¿Rectificación en el PSOE?
lunes 08 de septiembre de 2008, 09:41h
La fiesta minera asturleonesa de la localidad leonesa de Rodiezmo suele marcar el inicio del curso político para el Presidente del Gobierno. Zapatero, en su tierra, suele lanzar mensajes para consumo interno, en un ambiente informal. No interviene solo, pues gusta de acompañarse de alguna figura relevante del PSOE. Nada especialmente altisonante. Salvo que, en esta ocasión, quien ha hablado ha sido Alfonso Guerra. Cada vez que el ex vicepresidente toma la palabra, no deja indiferente a nadie. Es un hecho que la manera de hacer política en tiempos del binomio González-Guerra dista mucho del actual estilo de Zapatero. Fuera de otro tipo de consideraciones, si algo no se le puede negar a la “vieja guardia” del PSOE era su sentido de estado. Sus diferencias con el principal partido de la oposición eran notables, pero al menos, en cuestiones tales como la lucha antiterrorista o en la concepción de una nación de ciudadanos –que no de territorios- navegaban parejos.
La estrategia de Zapatero ha sido bien distinta. El Presidente ha gobernado contra el PP, en un claro intento de condenarle al ostracismo político, sacándole del marco constitucional, en base a una alianza estratégica con el nacionalismo soberanista –cuya ilustración más aparente fue el estatuto de Cataluña. Pero el hecho es que el PP ha resistido el cerco sin dividirse ni derrumbarse. Y, lo cierto es que ambas formaciones políticas suman 324 de los 350 escaños del Hemiciclo. Sería lógico, por tanto que entre ambos se pusieran de acuerdo en asuntos claves para España. Pero, hasta ahora, no ha sido así, por cuanto Zapatero, al abandonar la sociedad constituyente que existía entre los dos partidos mayoritarios desde 1978, ha quedado hipotecado a los nacionalistas: una decisión política de gran alcance que ha roto con una concepción –y una tradición- secular de la izquierda española. El caso es que, aprovechando esa concentración leonesa, Guerra ha alertado sobre la actitud de determinados gobiernos autonómicos –“cada uno tira hacia su lado”-, considerando la actual situación como “preocupante”, y atisbando la posibilidad de pactos con el PP.
Las advertencias de un dirigente de referencia como Alfonso Guerra, desde un punto de vista de izquierdas, son indudablemente muy oportunas. Sin embargo, más de uno estaría legitimado a pensar que: ¡a buenas horas, mangas verdes! Porque el hecho es que Zapatero ha alimentado durante demasiado tiempo a un nacionalismo insaciable al que ahora es incapaz de contener ni satisfacer. Tan es así, que el comportamiento de sus compañeros catalanes del PSC deja cortas algunas reivindicaciones de los nacionalistas. ¿Por qué nadie ha levantado, en sazón, la voz dentro del PSOE? Los pocos que tuvieron en su día la coherencia y el valor de hacerlo -Rodríguez Ibarra, Joaquín Leguina, Redondo Terreros- han quedado marginados o retirados del centro de la política socialista. La propia Rosa Díez hubo de abandonar las filas socialistas ante la deriva nacionalista del partido. Estaba sola. Y lo peor es que tras ella, nadie ha tomado el testigo crítico, imprescindible por lo demás, en toda formación política. El tiempo dirá si las declaraciones de Guerra señalan una rectificación significativa de una parte del PSOE.