Una mayoría de la Eurocámara, no todo lo abultada de lo que habría sido deseable, pero mayoría, ha decidido que se debe retirar la inmunidad a Carles Puigdemont, el líder separatista catalán venido a menos que tiene rango de huido de la Justicia para unos y de exiliado político para otros. Hasta 400 europarlamentarios han despejado después de un año de proceso interno el camino -no va a ser tan rápido, todavía hay más trámites- para que el expresident pueda ser extraditado. Pero 248 han votado en contra y otros 45 se han abstenido.
Entre los que han dicho que sí y los que se han mostrado en contra están PSOE y Podemos. Es decir, en bandos diferentes. Con los socialistas, lógicamente, han votado a favor de que Puigdemont pierda su escudo protector y sea juzgado el PP europeo y los liberales, entre los que metemos a Ciudadanos. Con los que opinan que el proceso debería ser aún más largo y tedioso, además de las huestes de Pablo Iglesias, ha votado la otra izquierda, Los Verdes, Izquierda Unida, los nacionalistas como el PNV o Bildu y, obviamente, JxCat y ERC.
Da miedo pensar que existe la posibilidad de que la justicia europea no entregue a la española a los políticos catalanes porque el prestigio de España en Europa está por los suelos. Por lo menos, no tan pronto como nos gustaría a los que queremos ver a Puigdemont y su grupo de huidos responder en un juzgado por los presuntos delitos de sedición, desobediencia y malversación. Confiemos en el juez del Supremo Pablo Llarena, pero los independentistas, con la ayuda inestimable del vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, hacen bien su trabajo de intoxicación y consiguen cosas siempre perjudiciales para nuestro país. Mal por los que los minusvaloraron.
Como decimos, PSOE y Podemos por caminos diferentes. Ya no es noticia que los dos partidos que forman coalición en el Gobierno no estén de acuerdo en nada. No debería ser así. Es de suponer que si acuerdan formar Ejecutivo es para hacer cosas por el bien de España de forma conjunta. Sin embargo, que PSOE y Podemos estén siempre a la gresca con lo que se nos viene encima, con una pandemia que superar y la crisis posterior que abordar empieza a ser normal. Es triste, pero no sorprende porque, como todo el mundo sabe y visto lo que se ve todos los días, su finalidad no es hacer cosas por el bien de España.
Se han enumerado de forma casi diaria todos los aspectos, proyectos, decisiones, leyes y modos de ver la política en los que socialistas y sus socios comunistas-populistas son antagónicos. Es lo que pasa cuando se gobierna con un partido de extrema izquierda, que si no eres firme en tus convicciones te come la tostada.
Aunque quizá ese sea el principal de los problemas, que en esta ecuación no hay moderados -y si los hay se les anula- y los postulados socialistas están más cerca de Podemos de lo que la mayoría y el sentido común nos creemos y, sobre todo, de lo que es recomendable para la salud democrática y la libertad de un país.
Así, la prometida y pospuesta reunión entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias es cada día más necesaria para aclarar posiciones, recordar quién es quién en este Gobierno de bomberos que se pisan la manguera e intentar aclarar algo el objetivo de la coalición para que la noticia sea España y cómo sale de la crisis y no las continuas peleas en el seno del Consejo de Ministros. Pero no se ponen de acuerdo ni en cómo debe ser el encuentro. El presidente quiere discreción y es evidente que no se fía de su vicepresidente porque, al final, siempre hay filtraciones a los medios de comunicación afines. El de Podemos, por su parte, prefiere hacerse valer y destacar todo lo posible para durar en el puesto todo lo que pueda, ya que no habrá segundas oportunidades.
¿Se acabó el amor? Pues tiene toda la pinta, si es que alguna vez lo hubo, y quizá por eso no dejan de oírse voces que apuntan que Sánchez estaría ya haciendo cálculos demoscópicos para adelantar las elecciones. La maquinaria pensante está en marcha e Iván Redondo tendría como primer asunto ver la forma de sacar provecho de todo lo que se haga medio bien de aquí al último trimestre de 2022, gestión de la pandemia incluida.
Es de imaginar que todo dependerá de lo que vayan aclarando las encuestas de opinión y la intención de voto después de echar la culpa de todo a la ultraderecha y a los recortes de Rajoy. Mientras, seguirán discutiendo y actuando de cara a la galería en beneficio propio. ¿Alguien dudaba de que España vive en una campaña electoral continua?