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Ensayo

Roberto Fernández: Combate por la concordia

domingo 11 de abril de 2021, 21:22h
Roberto Fernández: Combate por la concordia

Espasa. Barcelona, 2021. 592 páginas. 18,90 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En Combate por la concordia. Cataluña en España, un futuro común el profesor Roberto Fernández nos propone una obra necesaria, oportuna y de consulta obligatoria para historiadores, politólogos, periodistas y juristas. El procés se ha convertido en objeto de estudio académico inagotable, pudiéndose contar por decenas los libros que lo abordan. Sin embargo, el que tenemos entre manos no constituye uno más. Por el contrario, su autor es capaz tanto de combinar varios planos de análisis e intenciones como de rechazar cualquier tentación de caer en el terreno de las filias, las fobias y la corrección política.

Roberto Fernández, como historiador sobresaliente, ubica en todo momento las dinámicas independentistas que se han observado (e intensificado) en su Cataluña natal durante los últimos años. En este sentido, ofrece interesantes distinciones (por ejemplo, catalanismo vs secesionismo) y aporta pistas de cuándo pudo comenzar esa pendiente deslizante que llevó (de momento) al 1-0 de 2017: los sucesivos gobiernos de Jordi Pujol, durante cuyo transcurso el Molt Honorable se dedicó a “hacer país”, empresa que se tradujo en una cada vez mayor desaparición de España en Cataluña.

Siguiendo con el análisis cronológico de los hechos, más recientemente en el tiempo, de nuevo Convergencia Democrática (con el inestimable apoyo no siempre amistoso de ERC) liderada por una generación que ni conoció ni participó en la Transición, dio un paso más en el camino hacia la independencia. Para ello, recurrió a expresiones por todos conocidas, entre las que destacó con luz propia el manido “derecho a decidir” y empleó un discurso caracterizado por un simplismo notablemente eficaz:Los catalanes tenemos mucha paciencia, hemos colaborado y contribuido lo indecible, pero ha llegado el momento en que está absolutamente justificado romper un matrimonio en el que somos maltratados” (p.97).

A lo largo de este viaje, que aún no ha terminado, se detectan una serie de resultados tangibles. El principal de ellos es la fractura de la sociedad catalana, un fenómeno cuya existencia niega el independentismo, al considerar que existe un único pueblo catalán. En palabras del autor: Tengo la sensación de que, ante este proceso de bipolarización, una parte del independentismo no ha sentido una especial preocupación por evitarlo y, por otra parte, no siente una particular congoja por su existencia al considerar que es el pago necesario y acaso inevitable para conseguir sus objetivos máximos” (p. 363).

En íntima relación con la idea anterior, restañar las heridas creadas por el independentismo es la tarea urgente, algo que no se puede dejar en manos solo de los políticos. De cara a esta empresa, la conciliación y la tolerancia se advierten actores fundamentales, junto con la obligatoriedad de prescindir de posiciones inmovilistas, incapaces de cuestionar conceptos cuasi-sagrados tales como secesión o statu quo. Frente a alternativas cortoplacistas, como un posible referéndum legal, Fernández se posiciona en contra. La solución que maneja concede prioridad al catalanismo “que piensa que los beneficios de conseguir más soberanía formal mediante un dolorosísimo y muy costoso proceso de separación serían irrisorios respecto al poder político real del que ahora disfruta y podría disfrutar Cataluña […]. Un catalanismo que no piensa que la preservación de la nación española requiere inevitablemente la creación de un Estado propio” (p.65).

Con todo ello, el independentismo ha venido para quedarse, no se sabe por cuánto tiempo ni con cuanta intensidad, a pesar de no haber logrado ninguna de sus metas, en particular la más radical de todas ellas: la creación de un Estado catalán reconocido por la comunidad internacional. En este sentido, supone un acierto que el autor recuerde la actitud de la Comisión de Venecia una entidad que, siendo internacionalmente reconocida para codificar las buenas prácticas de un referéndum, contestó a una consulta del propio presidente Puigdemont diciéndole que no podía tener homologación un referéndum sin consentimiento del gobierno español y en contra de la Constitución” (p.517). Igualmente, la ONU afirmó en 2015 que la posibilidad de que en Cataluña se pudiera materializar el derecho de autodeterminación era negativa.

No obstante, a pesar de esta suerte de fracaso del separatismo, sí ha sido capaz de acumular nuevas fuerzas en forma de adeptos, ha condicionado al gobierno de Sánchez y en ningún caso ha renunciado a la desobediencia civil: “Por las cosas escritas y las declaraciones efectuadas, la sensación en estos momentos es que para algunos dirigentes secesionistas el Proceso no ha acabado, sino que simplemente debe mutar algo la piel procurando tener más apoyo popular para con ello desgastar y erosionar al Estado español hasta derrotarlo definitivamente” (p.497).

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