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TRIBUNA

Mensaje social del liberalismo

José María Méndez
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axiologiatelefonicanet/9/9/20
lunes 24 de mayo de 2021, 20:20h

En la década 1952-1962 estuve fuera de España. Cuando volví, lo que más me llamó la atención fue que ya no hubiera gente pidiendo limosna a la puerta de las iglesias en las misas de los domingos. Se había eliminado la mendicidad, la parte más visible de la pobreza.

En los años 60 se inició la prosperidad económica que, con los inevitables altibajos, duró hasta el año 2004, en que se retiró Aznar. Entre 1960 y 1970 incluso se habló en todo el mundo del milagro económico español. En realidad, hubo una larga etapa de 44 años seguidos de política liberal. Ni siquiera el gobierno de Felipe González invirtió esta tendencia de fondo, aunque disminuyera su intensidad.

Se confirmó la tesis de que el liberalismo genera riqueza y consigue a la postre la eliminación de la pobreza. Logrado esto, las diferencias sociales ya no se dan entre pobres y ricos, sino entre ricos y más ricos. Ya nadie es pobre. Y eso resulta ya socialmente soportable. Desaparece la razón misma de ser del comunismo- socialismo, que surge obviamente de las excesivas e intolerables injusticias causadas por la pobreza.

Pero las felices etapas de política liberal no son eternas. Por fuerza aparecerán siempre circunstancias externas, que echan todo a perder. Concretamente en España, fue el espantoso atentado terrorista en Madrid el 11 marzo 2004. Y cuatro años después casi todo el mundo, España incluida, fue sacudido por la crisis económica de 2008. Empezó con la quiebra de Lehman Brothers, y antes de ser superada, ha empalmado con la pandemia del coronavirus. Las actuales colas en los comedores públicos nos están diciendo bien claro que la mendicidad ha vuelto.

Por tanto, el mensaje liberal no puede depender exclusivamente de la prosperidad generada por una economía boyante. Debe incluir además algún mecanismo que erradique la pobreza en las épocas de vacas flacas, con las que hay siempre que contar. Y ese mecanismo no puede ser otro que alguna variante de Renta básica.

Este es un tema de actualidad entre los economistas Todos se dan cuenta, de un modo u otro, de que se trata de un aspecto que no puede seguir estando ausente en cualquier programa político que pretenda ser responsable. Por eso, el mensaje liberal tiene que incluir hoy día alguna propuesta concreta de Renta básica.

Hay muchos modelos al respecto. Algunos son tan ambiciosos que proponen nada menos que desmontar la actual economía de mercado. En mi opinión, se trata tan sólo de eliminar la pobreza. Conseguir lo que Franco consiguió en los años 60 del siglo pasado. Justo por eso su régimen siguió en pie hasta su muerte, a pesar de su déficit democrático. Cuando las diferencias no se dan entre pobres y ricos, sino entre ricos y más ricos, se logra una suficiente y estable paz social. Eliminada la pobreza, la economía liberal se libera, valga la expresión, de la mayor acusación contra ella.


En mis artículos Modelos de Renta básica (10/07/19) y Ya está todo pagado (07/11/19) expuse el Modelo que llamo MAT (Modelo Agencia Tributaria). Se basa en la idea de que los avances informáticos permiten hoy día que la Agencia Tributaria haga un balance para cada ciudadano mayor de edad, persona a persona y año tras año, entre sus ingresos y sus necesidades más elementales. Y si los gastos de esas necesidades elementales exceden a los ingresos, la Agencia Tributaria envía cada año al interesado un cheque con la diferencia.

Los comunistas y socialistas son siempre más diligentes que los liberales a la hora de tener en cuenta la Renta básica. Su defecto está en que recurren al impuesto sobre el patrimonio para financiarla. El impuesto sobre el patrimonio ha sido abolido en la mayoría de los países. En efecto, es lo más parecido a un atraco a mano armada perpetrado por gobiernos. Se comprende que en el proceso de creación de la riqueza una parte sea detraída como impuesto. Pero, una vez terminado ese proceso, el recién nacido bien económico se convierte en el contenido o materia de un derecho de propiedad, que como tal no puede estar sujeto a nuevos impuestos, sino en todo caso al robo. El modelo MAT no recurre al arbitrario impuesto sobre el patrimonio.

Por otra parte, eliminar la pobreza es todo lo que el liberalismo espera del Estado central, de las autonomías y ayuntamientos, de todo el aparato público. La desaparición de la mendicidad no supone desde luego haber alcanzado el ideal de la perfecta justicia social. La mendicidad es sólo el aspecto más lacerante de la pobreza. Sin embargo eliminada la pobreza, queda mucho por hacer. El liberalismo encomienda esta tarea restante a la iniciativa privada. Se trata del mecenazgo de todo tipo, ejercido por fundaciones y otras organizaciones parecidas. Todo aquél cuyos ingresos exceden a sus necesidades está en situación de convertirse en un benefactor o mecenas. Con el modelo MAT el Estado ha hecho todo lo que tenía que hacer en el tema de la justicia social. Ha agotado lo que esperábamos del aparato público.

Si se acusa al modelo MAT de fomentar la holganza, no hay inconveniente en dar la razón a los críticos. Eliminada la pobreza, en el mensaje liberal sólo cabe que la sociedad eduque a los ciudadanos en la censura moral de la pereza y el elogio de la laboriosidad. Habría que modificar ligeramente la fábula de la cigarra y la hormiga. Aunque, gracias al modelo MAT, la cigarra no corra ya riesgos de ser castigada por su holgazanería, la moraleja de la fábula consistiría ahora en ser responsable hormiga de lunes a viernes, y divertida cigarra sólo sábados y domingos. En todo caso, el peligro de la picaresca nunca será argumento suficiente para omitir la Renta básica en el mensaje del liberalismo puesto al día.

José María Méndez

Presidente de la Asociación Estudios de Axiología

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