La CUP es un partido de extrema izquierda. No solo está contra el orden social establecido en nuestra...
La CUP es un partido de extrema izquierda. No solo está contra el orden social establecido en nuestra nación por la voluntad general libremente expresada del pueblo español. Está contra el orden social del mundo occidental.
Asustados ante unas nuevas elecciones autonómicas catalanas que pudieran golpearles, los dirigentes de la CUP decidieron apoyar la investidura de Pere Aragonès. Pero no gratis. El nuevo presidente debía aceptar la caravana de exigencias de los extremistas de izquierda. Y ha bastado un desahucio para que hayan desencadenado el rosario de violencias callejeras de los últimos días como advertencia al nuevo presidente de la Generalidad de lo que le espera.
Cataluña bordea el precipicio de la ingobernabilidad. Solo el dinero que circula a torrentes por la clase política de aquella región contiene una situación cada día más insostenible. El equilibrio nacional que se consiguió con Convergencia y Unión y con la sabiduría política de Jordi Pujol permitieron el desarrollo de una Cataluña afianzada dentro de la Constitución del 78.
Apenas queda nada de aquellos años primeros del posfranquismo. Jordi Pujol, que es un político moderado y prudente, se debate hoy, ya anciano, zarandeado por el acoso judicial. Y la paz social se ha fragilizado en Cataluña agredidos todos por la violencia de la extrema izquierda. Las imágenes de los últimos días auguran un futuro cada día más incierto y vulnerable. Son muchos los que vaticinan que Pere Aragonès no podrá gobernar, que será incapaz de sortear los obstáculos que interpondrán en su camino los ultraizquierdistas de la CUP y otros grupos políticos.
El dinero lo sabe. Y la fuga de empresas desde Cataluña al resto de España alarma por su número y su contundencia. Nadie cree, además, que Pedro Sánchez dominará la situación y mucho menos a base de concesiones, indignidades y genuflexiones. El polvorín catalán, en fin, está próximo a estallar.
La decisión del Tribunal Supremo, rechazando los indultos a los políticos delincuentes del proceso introduce sensatez ante los despropósitos de Pedro Sánchez. La política del Gobierno en Cataluña no puede estar supeditada al do ut des del presidente del Gobierno. Yo te indulto, tú me votas. Al pobre Sánchez se le han complicado mucho las cosas con los acuerdos a los que llegó con ERC para conseguir sus votos con el fin la investidura y la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado.