Cando la primavera llega al sur marciano, una nube de hielo de agua emerge cerca del volcán Arsia Mons, de 20 km de altura, y rápidamente se extiende a lo largo de cientos de kilómetros antes de desaparecer al cabo de pocas horas.
Un detallado estudio a largo plazo ahora desvela los secretos de esta nube alargada gracias a nuevas observaciones de la “cámara web” a bordo de la sonda Mars Express de la ESA, remarcando el trabajo de un equipo de la Universidad del País Vasco en Bilbao.
Arsia Mons es el único lugar a baja latitud de Marte en el que se ven nubes —y el único de los numerosos volcanes similares de la región que presenta este tipo de nube— en esta época del año.
"La nube resulta difícil de observar en su totalidad debido a los rápidos cambios en la dinámica de la atmósfera marciana y a las limitaciones en la órbita de muchas naves, lo que a su vez condiciona nuestro conocimiento de cómo y por qué se forma y evoluciona con el tiempo", explica la ESA en un comunicado.
“Para superar estos obstáculos, utilizamos una de las armas secretas de Mars Express: la Cámara de Seguimiento Visual (VMC)”, señala Jorge Hernández Bernal, de la Universidad del País Vasco en Bilbao, autor principal de los nuevos hallazgos y miembro de un proyecto a largo plazo que estudia la dinámica de la nube.
El trabajo de Hernández Bernal y sus colaboradores demuestra un uso muy interesante, y que no estaba previsto, de la VMC. Este instrumento, apodado la “cámara web” de Marte, presenta una resolución similar a la de una cámara web estándar de 2003. Se instaló para confirmar visualmente que el módulo Beagle 2 se había separado con éxito de Mars Express en 2003, después de lo cual se desactivó. Años después, la cámara se reactivó y se estaba utilizando para tomar imágenes de Marte con fines de divulgación e interacción con el público, pero sin uso para la investigación científica.
No hay otro sistema climático en el sistema solar tan parecido al de la Tierra como el marciano y, aun así, los dos planetas presentan diferencias llamativas y enigmáticas. “Aunque en la Tierra se observan con frecuencia nubes orográficas, no alcanzan esta enorme longitud ni ofrecen una dinámica tan cambiante”, dice Agustín. “Comprender esta nube nos brinda una excelente oportunidad para intentar replicar su formación con modelos, modelos que mejorarán nuestros conocimientos sobre los sistemas climáticos tanto de Marte como de la Tierra”.