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BILBAO

Basquiat, Saura o Shnabel en 'La línea del ingenio', lo nuevo del Museo Guggenheim

'España' (Spain), 1986 Óleo, platos y Bondo sobre madera.
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'España' (Spain), 1986 Óleo, platos y Bondo sobre madera. (Foto: © Julian Schnabel, Guggenheim Bilbao Museoa, Bilbao, 2021)
domingo 16 de mayo de 2021, 14:25h

El Museo Guggenheim Bilbao presenta La línea del ingenio, una selección de obras de la Colección del Museo, así como otras que están en préstamo a largo plazo, que pueden calificarse de ingeniosas y experimentales. Esta muestra aúna a artistas de diferentes generaciones que trabajan con diferentes medios e incluye algunas piezas significativas de la Colección que apenas han sido expuestas, junto con otras más conocidas para el público. Los autores incluidos en la exposición, de naturaleza inquisitiva, emplean materiales y técnicas inusuales y muchos de ellos desafían de forma lúdica las convenciones estéticas como manifestación de ingenio y humor. La línea del ingenio es la primera exposición comisariada por la curator Lekha Hileman Waitoller, incorporada al Museo Guggenheim Bilbao en octubre de 2019 procedente del Art Institute of Chicago.

Organizada temáticamente, la exposición dedica la primera sala a obras que fueron creadas fuera del contexto tradicional del estudio del artista y a procesos artísticos poco habituales. Algunas de las obras de esta galería habitan el espacio de forma inesperada, como ocurre con Sin título (Habitación de alabastro, 1993), de Cristina Iglesias, que integra en su presentación la arquitectura de una esquina de la galería. Las planchas de alabastro translúcido de la obra flotan grácilmente inclinándose suavemente en ambos extremos al tiempo que alteran la luz, tanto de su entorno como del espacio.

Por su parte, Objeto para la reflexión (Object for Reflection, 2017), de Alyson Shotz, consta de innumerables piezas de aluminio perforado unidas por anillas de acero. Desde lejos, el objeto parece una escultura pesada y voluminosa, pero una mirada atenta descubre lo translúcido y maleable del material. De hecho, esta obra adquiere su tridimensionalidad solo al ser instalada: suspendida del techo, la tensión y la gravedad transforman la chapa metálica en escultura.

La obra Hichiko Happo, 2014) supone un singular ejemplo de proceso artístico, ya que esta pintura fue creada por Yoko Ono durante una conmovedora performance celebrada con ocasión de la retrospectiva que el Museo Guggenheim Bilbao le dedicó en 2014. La artista pintó sobre los nueve lienzos que componen la obra la frase en japonés “siete fortunas y ocho tesoros.” La tinta sumi negra, que Ono empleó con gran energía, gotea y fluye en cada lienzo evocando la tradición de la pintura de acción y también la antigua caligrafía de su Japón natal.

Por su parte, la cinemática reacción en cadena que se suscita en la pieza de los artistas Peter Fischli y David Weiss Como van las cosas (Der Lauf der Dinge, 1987) crea la ilusión de un movimiento continuo de materiales ordinarios como ruedas, fuegos artificiales y un globo. Con una presentación aparentemente sencilla, el filme es una secuencia de fallos orquestados, como caídas, vertidos y pequeñas explosiones, que crean un continuo caos controlado. En esta pieza la suma de lo absurdo y de los objetos cotidianos desafía los fundamentos de la alta cultura en una ingeniosa combinación de juego y experimentación.

La segunda sala de la exposición incluye una selección de obras figurativas que ilustran las múltiples maneras en que los artistas tratan el tema de la forma humana. La repetición en serie a través de varios lienzos o en una única composición es la estrategia empleada por algunos autores reunidos en esta galería. Estas obras, creadas en un lapso de cincuenta años, ponen de manifiesto diferentes maneras de abordar la figuración, revelando la experimentación formal y conceptual que subyace a la representación. Como parte de la exposición se muestra una selección procedente de la icónica serie de dieciséis lienzos de Georg Baselitz La señora Lenin y el Ruiseñor (Mrs. Lenin and the Nightingale, 2008), que supone una vuelta de tuerca en el género del retrato tradicional, donde los grandes y expresivos lienzos presentan las figuras al revés.

