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TRIBUNA

El fin de la era Suárez (1976-1981)

lunes 22 de febrero de 2021, 20:04h

El 23 de febrero de 1981 España vivió un día inolvidable, cuando se produjo un intento de golpe de Estado que podría haber interrumpido la consolidación de la democracia, que para entonces llevaba poco más de cinco años de desarrollo, tras la muerte del general Francisco Franco. Han pasado cuatro décadas desde entonces y ha corrido mucha agua bajo el puente: entre otros cambios, la generación que hoy gobierna España nació en la década de 1970 y aprendió de aquellos acontecimientos por las noticias, los libros de historia, la mitología política y otras formas, pero no vivió personalmente esos sucesos.

La figura clave de la transición fue Adolfo Suárez, hombre nacido en Cebreros, provincia de Ávila, en 1932. Era un hombre sin contactos relevantes en la capital, con atractivo personal y ambiciones, cuya trayectoria está bien narrada por Juan Francisco Fuentes en Adolfo Suárez. Biografía política (Barcelona, Planeta, 2011). Desarrolló su liderazgo en la Acción Católica, se trasladó a Madrid y tuvo diversos cargos en el régimen de Franco, hasta llegar a ser vicesecretario general del Movimiento y director general de Radiodifusión y TV. Paralelamente desarrolló una amistad con el príncipe Juan Carlos.

El momento clave se produjo después del 20 de noviembre de 1975, cuando ingresó al gabinete de Carlos Arias Navarro quien gobernó hasta julio de 1976. El 9 de junio de ese año Suárez había pronunciado un discurso decisivo para su futuro político: “Vamos a sentar las bases de un entendimiento duradero bajo el imperio de la ley. Y permitidme para terminar que recuerde los versos de un gran autor español. Está el hoy abierto / al mañana. Mañana, al infinito. / Hombres de España, ni el pasado ha muerto, / ni está el mañana en el ayer escrito”. El rey Juan Carlos le encargó formar gobierno, lo que dio inicio a la breve pero decisiva era de Adolfo Suárez, que culminaría cinco años después, precisamente el 23F.

Esos años, conocidos también como la época de la transición, permitieron el paso desde el autoritarismo hacia la nueva democracia, aunque con problemas de distinta naturaleza. Sin embargo, en los temas esenciales, fue un periodo que permitió la consolidación de la democracia española, con una nueva Constitución Política (1978) que generaba una amplia aceptación; un sistema de partidos políticos plural, que incluía al histórico Partido Comunista, legalizado por Suárez en una jugada que no todos comprendieron ni apoyaron; el desarrollo de distintos procesos electorales, en los cuales Suárez y la Unión de Centro Democrático (UCD) mostraron su fuerza y vitalidad; así como la consolidación de la monarquía, tema de gran relevancia considerando que la República instaurada en 1931 había sido el sistema que precedió a la guerra civil.

El gobierno de Suárez no estuvo exento de problemas, algunos derivados de los mismos avances democráticos que experimentaba España, que generaban reacciones dentro de los círculos más conservadores del franquismo. Otros problemas tenían naturaleza política, que preocupaba a distintos sectores, por lo que implicaba en cuanto a retroceso político y malos recuerdos de los días de división: entre ellos se puede mencionar la misma legalización del PC (que causó gran resistencia en algunos círculos) y el recrudecimiento del terrorismo de la ETA (aunque no solo de esta organización). En materia política no puede dejar de mencionarse la situación interna de la UCD, que con el paso del tiempo comenzó a experimentar divisiones intestinas, con críticas abiertas o veladas en contra de Suárez, quien a su vez en la última etapa –especialmente en 1980– comenzó a sufrir con una mayor soledad política, ataque de sus aliados y una decadencia del gobierno que se tornaría irreversible. Parecía que los críticos surgían por todas partes: algunos lo acusaban de ir demasiado rápido, otros de ir demasiado lento. A todos estos elementos se podría añadir el problema económico, con dificultades como la inflación. Asimismo, las conspiraciones políticas parecían estar a la orden del día y, como se vería pronto, no solo las de naturaleza política.

El 23F, como sabemos, fue un problema con un carácter muy diferente, sobre el cual se ha escrito mucho, de historia y de ficción, y de historia con ficción incluida también. Fue un golpe fallido, cuyo éxito habría tenido consecuencias insospechadas. Entre los libros más apasionantes se encuentra la obra de un novelista, Javier Cercas, Anatomía de un instante (Barcelona, Mondadori, 2009). Recientemente Juan Francisco Fuentes ha publicado 23 febrero 1981. El golpe que acabó con todos los golpes (Barcelona, Taurus, 2020), texto breve que realiza una adecuada revisión del suceso y un interesante análisis historiográfico sobre la proliferación de obras que han existido en torno a este decisivo acontecimiento. Sin entrar en detalles sobre lo que ocurrió en aquel día –el golpe del teniente coronel Antonio Tejero y sus acompañantes, el respaldo militar, la crisis de la democracia y del gobierno de Suárez, los problemas institucionales y políticos vigentes– es necesario hacer un esfuerzo de síntesis sobre el significado histórico del suceso.

En ese sentido, en primer lugar destaca la clausura de la etapa de Adolfo Suárez al mando del gobierno en España –era el momento que asumiera Leopoldo Calvo-Sotelo, según estaba definido–, y lo hizo con un talante y dignidad que no imaginaron los invasores del Congreso de los Diputados. Haber permanecido sentado, casi con un gesto de desprecio cuando bajo disparos ordenaban a todos que fueran al piso –hecho destacado especialmente por Cercas– hizo crecer a Suárez en un momento decisivo, al punto de que parecía representar la democracia española frente a quienes querían destruirla. En segundo lugar aparece la figura del Rey, cuya intervención en la madrugada del 24 de febrero fue decisiva para que los uniformados (todos) comprendieran la necesidad de apegar su conducta a la Constitución y las leyes. En tercer lugar, la reacción del pueblo español fue prácticamente unánime: si en el pasado había marchado dividido y odioso a la guerra civil, ahora prácticamente sin deserciones optaba por consolidar el régimen fundado tras la muerte de Franco, dirigido bajo el liderazgo de Adolfo Suárez, consagrado en la Constitución de 1978 y que vivió su prueba de fuego el 23F. Ese día España probó que la democracia no tendría vuelta atrás, que tendría numerosos desafíos y estaba destinada a tener larga vida. Ese es el gran legado de la era Suárez.

Los problemas, dificultades y contradicciones de los años posteriores pueden haber tenido su origen o no en la transición española, aunque es muy posible que sean parte de la lógica política y que respondan a cada momento histórico. Por lo mismo, corresponde analizar la transición en su mérito, al igual que el gobierno de Suárez: lo que ocurrió a fines del siglo XX o en las dos primeras décadas del siglo XXI, y ciertamente los desafíos del futuro, tienen otra lógica que corresponde analizar también de acuerdo a sus propias realidades y circunstancias.

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