas, los conejos aguantaron el vendaval escondidos bajo tierra hasta que el cielo se abrió y el sol se coló entre la bruma con su potente chorro de luz y calor. Y entonces, nuestros astutos antecesores salieron a la superficie y camparon a sus anchas. Millones de años después de evolución, en el este de África, un chimpancé dejó de correr a cuatro patas, se irguió, divisó el confín del horizonte y comenzó a caminar con pausa, a explorar y conocer los secretos de la tierra. Un día, nadie sabe cómo, se desenganchó del eslabón perdido. Ahí nació el homo sapiens. No conviene enumerar los integrantes de nuestra especie que hoy se merecen el apellido de sapiens para no herir susceptibilidades. Pero los que dicen que saldremos más fuertes no merecen tal apellido. Solo serán más sabios los que hayan aprendido la lección de los alemanes y de los topos. No salieron más fuertes de la guerra o del cataclismo. Pero fueron capaces de luchar para sobrevivir. El mundo tardará muchos años en recuperarse de los estragos del bicho asesino. Pero ya sabemos dónde está escondida la basura de la Tierra y quiénes son los políticos más sectarios y mediocres. Ahora, falta echarles a patadas como a Trump.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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