El polémico médico ha confirmado que trabajó para varios clubes de fútbol de Primera División.
Eufemiano Fuentes ha reaparecido. El médico enjuiciado por la Operación Puerto ha decidido ofrecer una entrevista al espacio de LaSexta llamado 'Lo de Évole'. Tras la publicación de un avance a lo largo de la semana -en el que declaraba que "más de uno va a estar nervioso" tras deslizar que el éxito de los Juegos Olímpicos de Barcelona'92 estaría condicionado por el dopaje-, la conversación completa ha sido publicada este domingo. Y comenzó el repaso biográfico por los afamados viajes que realizó a los países de la Europa del Este, cuando comenzó a trabajar para la Real Federación Española de Atletismo y, según se le acusa, para captar sustancias y métodos dopantes para ser usados en deportistas nacionales. "Esos países tenían la fama de que estaban adelantados a la época, que hacían cosas que no se hacían en Occidente. Aquí pasa algo", avanzó.
"Igual sí conocí, más que aprendí, técnicas de dopaje. En aquellos momentos la situación económica de ellos no era muy buena. Entonces, yo a veces cambiada por dólares, conocimiento (con los médicos del sistema soviético). Si tú me dices cómo recuperar de un esfuerzo intenso y prolongado, de un 400 o 800 metros, con algo, tengo aquí un sobre con 500 dólares", reconoció. Y añadió esto: "La Federación sabía que yo iba como técnico y a intentar aprender técnicas para mejorar el rendimiento. Lo sabían. No está por escrito, me pueden demandar. Ellos sabían a lo que iba y querían que nuestros deportistas compitieran en igualdad de condiciones con los suyos. Pero hay mucha hipocresía. La hipocresía hace que tú digas 'quiero que nuestros deportistas compitan en igualdad de condiciones, pero haz lo que tienes que hacer. Tienes que mejorar el rendimiento, no quiero problemas ni positivos, pero quiero resultados".
A continuación, se le puso sobre la mesa el uso de fármacos en atletas españoles, una suerte de experimento realizado, según se le acusa, para implantar técnicas dopantes que mejoren el rendimiento en España. "Más que fármacos, eran sueros o soluciones inyectables. Esos son los famosos sueros expansores del plasma. Al aumentar la cantidad del líquido se retrasaba la aparición de la fatiga. La Federación estaba al corriente", relató. Y defendió que "no experimenté con esos deportistas con sustancias dopantes. Cinco dieron positivo porque había otro médico en la comisión que sí lo estaba haciendo. Y yo era el jefe de los servicios médicos y di la cara por él".
Tras salir del empleo federativo en 1988 volvió a preparar a atletas de cara a los Juegos Olímpicos de Barcelona'92. Asumió haber tratado a "unos 15 atletas" españoles que compitieron en aquella cita. Especificó que lo pagaban los propios deportistas, ya que él estaba "vetado por la Federación con la entrada de un nuevo presidente en el 87". Se negó en un principio a dar nombres porque "tendría que romper un secreto profesional". En segundo término aceptó que había medallistas en su cartera de clientes. Y ante la relación de cuatro nombres dijo que no había preparado a dos. Sobre Javier García Chico (medalla de bronce en salto con pértiga) respondió "digamos que no". Y cuando le mencionaron a Fermín Cacho guardó silencio, bromeó ("si te digo que no me acuerdo no me lo vas a creer"), se resignó ("no tengo pruebas de que he sido el médico de esas personas") y acabó declarando "blanco y en botella".
Sobre el corredor de 1.500 soriano, oro olímpico en Barcelona'92 y plata en los JJOO de Atlanta'96, Fuentes señaló que "me vi con él en la cafetería, antes de la final de los 1.500 metros" del evento catalán. Desglosó el tratamiento que realizaba en esa época ("expansores de plasma, reductores del ácido láctico, estimulación natural de las hormonas naturales. No testosterona, estimuladores, aminoácidos...), deslizó un "yo creo que sí" en torno al uso de EPO, afiló su amenaza conocida ("si hablo caerían medallas porque sé que algunos deportistas recurrieron a sustancias dopantes) y la completó susurrando que si recupera los documentos -que le incautó la Guardia Civil cuando fue detenido y procesado en la Operación Puerto-, en esos papeles que probaría que había medallistas fraudulentos.
