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Epistolario

Sylvia Plath: Cartas de Sylvia Plath. Vol. I (1940-1951)

domingo 15 de agosto de 2021, 18:15h
Sylvia Plath: Cartas de Sylvia Plath. Vol. I (1940-1951)

Edición de Peter K. Steinberg y Karen V. Kukil. Traducción de Ainize Salaberri. Tres Hermanas. Madrid, 2020. 457 páginas. 26 €.

Por Aránzazu Miró

Tenemos en las manos el principio de un proyecto editorial que, fascinante, nos deja en realidad con la miel en los labios. Se trata de la edición completa y exhaustiva del epistolario de la escritora norteamericana Sylvia Plath (1932-1963). La editorial Tres Hermanas es quien se ha propuesto semejante empeño. El primero de los volúmenes, en sus sustanciosas 457 páginas, recoge tan solo las cartas escritas por Sylvia Plath entre los años 1940 y 1951. Es decir, de sus ¡siete años! a tan solo diecinueve, cuando se describe a sí misma como estudiante de la Smith (Smith College, Massachussetts), «a mitad de segundo curso».

Porque el proyecto original publicado en 2017 por la londinense Faber and Faber se presenta en dos volúmenes, solo dos, respectivamente de 1.400 y 1.200 páginas cada uno, de manera que la edición española traducida por Ainize Salaberri que presenta Tres Hermanas Libros se ha diseñado para desplegarse en cinco tomos. Esta primera entrega, por tanto, no hace sino introducirnos en el mundo de la escritura de Sylvia Plath, a quien por suerte se está rescatando, no solo con nuevas ediciones de su obra sino también con estudios serios y presentaciones completas y sin recortes de sus textos.

Son responsables de esta completa presentación de la correspondencia los estudiosos de su obra Peter K. Steinberg y Karen V. Kukil, esta última editora también de la nueva presentación de sus Diarios completos (Alba, 2016) que vinieron a completar la publicación recortada que había presentado Alianza en 1995 de mano de su exmarido e hija Ted y Frieda Hughes. También conocíamos una versión reducida de las cartas, prologada en 1982 por Ana María Moix para Grijalbo Mondadori, que bajo el título Cartas a mi madre reunía una versión reducida de estas.

Es cierto que su madre, Aurelia Schober Plath, es la principal destinataria de las cartas, pero no la única. El grueso de la correspondencia de Sylvia Plath actualmente localizado reúne 1.390 cartas a 140 destinatarios diferentes; solo dirigidas a su madre podremos leer ahora 856 de las 383 cartas que habíamos podido conocer. Claro que eso será cuando el proyecto llegue al final.

Final que esperamos, deseamos y sobre todo confiamos, porque como ya he dicho, este primer volumen no hace sino dejarnos con ganas de más. Sylvia Plath, en su corta vida, nos legó diversidad de relatos publicados en revistas del momento, una única novela de carácter autobiográfico, La campana de cristal, y un buen montón de poemas que reunió y publicó de forma póstuma el que había sido su marido, también poeta y estudioso Ted Hughes, publicación que obtuvo el Premio Pulitzer, galardón también póstumo.

La primera recopilación de poemas preparada por Ted Hughes bajo el título de Ariel ha tenido también la fortuna de verse nuevamente publicada en castellano el mismo año 2020 en que se ha presentado el primer volumen de la correspondencia, traducido por Jordi Doce e ilustrado para Nórdica por Sara Morante.

Poder acceder a todos estos materiales en acertadas ediciones resulta vital en la literatura de Sylvia Plath, que, si pudiera parecer escasa en cuanto a los manuscritos entregados a la imprenta, revela la fiereza de una escritora que pasa su cortísima vida preparándose para escribirla, y sin embargo sin parar de hacerlo. Es impresionante la madurez de una niña de siete años que ya siente la necesidad de comunicarse por carta con sus padres en sus breves separaciones estivales (hasta los doce no iniciará la escritura de diarios), que a los trece años es capaz de escribir «es fantástico haber encontrado a alguien, por fin, que escribe cartas realmente valiosas» (18 agosto de 1945, a Margot Loungway) y que desarrolla en ellas todo su mundo (infantil, cotidiano) de aficiones (filatelia, manualidades pero también poesía) y de hallazgos culturales (cine, lecturas y estudios); porque ahí la dejaremos, en ese segundo curso de literatura inglesa con el que reconoce «no he estado tan ocupada en mi vida». Una vida en la que no paró de escribir un solo momento: cartas, diarios, relatos y poesías.

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