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Paraguay en crisis

miércoles 03 de septiembre de 2008, 23:43h
No lleva ni veinte días en el poder y Fernando Lugo ya se encuentra con el clima político paraguayo inmerso en una crisis institucional, con el Congreso y el Senado paralizados y con un rocambolesco supuesto complot golpista en su contra. Después del escándalo que supuso el juramento de Nicanor Duarte como senador vitalicio la pasada semana, a pesar de la oposición de la mayoría del Congreso, este lunes Lugo denunciaba la existencia un complot en su contra urdido por su antecesor y el general retirado Lino Oviedo. Ambos se han apresurado a negar las acusaciones y han afirmado que el general Máximo Díaz Cáceres, el militar que avisó del complot al presidente paraguayo, es un advenedizo que trata de “medrar” inventándose falsas conspiraciones. En resumen, ambos advirtieron al nuevo mandatario sobre los engaños que pueden surgir en su entorno, dejando una incómoda sensación de desconfianza y paranoia en torno a Lugo.

A ello hay que sumar los continuos desencuentros de Lugo con su vicepresidente, Federico Franco, quien después de su enfado por su exclusión en el diseño del equipo de gobierno, ha declarado a los medios de comunicación que se enteró del supuesto intento de golpe de estado a través de la prensa. Y es que, a pesar de que antes de la investidura de Lugo, tanto él como Franco coincidían en señalar la existencia de un complot en su contra -de ambos- esta semana el vicepresidente ha quitado hierro a las declaraciones de su presidente afirmando que el golpe de estado “es un tema del pasado”.

La cuestión ahora es saber si existe una intención real por parte de la oposición de derrocar a Lugo a través de un golpe de estado. Los antecedentes de Duarte no invitan a la confianza. Tras 60 años de hegemonía colorada, con un partido acostumbrado a hacer y deshacer a su antojo, gobernando el país sin importable incurrir en corruptelas y amiguismos, saltándose cuantas leyes fuera necesaria, no resultaría tan extraño que el ex presidente se salte la legalidad una vez más para mantenerse en el poder. La presunción de inocencia es indispensable, pero es un hecho que si alguien ha podido tramar un golpe de estado es Duarte, porque es quien tiene contactos, ambición y medios suficientes para ello.

El lastre que Duarte y su partido ha supuesto para Paraguay es enorme. Su empeño en utilizar el país como si fuera su hacienda ha hipotecado la instauración de una auténtica democracia. Aún está por ver si Lugo ejerce un buen papel como presidente, pero su llegada al poder fue una buena noticia porque supuso el fin de una etapa para olvidar y el primer paso hacia la instauración de un sistema democrático real. Por eso, Lugo debe ser consciente de que está en sus manos una misión importantísima que va mucho más lejos de su propia persona. Su objetivo a lo largo de la legislatura que acaba de empezar ha de ser cuidar la delicada democracia paraguaya de las puñaladas de aquellos a quienes sólo les importa no perder el poder. Para ello el pueblo paraguayo ha puesto su confianza en sus manos. Si no es capaz de entenderlo, el progreso real de Paraguay se retrasará cinco años más, como mínimo.


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