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Y DIGO YO

La Policía y la libertad de expresión

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
martes 23 de febrero de 2021, 17:39h

Siempre digo lo mismo cada vez que sale el tema de la seguridad en las calles o alguien me pregunta sobre el papel de la Policía, ya sea Nacional, Autonónomica, local o la Guardia Civil, en la sociedad: me parece uno de los trabajos más difíciles del mundo. La razón me parece obvia y es que uno nunca sabe con quien se puede encontrar de frente y lo bien o mal que pueda estar su cabeza.

Nadie está libre de vivir un hecho desafortunado y a cualquiera nos puede pasar algo imprevisto que nos cueste, incluso, la muerte. Pero es fácil entender que la inmensa mayoría no afrontamos peligros serios. El policía lo hace todos los días para que usted y yo podamos vivir tranquilos.

Yo lo valoro y se lo agradezco, por eso indigna escuchar los comentarios de barra de bar que hacen algunos líderes políticos, que desde la comodidad de la poltrona se permiten enjuiciar la actuación de los que velan porque siga en la poltrona cómodamente. El problema de raíz aflora cuando ese dirigente, esperemos que de paso, se identifica y defiende la postura de los delincuentes.

Es muy difícil encontrar una política coherente con el orden y la ley cuando se justifica el disturbio, cuando se alienta la algarada, cuando se fortalece el discurso del que está quemando un contenedor o cuando, incluso, se convierte en una añoranza de tiempos de juventud en los que era casi una competición comprobar quien la liaba más gorda frente a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

El abandono o desamparo que han sentido los Mossos estos días de “violencia callejera” en varias ciudades de Cataluña o los ánimos a los “jóvenes antifascistas” que se dedican a tirar adoquines a la cabeza de los policías antidisturbios no son propios de una clase política que lo que debería hacer es defender la actuación de los que se la están jugando por nosotros, de los que están dando la cara para nuestra seguridad, y cuya primera reacción debería ser ordenar el envío de más efectivos y con más recursos materiales para hacer frente a los radicales, agresores y delincuentes.

Si el portavoz de Podemos en el Congreso, Pablo Echenique, y con él todo el partido, o si las formaciones políticas que conforman el Gobierno de la Generalitat de Cataluña no defienden a la Policía están alentando la violencia en las calles. Están haciendo fuertes a los facinerosos, que podrán seguir quemando lo que pagamos con los impuestos de todos o las motos de unos cuantos o saqueando los comercios alegremente. No condenarlo y no hacer nada por evitar todo este vandalismo es ponernos en peligro a todos.

No tiene sentido que demos autoridad a la Policía para velar por nuestra seguridad, y con ella poder para usar la fuerza contra la fuerza, y que luego critiquemos el uso de pelotas de goma o de foam. ¿Prohibimos a los delincuentes que lancen botellas o adoquines como si fuera un juego? Cuando entre los heridos después de unos disturbios hay policías, que se supone que van mejor pertrechados que los de la sudadera y el pasamontañas, es porque la equiparación de fuerzas es desigual. Cuando llueven piedras y los cascos y los escudos no son suficiente no es momento de entrar en un debate estéril sobre mala praxis. Ni a un policía le gusta usar la porra ni estar debajo de decenas de botellas volando en inferioridad numérica.

Usar balas de foam no es una respuesta desproporcionada. Lo sería pegar un tiro en la cabeza con una bala de verdad, como sí hemos visto recientemente en Birmania. También en el asalto al Congreso en EEUU y que desgraciadamente hemos visto con bastante frecuencia en Venezuela. No hemos escuchado a Echenique o a sus compañeros de Podemos criticar la proporcionalidad en la respuesta y la violencia de la policía Bolivariana en Caracas. Ni lo escucharemos...

Nadie está en España hoy vulnerando el derecho a la libertad de expresión de nadie. Esperemos que Sánchez no le dé poderes a Iglesias en el control de los medios de comunicación. El mismo Echenique ha podido decir siempre lo que ha querido. Y lo puede hacer gracias a que la Policía vigila porque se cumpla la ley. La cabeza de lista de la CUP en las elecciones del 14-F, Dolors Sabater, o el que dice que va a ser el próximo presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, han criticado a los Mossos e, incluso, han pedido una investigación sobre su actuación en las manifestaciones por la liberación de Pablo Hasel.

Duele que se quiera juzgar la labor del que permite que te puedas expresar libremente e incluso criticarle. Así es la libertad de expresión. Pero aquí se juzga el derecho a cumplir la ley y no delinquir. La libertad de expresión es otra cosa, sagrada, y no es el tema de fondo en las fiestas de la destrucción que pagamos todos. El rapero está en la cárcel por otra cosa y lo saben.

No es de extrañar el hartazgo de la policía catalana cuando los que deben estar de su parte se ponen del lado del atacante delincuente. No extraña tampoco que amenacen con no realizar el servicio. No lo harán porque ellos sí son personas comprometidas con su trabajo, que saben que usted y yo no tenemos que pagar la irresponsabilidad de algunos gobernantes, y porque uno nunca sabe con quien se puede encontrar de frente.

Mi abrazo a la Policía Nacional y los Mossos en defensa de la legalidad.

Javier Cámara

Redactor Jefe de El Imparcial

JAVIER CÁMARA es periodista

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