La mitad de las obras de esta serie muestran a los personajes pintados con vivos colores ante un fondo blanco, mientras que, en la otra mitad, están representados en tonalidades grises y azuladas sobre fondo negro, un recurso estilístico que otorga a la figura el lugar predominante. Baselitz afirmaba que pintar las figuras invertidas en sus obras le sirve para generar distanciamiento en el observador, que ha de contemplar detenidamente el contenido. Formalmente, estos cuadros logran una cierta abstracción, al tiempo que conservan el componente figurativo.

En este espacio también se muestra una selección de pinturas de mujeres sonrientes procedente de la serie de once lienzos de Alex Katz Sonrisas (Smiles, 1994). El retrato realizado con colores planos, un espacio pictórico poco profundo y líneas escuetas, pero sumamente descriptivas, ante un fondo monocromo es un motivo recurrente en Katz. Sus temas funcionan como herramientas para la investigación artística en torno a la tradicional dicotomía figura/fondo. El objetivo del artista no es describir la personalidad de las modelos, sino ofrecer una reflexión más profunda sobre la naturaleza de la representación y la percepción de las imágenes. Mediante la repetición del recurso compositivo, del tratamiento de la figura y el fondo, y del gesto —la sonrisa— Katz conduce al observador a fijarse no en el personaje concreto, sino en la experimentación pictórica que surge de las diferentes representaciones.

La última sala reúne una selección de obras abstractas que son inventivas en sus métodos y materiales, llevando los diferentes medios artísticos más allá de sus límites. Algunos autores adoptan materiales poco tradicionales, como pintura comercial, cerámicas, o pizarra y tiza. Sus piezas invitan al observador a considerar la elección de materiales y métodos por parte de los artistas y cómo aquellos les brindan diferentes posibilidades.

Julian Schnabel empezó a exponer sus características pinturas de platos rotos en 1979, en las que insertaba fragmentos de vajilla en Bondo (una especie de resina de poliéster) y sobre los cuales, pintaba posteriormente al óleo imágenes en bruto. Notables por su escala heroica, sus motivos distorsionados y recargadas texturas, estas pinturas surgieron de una visita del artista a Barcelona en 1978, en la que tuvo oportunidad de ver los mosaicos del arquitecto catalán Antonio Gaudí. En obras como la monumental España (Spain, 1986), Schnabel transfiere la superficie de mosaico a la pintura, transformando ambos en el proceso: los platos y tazas rotos surgen de la superficie como abruptas pinceladas escultóricas, interrumpiendo el plano pictórico.

El trabajo de Erlea Maneros Zabala explora el papel que desempeñan los medios de comunicación en la conformación de las narrativas contemporáneas a través del tratamiento que estos hacen de las imágenes y de su visión subjetiva de la historia. En su obra de 2013 Grafía Vasca; tipografía y ornamentación: 1961– 1967 (Basque Graphics; Typography and Ornament: 1961–1967) Maneros Zabala se apropia de una iconografía cargada de significado político e histórico y la invierte, transforma y serializa. Las treinta y nueve planchas de cobre que integran la obra no muestran la página impresa, sino la matriz de la que surge el texto, a modo de presentación arqueológica que trata de demostrar el proceso de reproducción mecánica mediante una tecnología industrial obsoleta. Muchos de los artistas de esta sala experimentan con la fisicidad de la pintura.

Para Prudencio Irazabal, su medio es fundamentalmente un fluido polímero líquido al que añade gel para espesarlo antes de incorporar pequeñas cantidades de pigmento para crear diferentes colores con distinto grado de translucidez. Debido a la viscosidad de la pintura, el artista coloca unos bordes temporales para evitar que el fluido discurra por los laterales. Una vez construida la superficie, retira los bordes revelando la profundidad de la superficie y la luminosidad del color, como queda patente en Sin título #767 (1996). La línea del ingenio presenta una revisión de obras que abarcan varios estilos y movimientos centrados en temas específicos que exploran el ingenio, la experimentación y las prácticas artísticas distintivas. Instaladas en diálogo entre sí, estas obras de arte ofrecen la posibilidad de contemplar las decisiones críticas que hacen los artistas al seleccionar materiales y técnicas, dando fe de su metodología artística y proceso individual.

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