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BOLIVIA SE ACERCA A IRÁN PARA ALEJARSE DE SU DESTINO OCCIDENTAL

miércoles 03 de septiembre de 2008, 06:50h
El presidente de Bolivia, Evo Morales, se reunió con el presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad ayer en Teherán, para realizar una visita oficial de dos días. Morales llegó en la capital iraní procedente de Libia para estrechar las relaciones políticas y económicas después que los dos países reanudaron sus relaciones diplomáticas el pasado septiembre. Como conclusión del encuentro oficial, ambos los mandatarios subrayaron que Irán y Bolivia son “aliados naturales” compartiendo una postura “anti imperialista” y en defensa de los derechos de sus pueblos. El gobierno boliviano ha calificado el viaje a Irán como un intento del presidente Morales “por llegar a las otras naciones rechazadas por la comunidad internacional”.

El objetivo principal de la visita de Morales a Irán es la voluntad de ampliar y profundizar las relaciones bilaterales entre los dos países sobre todo en los ámbitos de la industria, la agricultura, la economía, el gas y la política. Asimismo, el encuentro parece determinado por el común interés de llegar a la firma de nuevos acuerdos en materia comercial y sobre todo energética. Bolivia posee grandes reservas de gas natural: sin embargo, el país latinoamericano espera contar con la ayuda de las centrales petroleras y de gas iraníes para mejorar su propio sector de hidrocarburos, cuya producción resulta en caída después de la nacionalización de los recursos naturales bolivianos de 2006.

La visita resulta particularmente importante por sus posibles repercusiones políticas en cuanto podría asumir una gran importancia en la situación geopolítica mundial: por un lado, certifica la voluntad del presidente Ahmadinejad de aumentar su influencia en el continente americano, contando ya con el apoyo de Chávez; por otro lado, muestra una vez más la voluntad del gobierno de Morales de presentarse como una de las voces latinoamericanas críticas respecto a los Estados Unidos, compartiendo, de esa manera, posición con el mandatario iraní. No hay que infravalorar el trasfondo político del encuentro en cuanto a través del mismo los dos países subrayan la asunción de una común posición contraria respecto a la política norteamericana. Al mismo tiempo, los dos países refrendan su voluntad de participar en el bando “antagonista”, guiado por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y en su proyecto alternativo de la ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas). De hecho, el encuentro se puede interpretar como el preludio a futuros acercamientos como han confirmado los dos mandatarios, que destacaron la importancia del encuentro entre los países del Sur que se celebrará el noviembre próximo en Caracas. Por esa razón, la orientación diplomática de la Bolivia de Morales y su acercamiento a Teherán y Caracas, no es bien recibida por la administración norteamericana, preocupada de la difusión de la “alternativa socialista” en varios países de la América Latina. Una preocupación que parece refrendada por el hecho que, a parte de ser acérrimos críticos de los Estados Unidos, Morales y Ahmadinejad no parecen tener muchas cosas en común y el establecimiento de relaciones económicas y diplomáticas responde sobre todo a un cálculo político.

En todo caso –e independientemente de otras valoraciones- este encuentro y declaraciones ponen de manifiesto la existencia de dos líneas políticas muy distintas dentro de la izquierda en América Latina: por un lado, está la izquierda de Lula y Bachelet, perfectamente homologable en términos occidentales; y, por otro, se encuentra esta versión chapista, anti-americana y anti-occidental, que pretende desplazar a América Latina de su entorno y destino cultural. Se trata de un experimento que ya recorrió Cuba hace décadas: los resultados, a la vista están.
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