El Museo Thyssen presenta la primera retrospectiva en España de Georgia O’Keeffe (1887-1986), una de las máximas representantes del arte norteamericano del siglo XX.
Con una selección de 90 obras, la exposición ofrece un recorrido completo por su trayectoria artística; una oportunidad única para descubrir y admirar el trabajo de esta artista fascinante, cuya presencia fuera de los Estados Unidos es verdaderamente excepcional. De hecho, con cinco cuadros en sus colecciones, el Thyssen es la pinacoteca con más obra de la pintora fuera de su país.
Este ambicioso proyecto expositivo ha sido posible gracias al apoyo de más de 35 museos y colecciones internacionales, principalmente norteamericanas, entre los que sobresale el Georgia O’Keeffe Museum de Santa Fe, por su generoso préstamo y su apoyo incondicional.
Georgia O’Keeffe es una de las pocas mujeres artistas asociadas a las corrientes artísticas de vanguardia de la primera mitad del siglo XX en Estados Unidos. Desde que, en la temprana fecha de 1916, deslumbrara a los círculos artísticos de su país con unas audaces obras abstractas y se encumbrara como una pionera de la no figuración, Georgia se convirtió en una de las principales figuras de la modernidad estadounidense.
La exposición comienza con algunas de esas obras que tanto sorprendieron en el Nueva York de finales de la década de 1910 y continúa con un recorrido completo por toda su trayectoria. La disposición cronológica de los cuadros se suma a su presentación temática, lo que permite seguir los hitos más destacados de su carrera y, al mismo tiempo, mostrar la evolución de sus principales preocupaciones artísticas.
A través de las salas se descubre así a una artista cuyo lenguaje osciló siempre entre figuración y abstracción. Sus primeros paisajes de Texas o de Lake George muestran su interés siempre latente de captar la naturaleza y sus ciclos vitales, así como su deseo de crear una composición en la que los elementos formales - el color y la forma - fueran los auténticos protagonistas.
A ellos se une una importante selección de sus famosas pinturas de flores de gran formato, que se exponen junto a los lienzos que dedicó a pintar hojas, conchas o huesos. Un capítulo especial está dedicado a las vistas de Nueva York para, a continuación, dar paso al cambio que se produjo en su arte y su vida cuando, a finales de la década de 1920, realizó su particular conquista del Oeste.
Fascinada por los paisajes y la mezcla de culturas de Nuevo México, convirtió este remoto estado en el tema principal de sus pinturas y en su hogar definitivo desde finales de los años 1940. A comienzos de la década siguiente, dos visitas a España fueron el desencadenante de numerosos viajes internacionales e inspiraron nuevas obras. Para terminar, la última sala muestra algunos de los objetos que se conservan de su taller, prestados para la ocasión, que permiten reconstruir su método creativo.
La exposición en Madrid, comisariada por Marta Ruiz del Árbol, conservadora del Área de Pintura Moderna del Museo, pretende reivindicar a Georgia O’Keeffe como una artista viajera. Una pintora para la que el viaje es, además de propiciador de nuevos temas, parte fundamental de su proceso creativo.