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Novela

Adam Mars-Jones: Box Hill

domingo 07 de marzo de 2021, 18:55h
Adam Mars-Jones: Box Hill

Traducción de Julián Viñuales. Temas de Hoy. Barcelona. 2021. 158 páginas. 17,90 €. Libro electrónico: 8,54 €

Por Daniel González Irala

Mars-Jones es un novelista londinense (The waters of thirst o Pilcrow y Cedilla) que últimamente ha tenido el gran honor de ser homenajeado como mejor escritor británico en la revista Granta durante dos años consecutivos. Nos llega de esta su tierra, un libro guardado en un cajón durante años por el que ha esperado el propio autor un tiempo para su revisión y publicación. Ha cosechado asimismo el Premio Somerset Maugham de relatos por Lantern Lecture, así como elogiosas reseñas en The Spectator, The Guardian, Observer o The Telegraph.

Ambienta el autor la novela al suroeste de esta capital cosmopolita en el condado de Surrey, en concreto un altiplano donde se reúnen los motoristas jóvenes, poblado de bosques de boj, un lugar que se llama como indica el título de esta. El narrador protagonista y testigo a la vez es Colin, un chico gordito y rapado de dieciocho años, cuya vida de iniciación y aprendizaje sexual y vital comienza a los dieciocho años, si bien antes ya ha sufrido lo que hoy llamaríamos mobbing en la escuela. Todo lo que se nos cuenta ocurre alrededor del año 1975, si bien se tienen en cuenta aspectos importantes como la llegada del SIDA a finales de los 80.

Caótica y por momentos desmelenada, la vida de Colin nos es contada con tristeza y a la vez con un gracejo o punto humorístico bien diferenciado. Es así como en los pasajes más sexuales (se nos cuenta su ambivalente historia de amor con Ray, un fortachón chico bastante más mayor que él) el tono es algo más bajo, que cuando, por ejemplo, nos habla de sus padres. Tampoco es una novela lineal en el tiempo por más que lo parezca, pues el ahora tiene muchos recuerdos con los que el narrador, no siempre fiable, configura su universo vital.

En el momento en que descubrimos este párrafo: “Yo también estaba empezando a sudar, por temor y también por el calor que hacía, pero mi sudor no era más que una secreción de puro desecho, el suyo, en cambio, le confería una lubricidad que no empañaba su belleza, puro elixir”, nos damos cuenta (en esta descripción en que ambos personajes suben los peldaños de una escalera corriendo) de que lo que nos va a suceder como lectores de ahora en adelante va a ser de todo menos vulgar, y efectivamente así es. Y es que Colin queda dulce pero gravemente enamorado, hasta el punto de que llega a desarrollar una sumisión (que también nos es mostrada en sus causas por momentos patológicas) que vemos en frases como ésta: “Supe desde el primer momento que vivir según las reglas de Ray no era una prueba”, refiriéndose después a que esa no prueba, no era más que un reto sin fin por el que se termina violando su más estricta intimidad.

Con un estilo cinematográfico, uno no tiene más que recordar películas como Brokeback mountain, o centrándonos en el mundo de las motos La ley de la calle o Rebeldes para darnos cuenta de que estas influencias a veces siquiera ambientales, a pesar de no ser británicas, se dejan ver en el texto.

Existe sin embargo jerga dentro de esa atmósfera en la que el lector, debido a su localismo, a veces se pierde, y me remito a la reseña de Houman Barekat en que cita algunos términos (como woking o West Byfleet, entre otros…) y que se refieren sobre todo a los hábitos de consumo de los motoristas (beber cerveza, tomar hamburguesas…) que al parecer y como tendencia, causaban cierta rivalidad entre los grupos que en la realidad habitaron Box Hill allá por 1975, según también fuesen de una u otra marca registrada.

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