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TRIBUNA

Símbolos comunes

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
sábado 22 de mayo de 2021, 19:22h

Los comuneros fueron decapitados el 24 de abril de 1521, un día después de que su Ejército, constituido por miles de soldados de infantería, fuese aplastado por la caballería del condestable de Castilla, Fernández de Velasco, y puede que gracias a la lluvia torrencial que castigó más a los peones armados, que a los jinetes de la aristocracia que defendían al rey Carlos I.

Un 24 de abril de cuatrocientos años después, otro rey, Alfonso XIII, inauguraba una estatua de Juan Bravo, uno de los líderes comuneros, en Segovia. La estatua y el lugar de su ubicación estuvo rodeado de polémica; destacados intelectuales, entre ellos Ortega y Gasset, criticaron el estilo cursi de la figura del comunero, y que su ubicación afeaba uno de los parajes más hermosos de la ciudad de Segovia.

Se cuenta que uno de los oradores del acto conmemorativo, confundió reiteradamente el apellido del héroe comunero, y Alfonso XIII, para corregirle, le soplaba en voz baja, y varias veces, la palabra “Bravo”, para sacar al orador de su error. En un momento, el fogoso tribuno interrumpió su discurso cuando el rey le sopló la enésima vez el nombre del caudillo comunero, y entonces, con gran emoción, exclamó:¡Gracias majestad!, pues pensó que el monarca compartía totalmente sus encendidas palabras. El público asistente debió pasárselo muy bien.

Era abril de 1921, y los comuneros podían considerarse símbolos nacionales, aceptados ampliamente por la pluralidad de pensamientos políticos. La discusión sobre si los comuneros eran un ejemplo de liberalismo cosmopolita, o por el contrario, eran más bien representantes de una rebelión autárquica y a contrapelo de los altos designios históricos de España, parecía que se estaba quedando en el ámbito de las controversias académicas.

Los liberales de Cádiz, o los afrancesados como Sempere y Guarinos, los federalistas de la Primera República como Pi y Margall, o los regeneracionistas como Ganivet, Picavea, Modesto Lafuente o Rafael Altamira, etcétera, cuya interpretación de los comuneros era diferente a la habían establecido autores como Balmes, Danvila, Cánovas, Menéndez Pelayo, etcétera, constituían una pluralidad de visiones referidas al hecho histórico de la derrota de Villalar, que no impedían, sino que, a la altura de 1921, contribuían a que los comuneros fuesen siendo paulatinamente símbolos compartidos de su país; en Francia, lo que significa Napoleón Bonaparte se discutía intelectualmente, pero eso no impedía que se aceptasen sus estatuas y las lápidas de sus batallas -gloriosamente perdidas o ganadas- como parte de la inventada tradición nacional francesa.

Pero en 1923, el general Primo de Rivera terminó por las malas con la Constitución de 1876, y cuando, años después, el rey Alfonso XIII despachó al dictador ya no pudo impedir la proclamación de la II República en 1931.

Con el golpe de Estado de Primo de Rivera los símbolos dejaron de ser otra vez compartidos. La ideología republicana surge del deterioro de la dictadura de Primo de Rivera, y enlazando con el aprecio que tuvieron líderes de la Primera República, como Salmerón, con los comuneros, los nuevos republicanos, como Azaña, reivindicaron la derrota de Villalar, y esta vez, además, con una bandera republicana nueva, cuyo color morado se creía que era el del pendón castellano de Padilla, Bravo y Maldonado. Muchos años más tarde, se comprobó que el color autentico del pendón era carmesí, pues el tiempo lo había desteñido hasta un color morado (el presidente socialista de Castilla y León, José Constantino Nalda, fijó en un decreto el color auténtico de los símbolos castellanos).

Los comuneros simbolizaban el jacobinismo republicano. Es interesante que nacionalistas vascos, como Manuel Irujo, o catalanes, como Pere Corominas, Marcelino Domingo y algunos más, aunque no eran proclives a la españolidad republicana, sí alabaron a los comuneros, como heraldos de una “España nación de naciones”.

Para el conservadurismo de aquellos años, España era lo mismo que decir centralismo. Los comuneros eran el símbolo de ruptura de la nación. Sólo al final de la II República, Narciso Alonso Cortés, intelectual vallisoletano, y Misael Bañuelos, un burgalés y gran profesor de medicina, intentaron cambiar a la opinión pública de las provincias castellanas con un proyecto de estatuto regional. Suponía reencontrar símbolos compartidos, pero el estatuto llegaba tarde. Se hacía público el 26 de mayo de 1936….y la Guerra Civil abrió otro enorme período premeditado de olvido de los símbolos comunes, entre otros, el símbolo del Villalar comunero.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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