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El futuro del Festival de Bayreuth

Rafael Sánchez Mantero
viernes 05 de septiembre de 2008, 20:41h
Nadie puede poner en duda a estas alturas que Richard Wagner es uno de los compositores más grandes de todos los tiempos y que su figura es indisociable de la Historia del pueblo alemán. Su música se deja oír con fuerza en los escenarios de todo el mundo y alcanza una sonoridad especial en el Festpielhaus de Bayreuth, “el templo de la verde colina”, donde todos los veranos se cumple el rito de la representación de varias de sus óperas. A participar en la ceremonia, acuden los devotos wagnerianos de todo el mundo como si se tratase de una peregrinación que han de hacer, al menos una vez en la vida.

Este año de 2008, el Festival de Bayreuth ha tenido una significación especial. Después de más de cincuenta años al frente de su organización, primero junto a su hermano Wieland y en solitario tras la muerte de éste en 1966, Wolfgang Wagner, nieto del compositor, ha decidido ceder el testigo para que alguien tome el relevo. Independientemente de quien ocupe su puesto –la sucesión todavía no está nada clara- hay que reconocer la gran labor desarrollada por el inquieto y emprendedor “intendente” que decía adiós en la última función del pasado 28 de agosto.

Ha sido muy oportuno que la despedida se efectuase con la representación de Parsifal, para muchos la obra cumbre del genial compositor de Leipzig, y también que la brillante e inteligente dirección del “festival escénico sacro” por parte del noruego Stefan Herheim, pusiese en relación sobre el escenario la historia del pueblo alemán y la trayectoria de la familia Wagner. La redención –motivo central de la obra- se aplica en esta producción al propio pueblo alemán, sumido en un complejo de culpabilidad después de la caída del nazismo. Redención en la que el mundo entero participa y que toma cuerpo en un brillante e ingenioso recurso escénico mediante el cual, todo el público asistente en la sala se incorpora al escenario. Con la constante presencia de Wahnfried –la villa de R. Wagner en Bayreuth- y con las frecuentes referencias a las calamidades originadas por Alemania durante el siglo XX, la magistral batuta del maestro italiano Danielle Gatti, ha acertado a interpretar con una solemne lentitud la complicada partitura de la obra.

El futuro del Festival de Bayreuth está ahora en juego. Se inicia una nueva era, y es de esperar que sea cual fuere el sucesor de su nieto Wofgang, se mantenga la viva la llama de Richard Wagner en la pequeña ciudad bávara para que los devotos puedan seguir disfrutando de su música inigualable.

Rafael Sánchez Mantero

Catedrático de Historia Contemporánea

RAFAEL SÁNCHEZ MANTERO es Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla

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