El tenis español aguarda, con especial ilusión, el crecimiento de un racimo de jóvenes talentos llamados a tomar el relevo de nombres tan gruesos como Rafael Nadal y Garbiñe Muguruza. En ese recambio generacional esperanzador viajan jugadores como Carlos Alcaraz, Sara Sorribes o Paula Badosa. Esta última, con 23 años, ya está comenzando a sacar la cabeza y cumplir con las expectativas generadas en torno a su calidad como tenista.
La neoyorquina decidió cambiar de aires y de método de trabajo para dar el empujón definitivo a su rendimiento. Abandonó al que era su entrenador -Xavi Budó- y eligió a Javier Martí como mentor. El cambio ha dado sus frutos, pues ha escalado posiciones en el ránking del circuito femenino con soltura. De hecho, pasó del puesto 87º al 70º en un lapso corto de tiempo. Atrás han quedado los problemas psicológicos que atravesó en 2018 por la presión que le granjeó su estatus de diamante en bruto.
Badosa, campeona del Roland Garros juvenil y convocada en 2015 para la selección española de la Copa Federación -con 16 años-, ya ha participado en el cuadro final de todos los Grand Slams, logrado convertirse en la jugadora nacional que más lejos llegó en el pasado 'major' francés. Fue frenada en los octavos de final del campeonato de la tierra batida parisina. Tras doblegar por el camino a Jelena Ostapenko y Sloan Stephens, cayó ante Laura Siegemund. Mas, confirmó la consistencia de su evolución.
Campeona de España en 2017 -tumbó a Carla Suárez con jerarquía y precocidad-, sigue cumpliendo las etapas necesarias para instalarse en la élite. Este miércoles ganó por vez primera a una jugadora clasificada dentro del Top-20 del mundo. En la tercera ronda del Torneo de Charleston se midió a Belinda Bencic, la 12ª mejor jugadora de la WTA. Y la venció por 6-2, 6-7 (2) y 6-1. La helvética se sorprendió ante la fuerza, confianza e inteligencia espacial de la española y hubo de desfondarse ante el movimiento que Badosa le aplicó a la bola -alternando alturas y direcciones-.
El primer set se denudó como un ejercicio autoritario de la española y en la segunda manga exhibió su renovada fortaleza mental. No obstante, empezó perdiendo por 3-0 y remontó, acumulando cinco juegos consecutivos. Su reacción orgullosa la colocó con dos bolas de partido -con un 4-5 propicio-. La suiza logró escapar de ese brete, pero no interpuso enmienda en un tercer set maravilloso de la catalana. Atronó un 5-0 de salida que reflejó su seguridad. No zanjó su victoria con un rosco de milagro.
"Estaba muy nerviosa porque sabía que podía ser un gran triunfo para mí. Estoy muy contenta. Ha sido duro, sobre todo mentalmente, porque al ganar por primera vez a una jugadora que está número 12, me ha costado mucho cerrarlo. Recomponerme en el tercer set y mantener ese nivel me hace estar muy contenta. Y ganar a una jugadora con tan buenos logros, y de tan buena carrera, me da muchísima confianza para seguir creyendo en mí", confesó, después de sellar el acceso a octavos en la quinta pelota de partido. Allí se examinará ante la estadounidense McNally. Sin el peso de los fantasmas que apagaron su brillantez en el pasado. Su mirada sigue puesta en los Juegos Olímpicos de Tokio. Cada vez con más legitimidad.