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TRIBUNA

Putiotka o cheque

José María Méndez
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axiologiatelefonicanet/9/9/20
lunes 12 de abril de 2021, 20:43h
El dilema entre comunismo y libertad está siendo la clave de las próximas elecciones en la Comunidad de Madrid. En efecto, en la ideología comunista-socialista encontramos la más radical negación de la libertad del ciudadano.

Volvamos a las vacaciones pagadas en la Unión Soviética, a que se alude en mi artículo “Casa de descanso” (29/03/21). Los ciudadanos de la extinta URSS recibían todos los años un vale de viaje (putiotka, derivado de put = viaje) para pasar sus vacaciones de verano. Enseñando ese documento se pagaban los gastos de viaje y estancia en alguna casa de descanso. En el paraíso soviético gente no iba de vacaciones donde y cuando quería, sino donde y cuando decía la putiotka.

La pregunta inmediata es ésta. ¿Por qué, en vez de la putiotka no se enviaba ala gente un cheque con el dinero contante y sonante? Así se ahorrarían el enorme trabajo de ajustar millones de datos.

La respuesta es obvia. Señalar de antemano e imperativamente el lugar y tiempo de las vacaciones era incompatible con enviar a la gente el dinero para los gastos. Si se manda el cheque, entonces quien lo recibe podría gastarlo como le diera la gana. Podría ir de vacaciones adonde quisiese. Incluso podría no gastar ese dinero y ahorrarlo. Y ambas posibilidades chocaban con la alergia a la libertad del ciudadano vigente en la URSS.

En efecto, de lo que se trataba era de tener al ciudadano bien amarrado con el lazo a la garganta de la putiotka. En ella iba un mensaje implícito pero bien claro. Si protestas porque no decides tú donde y cuando pasar tus vacaciones, el año que viene te quedas sin ellas. La libertad es todo lo contrario de este chantaje al ciudadano. El comunismo-socialismo es enemigo de la libertad. Por eso, en la URSS se mandaba la putiotka a la gente en vez del cheque. Era un instrumento eficaz para tener al ciudadano bien controlado.

Acabamos de ver este mismo odio a la libertad en la reciente Ley Celaá propiciada por el PSOE. Por eso he unido antes con un guión las palabras comunismo y socialismo. A estos efectos no hay diferencia entre estos dos conceptos. En la URSS no había cheque de viaje; en España no hay cheque escolar. Se trata de lo mismo. Si se da a los padres el cheque escolar, entonces podrían educar a sus hijos donde y como ellos quisieran. Y de lo que se trata es de lo contrario, que el estado imponga a los padres el colegio de sus hijos y el modelo de enseñanza, les guste o no.Y si protestan, se exponen a que el año que viene se les imponga el colegio que menos pueda gustarles. En España los padres están cogidos por el lazo mediante laLey Celaá igual que lo estaban todos en la URSS por el lazo de la putiotka.

Respetar la libertad de los ciudadanos con hijos a su cargo sería enviarles sin más el cheque escolar, que cubriera todos los gastos de la educación obligatoria. Y no prohibir los colegios separados de niños y niñas, o los de formación especial para discapacitados, o dictar el ideario de la enseñanza obligatoria. Estos son temas de libre discusión. Imponerlos es un abuso de autoridad. Pero los idiotas, o incapaces de pensar con lógica, suelen coincidir con los fanáticos, los que quieren imponer su ideología en temas donde no cabe el pensamiento único.

Bertrand Russell decía que el comunismo-socialismo proporciona, en el mejor de los casos, una seguridad servil. La expresión es certera. Da en el clavo. El modelo ideal del comunismo-socialismo, que de hecho imperó en la URSS por 80 años, es lo más parecido a la servidumbre de la gleba. Nos retrotrae a la Edad Media.

En efecto, los antiguos siervos de la gleba gozaban de ciertas ventajas. Vivían mucho mejor que los que estaban al albur de encontrar trabajo. Tenían ocupación, casa y alimento asegurados. No estaban a expensas de un incierto jornal. Su situación social y económica era precaria, pero segura. Y además de por vida.

La contrapartida era que los siervos de la gleba no tenían libertad para salir fuera de los dominios del señor. Tenían que pedir un permiso, que sólo raras veces se concedía. Igualmente necesitaban el consentimiento del señor para casarse con alguna sierva del mismo feudo. O de algún otro feudo en casos excepcionales. Pero lo más aberrante era el derecho de pernada. El señor feudal tenia el odioso derecho a suplantar al esposo en la noche de bodas.

El paralelo del comunismo-socialismo con la servidumbre de la gleba es bien patente. Los señores medievales, unos pocos, tenían todo. Sus siervos sólo tenían lo que les concedían sus señores. De modo semejante, los miembros de la Nomenklatura en la URSS ejercían de señores feudales. Los súbditos del paraíso soviético, los nuevos siervos de la gleba, debían estar contentos y felices. Afirmar lo contrario suponía varios años de cárcel.

¿Cual es el derecho de pernada que tienen los redivivos señores medievales en nuestros días? Lo acabamos de ver en la Ley Celaá. Imponer a los padres donde y como educar a sus hijos. En la URSS la putiotka era el derecho de pernada sobre las vacaciones de los ciudadanos. Ahora pasa lo mismo con la reciente Ley Celaá. Cambia el contenido del derecho de pernada. Pero no cambia nada su injusticia intrínseca. Los que mandan deciden si el niño estudia en castellano o catalán, y si aprende esto o aquello. Instaurar el cheque escolar sería lo mismo que renunciar a los diversos derechos de pernada con que la Ley Celaá pisotea la teórica soberanía del ciudadano en una teórica democracia.

Desde las Revoluciones francesas y americana se supone que la soberanía está en el pueblo. Pero en el comunismo-socialismo es al revés. La soberanía está en la Nomenklatura, que irremediablemente se crea en toda dictadura infectada de marxismo. El comunismo-socialismo ha aceptado la formalidad externa de las elecciones democráticas. No tenía más remedio. De lo contrario se vería abocado a la clandestinidad. Lo que no ha aceptado nunca, y sigue sin aceptar, es la soberanía del ciudadano. La soberanía no es de todos; es nuestra.

Por desgracia, detrás de la conquista de la soberanía del pueblo en las dos revoluciones mencionadas, vinieron Hegel y Marx, que divinizaron el poder del Estado. Vinieron Stalin y Castro. Y ahora tenemos a Sánchez e Iglesias. Todos niegan la soberanía del pueblo. Su ideal es volver a la servidumbre de la gleba. Y para mayor escarnio de la inteligencia se llaman a sí mismos progresistas. Y en efecto lo son. Progresan marcha atrás hasta la Edad Media.

En resumen, la finalidad del comunismo-socialismo no es la libertad del ciudadano, supuestamente soberano, sino la imposición de su ideología. Ellos son los nuevos señores feudales con derecho de pernada. La consigna de la campaña electoral de Ayuso, comunismo o libertad, es equivalente a esta otra: servidumbre de la gleba o ciudadanía libre y soberana.

José María Méndez

Presidente de la Asociación Estudios de Axiología

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