El capitán ya no está en condiciones de presionar al presidente merengue, como en anteriores renovaciones.
Hasta el próximo 30 de junio. Ese es el plazo que le queda a Sergio Ramos para decidir si se quiere jubilar en el Real Madrid, club del que es capitán y leyenda absoluta, o si prefiere poner un punto y aparte en su pomposa trayectoria deportiva. Con 35 años, le ha llegado el momento de inflexión. Tiente ante sí la posibilidad de seguir los pasos de emblemas con Raúl González e Íker Casillas -con diferente resultado- o puede amarrarse al amor que le profesa al escudo que representa al madridismo. Entidad que le reclutó cuando tenía 19 años.
El futbolista y Florentino Pérez conversaron sobre su renovación en Elche, el 30 de diciembre de 2020. Nada más. Eso es todo. Los posicionamientos iniciales del proceso negociador no se han modificado ni una pulgada, con lo que el bloqueo, a estas alturas, resulta granítico. Desde el palco de Chamartín se le propuso atender a la crisis financiera derivada de la pandemia y aceptar una temporada de contrato y el suelo rebajado en un 10% que han propuesto a toda la plantilla. Y el sevillano afirmó querer un acuerdo de dos cursos con el mismo estipendio.
Atrincheradas las partes, ha trascendido que no van a volver a dialogar hasta que finalice el último partido liguero. Ni la cúpula ni el central están por la labor de distraer la atención en este apretadísimo desenlace de la pelea por LaLiga. Zinedine Zidane y el resto de los miembros del vestuario lo agradecen, pero parte de la afición yace preocupada. El dilema está servido y cuesta mucho calibrar quién pierde más si se separan los caminos.
El rendimiento de Ramos en el turbulento ejercicio 2020-21 no refuerza la legitimidad de sus aspiraciones contractuales frente a la política madridista de renovar de año en año a los más veteranos. El jugador nacido en la localidad de Camas dejó un mal recuerdo en la vuelta de las semifinales de la Liga de Campeones. En la eliminación sufrida en Stamford Bridge se le vio lento, fuera de forma. Y fue torturado, al lado del resto de la línea defensiva, por la energía del Chelsea. Todo apunta a que forzó su reaparición antes de tiempo. Y lo pagó.
Pero, además de este duelo puntual, una visión en perspectiva de la temporada describe un declive sensible en su despliegue sobre el verde. Indiscutibles su jerarquía emocional y oficio, cada vez le cuesta más amarrar a delanteros de todo pelaje técnico que tengan la velocidad suficiente al espacio. Ni él ni Raphael Varane -que también ha de renovar- han dado la talla, dibujando un bajón que contrasta con la sensacional solidez que aportaron al Madrid campeón de la pasada Liga. En aquella inercia triunfal posterior al confinamiento.
Se ha lesionado seis veces desde que inicio el curso -problemas gastrointestinales, dos dolencias en la pantorrilla, malestar físico y un infortunio muscular- y sólo se había perdido tantos partidos y pasado tantos días fuera de los terrenos de juego una vez en su carrera como madridista. Estos problemas anatómicos susurran serias dudas a la hora de ofrecerle un nuevo contrato, con un sueldo de 12 millones de euros, de duración hasta 2023. La incógnita sobre en qué nivel volverá a competir cuando recupere del todo su físico está sobre la mesa.
Es por ello que el defensor se ha quedado sin la posición de fuerza que ha tenido tras veces para negociar. Lejos han quedado los tiempos en que su entorno usaba los altavoces mediáticos más importantes para filtrar supuestas ofertas de los clubes más importantes del planeta y se trataba de dejar en un lugar comprometido a Florentino ante los ojos a la hinchada. Las duras campañas lanzadas, con toda potencia, hace más de un lustro han perdido fuelle. Porque no cabe una argumentación consistente con un rendimiento y edad como lo actuales.
A lo largo de estas décadas de ligazón entre el ganador de cuatro Champions League y el Real Madrid se ha constatado la distante relación que mantiene el dirigente madridista y René Ramos, hermano y agente de Sergio. Las espinosas maniobras cruzadas en anteriores negociaciones habrían alejado del todo al presidente y el representante, quedando el futuro del futbolista reducido a un diálogo, cara a cara, con Pérez. Con menos ínfulas que en episodios precedentes. No le queda otra.
Atrás han quedado la "oferta muy importante de China" (que nació abortada ante la imposibilidad de abonar el transfer), la voluntad de subida salarial por el gol que sembró la Décima, la proclamación de la "relación padre-hijo" entre ambos o la afirmación de la continuidad del jugador en Concha Espina hasta que abandone el deporte profesional. Y, también, la curiosidad estadística que envuelve sus renovaciones más discutidas en los años con más días lesionado de su currículum (en 2015, 2016 y 2019).
A tres partidos de la finalización de su contrato, se encuentra padeciendo una dolencia que le ha colocado en un brete. Si fuerza para despedirse del Madrid sobre el campo se podría perder la inminente Eurocopa. En este punto límite, no ha trascendido, como en otras ocasiones, que posea ofertas mareantes para salir de Valdebebas. Sólo se ha hecho pública su aprobación a la renovación de Neymar con el PSG. Respondió al post del brasileño con cuatro emoticonos de aplausos. Sea como fuere, debe decidir cómo quiere que se recuerde su final en el club de su vida. Para el que un día dijo que "jugaría gratis".