Y fue más allá. "La Operación Puerto fue un error. Se dice que es la mayor trama de dopaje de España y el dopaje no era delito. Y se presenta la Guardia Civil (en su casa, para detenerle), que es la que persigue al crimen organizado. Si el motivo era el dopaje, que no lo era, no tenía sentido que estuvieran allí y que hubiera una instrucción expresa de persecución. Que causalidad, que en 2004 recibo una propuesta de alguien del entorno del entonces secretario de estado (Jaime Lissavetzky) para que hiciera lo mismo que hacía en los años 80. Volver a la Federación, al Comité Olímpico, a preparar al equipo olímpico para la siguiente olimpiada. La de Pekín 2008", detonó.
"Cuando esa persona me hace la propuesta, me dice: 'acaba de salir de presidente Zapatero y va a ser nombrado director general de deportes (Lissavetzky)'. La avanzadilla me hace la propuesta y yo decliné la oferta", remarcó. Negándose a dar el nombre de la persona. Hasta que lo dio. "Era una persona del partido (PSOE) y cercana a esta persona. Yo le conocía. Era un gran deportista", masculló. Y tras un silencio afirmó: "Fermín Cacho". "Si quien andaba detrás de esa propuesta mandó a esa persona, es porque sabía que me conocía. Sobre la marcha le contesto, en la misma llamada. Las circunstancias que yo tenía en ese momento no me lo permitían. Alguien pensó: 'si no va a trabajar con nosotros, que no trabaje con nadie. Vamos a quitarle del sistema'", narró. Ese es el centro de su teoría sobre la Operación Puerto. Se siente perseguido, víctima de una venganza política por no haber aceptado dopar al equipo olímpico español para los Juegos Olímpicos de 2008. Y dejó caer que en la cita olímpica de Atlanta'96 Fermín Cacho todavía era su cliente. Compartió que le llevó "tratamientos para recuperarse antes o mejorar su rendimiento". El deportista ganó una medalla de plata.
Pasó de puntillas por el ciclismo, el deporte que le lanzó a la fama. "Fundamentalmente, trabajaba la recuperación. El tiempo entre que termina una etapa y empieza otra cuenta mucho. Y el daño que se produce es claro y hay que intentar revertirlo lo antes posible. En ciclismo, la recuperación es fundamental. Tan fundamental que había veces que yo no esperaba a que el equipo llegara al hotel. Si había una caravana, en la misma línea de meta iniciaba el proceso de recuperación", desglosó. Y sobre el testimonio de un ciclista reconocido, que publicó que las bolsas de sangre para realizar dopaje sanguíneo se guardaban en los ganchos de cuadros descolgados, Eufemiano lo justificó expresando que "si fueras una guerra y vieran dónde se cuelgan las bolsas de sangre y suero para atender a los heridos de guerra en un campamento...".
"Yo he utilizado productos dopantes antes de que fueran incluidos en las listas. En el deporte, si quieres mejorar tienes que jugar con ventaja o encontrar ventajas que en un principio no se conocen y no se pueden prohibir, y luego se aceptan porque son de uso generalizado. He hecho trampas. Como todos. No conozco a nadie que no las hiciera", argumentó. Y ofreció su versión en relación con las autotransfusiones. Sabía que estaban prohibidas por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), pero: "Las hacía, con criterio médico y cuando yo creía que hacía falta. No indiscriminadamente y, como dice la sentencia, con una finalidad de... Técnicamente, no estaba dopando". Defendió que por motivos terapéuticos y a criterio del médico lo considera legítimo. Y puso el ejemplo de la anemia en un deportista. "Ahí está justificada la transfusión para restablecer los valores, no inflarlos". Y tras darse cuenta de una contradicción, se escapó añadiendo que "rectifico, no era terapéutico. Lo hacía con fines profilácticos".
Fuentes, que quiso bordear la línea "por el exterior" durante toda la charla, alegó que "parcialmente (se saltaba las normas de la AMA)". "Si tú estás preparando una competición, cuando te acercas al momento en el que necesitas estar en forma es cuando aumenta la intensidad, duración y dureza de los entrenamientos. Después de ese castigo duro vienen a verme, a ver cómo están. Y yo levanto el capó, como un mecánico. Y miro cómo están. Y si necesitan, pongo; si no, no pongo. Y la mayoría de los que venían en esa situación metabólica límite necesitaban", manifestó. Para, de inmediato, reconocer que a sus clientes europeos les mandaba ir a Madrid para tratarles (porque España era el único país sin leyes antidopaje).
