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TRIBUNA

Aniversario del gobierno de Mitterrand

Alejandro San Francisco
martes 25 de mayo de 2021, 20:15h

Hace 40 años, el 21 de mayo de 1981 François Mitterrand –uno de los líderes socialistas más importantes del siglo XX– asumió como Presidente de Francia. Se trataba de un dirigente de larga trayectoria, que había enfrentado incluso al general Charles de Gaulle en las elecciones de 1965.

El momento histórico era contradictorio en Europa y en el mundo. Por una parte, en 1979 Margaret Thatcher había asumido el gobierno en Gran Bretaña y a comienzos de 1981 Ronald Reagan había llegado a la Casa Blanca en los Estados Unidos: ambos realizarían una profunda renovación de las ideas “conservadoras” y plantearían con sentido de misión la necesidad de derrotar al comunismo. Por otra parte, al este del Telón de Acero comenzaban a producirse algunos cambios: el surgimiento de Solidaridad en Polonia había significado la erosión de la fortaleza de la dictadura del régimen, en tanto la figura del papa polaco Juan Pablo II también contribuía a generar esperanzas a ese pueblo tan sacrificado durante la Segunda Guerra Mundial. La Unión Soviética, a su vez, vivía los últimos años de la gerontocracia, y a mitad de la década comenzaría la renovación, con un joven, carismático y brillante líder: Mijaíl Gorbachov. En ese contexto se dio la victoria de Mitterrand.

En la primera vuelta de la elección presidencial, el 26 de abril de 1981, hubo dos candidatos de derecha: Valéry Gircard d’Estaing y Jacques Chirac, quienes obtuvieron más votos que los dos líderes de la izquierda, el propio Mitterrand y Georges Marchais (representante del Partido Comunista). Sin embargo, el 10 de mayo en la segunda vuelta el socialista superó el 51% de los sufragios, derrotando a Gircard d’Estaing, que solo alcanzó el 48% lo que le permitió acceder al poder por un periodo de siete años.

Una vez en el gobierno, aprovechando los vientos favorables, Mitterrand disolvió el Parlamento de inmediato y convocó a nuevas elecciones, en las que fueron barridos sus adversarios, con lo cual el PS se alzó como la principal fuerza política, que “controlaba por completo Francia”, en palabras de Tony Judt. Su programa original era radical y anticapitalista, e incluía un gran plan de nacionalizaciones que incluyó a 36 bancos, empresas financieras y grupos industriales. En un primer momento, hubo pánico económico, caída de la bolsa y otros indicadores del “peligro socialista”.

Quizá eso justificaba la preocupación de los Estados Unidos, y la falta de entusiasmo sobre la elección de Mitterrand, que el propio gobernante reconoce en sus Memorias interrumpidas: “¿Cómo se iban a alegrar con la victoria de un candidato de izquierda, que disponía de apoyo comunista, lo que permitía vislumbrar su ingreso en el gobierno?” Efectivamente, los comunistas se integraron al Ejecutivo, incluso como ministros.

Después de 1982 Mitterrand modificó sus posturas y decisiones económicas, dando un gran giro, que incluyó congelación de precios y salarios y reducción del gasto público. Tiempo después dejó de lado la colaboración comunista en el gobierno, abandonando las posibilidades de una transformación socialista mayor. Curiosamente, en la segunda etapa de su gobierno –por las veleidades de la política y del régimen de gobierno francés – siguió como Presidente, pero con primeros ministros de derecha en un par de ocasiones, como fueron los casos de Jacques Chirac y Éduard Balladur. Poco antes de morir en 1996, Mitterrand alcanzó a observar el comienzo de las privatizaciones de muchas empresas, incluidas algunas que él había estatizado. Paradojas de la historia.

No está de más recordar que en noviembre de 1971, el líder galo había visitado Chile, país que vivía un proceso revolucionario bajo el liderazgo de Salvador Allende. No obstante, en esa ocasión el socialista francés aunque recibió poca atención. En esa ocasión su visita coincidió con el viaje del dictador cubano Fidel Castro a Chile: si bien ambos admiraban el proceso político de la Unidad Popular y ciertamente al presidente Allende, no cabe duda que la izquierda nacional –el Partido Comunista, el Partido Socialista y el MIR (este último fuera de la UP)– tenía puestos sus ojos y corazón en Castro y no en Mitterrand. El francés, como registró la prensa chilena de la época, estaba interesado en conocer el “original” proceso que vivía Chile por entonces, ya que procuraba “una reforma revolucionaria de las estructuras económicas” con un “respeto escrupuloso de las libertades democráticas”. De eso hace ya medio siglo.

Con el tiempo, muchos socialistas chilenos mudarían sus afectos, en una historia llena de evolución y aprendizaje político. El socialismo de entonces, en Europa y en América Latina, también experimentaría importantes cambios –la experiencia de Mitterand en Francia es ilustrativa al respecto–, algunos de los cuales tienen gran relevancia en el momento actual de las democracias, más evolucionadas y también más amenazadas por fenómenos como el populismo.

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