"Dopaba diferente. Yo me adelantaba a mi época. Tenía la habilidad de usar un producto que no se conocía, como hoy puede ser la creatina, y en el momento en el que lo prohíben, a otra cosa, mariposa", confesó, tras reconocer el uso de transfusiones de sangre -hecho que se considera probado, con voluntad de mejorar el rendimiento y de no ser descubierto por la AMA, en la sentencia de la Operación Puerto-. "No he jugado sucio en conciencia. Se me ha pasado por la cabeza liarla, pero mi ética no me lo ha permitido. He hecho trampillas. Trampas que a cambio han reportado un gran beneficio a los deportistas, que ya se castigan suficiente con la forma en la que entrenan y compiten. Yo hacía esas cosas para el Gobierno en los 80. Me pagaban por ello. Soy un adelantado y por eso era tan solicitado", reivindicaría.
Finalmente, el tramo en el que se le vio más incómodo: el fútbol. "Yo era requerido, porque no había contrato, para asesorar a los técnicos y médicos en el control, seguimiento, recuperación y ayuda de sus futbolistas. Y cobraba por ello", dijo en primera instancia. Después de dudas, muchos rodeos y silencios, soltó esto: "Tuve un par de contactos y no llegamos a un acuerdo con el Barcelona. Hay otros equipos que me han solicitado mis servicios y cuando les he preguntado si me autorizaban a decir su nombre me, han dicho que no. Por expreso deseo de ellos, no me podían pagar a mí. Entonces, pues, pedía que le pagarán a otra persona (un testaferro). Llegué a cobrar 10 millones de pesetas en un año. Me pagaban en función de las reuniones que tenía. A 8.000 euros por reunión. Eso ocurrió dos años, con el mismo equipo".
"Esa es mi letra, por tanto, hay que figurarse que les asesoré de alguna manera", esbozó cuando le presentaron documentos (uno de su puño y letra y otro de la contabilidad B de la Real Sociedad presidida por José Luis Astiazarán). "Quiero pensar que sí", respondió al sugerirle si ayudó a los donostiarras a acabar en la segunda plaza de LaLiga en la temporada 2002-03. "Yo tenía reuniones con los médicos. Blanco y en botella, leche. Habría que pensar que los asesoré de alguna forma. Es posible que tuviera algo que ver".
Y llegó la hora del Real Madrid. Preguntado por su colaboró con el club de Chamartín regateó de manera torpe (presumiblemente, de forma voluntaria). Guardó silencio; dijo "no te voy a contestar a esa pregunta, perdona. O me callo, o te digo que no. Elige la respuesta"; guardó más silencio; y aseveró que "tuve que declarar en el juicio sobre ese tema y dije que no. Ahí lo dejamos".
"Durante el juicio de la Operación Puerto, le pedí a mi abogado que intentara recuperar un dinero que me debía el Madrid. Cuando surge un reportaje en L'Équipe diciendo que yo he colaborado, contribuido, asesorado, participado, en el seguimiento médico de Real Madrid, Barcelona, Valencia y Betis, tanto el Barcelona como el Madrid se querellaron contra la revista. Y pidieron mi comparecencia como testigo para aclarar si era verdad o no. El trato con el Barcelona fue exquisito (le pagaron el billete de avión desde Gran Canaria, el hotel y las comidas). Yo llegué, declaré y me fui. Y pasó un mes, dos meses, un año y dos años. No me pagaron nada (el conjunto de Concha Espina). Entonces, le dije a mi abogado que ahora que estamos en Madrid hay que intentar reclamar por lo menos el billete de avión y el hotel. Y a la salida de una de las sesiones del juicio, me dice que ha hablado con el procurador y que 'el Madrid no te paga a ti'. Fui a juicio y me dieron el dinero. Hay gente que pudo interpretar que el Madrid me debía dinero por otro concepto, pero me debía sólo por eso", relató.
Se despidió llamando "Alfonsito" al doctor Alfonso del Corral, jefe del equipo médico del club merengue durante largo tiempo. "Nos conocíamos. No me pidió ayuda. Se está cerrando la flor, cuidado. ¿Quién más fue testigo de eso? Nadie. Me has pillado. ¿Es tan importante? Con todo lo que has dicho ahí que yo he hecho... Dejémoslo ahí", sentenció. Refrescando el reguero de pólvora que esparció cuando fue procesado por ser la cabeza de una trama internacional de dopaje, se probó el uso de sustancias prohibidas y se le absolvió porque en los años en los que cometió las fechorías no había una ley que las prohibiera en España.