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CRÍTICA

El Teatro Real estrena Viva la mamma, ópera bufa de Gaetano Donizetti

El Teatro Real estrena Viva la mamma, ópera bufa de Gaetano Donizetti
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(Foto: Javier del Real)
jueves 03 de junio de 2021, 16:00h
Caras conocidas de la sociedad, la política y la cultura se dieron cita el miércoles en el Teatro Real con ocasión del estreno en Madrid de esta apuesta cómica del genio de Bérgamo, antepenúltimo título de la temporada de ópera que está finalizando y que aún nos deparará, hasta su conclusión el 24 de julio, obras tan apetecibles como “Orlando furioso”, de Vivaldi, en versión de concierto, y “Tosca”, de Puccini; una de las más esperadas, que pretende ser el broche de oro hasta la nueva temporada.

Le convenienze ed inconvenienze teatrali es el título real de esta obra (una coproducción del Teatro Real con las Óperas de Lyon y Ginebra), que se representará en el coliseo madrileño hasta el 21 de junio. El título “Viva la mamma”, muy cinematográfico -algo menos operístico- fue, en realidad, acuñado en 1969 por el cineasta Helmut Käutner con ocasión de una producción de la obra en el Teatro Cuvillés, de estilo rococó, de Múnich.

En opinión de quien escribe, el título original (podría traducirse por algo así como “Las ventajas y los inconvenientes de hacer teatro”), es sólo aparentemente serio. Parece un título de obra de ensayo o de manual (piénsese en como quedaría precedido de la preposición “sobre”), por lo que, sin duda, fue elegido deliberadamente por el autor con finalidad irónica; pues ironía y parodia es esta ópera de principio a fin. Estrenada en Nápoles en 1827 y perteneciente a la primera época creativa del compositor (1797-1848) -que vio surgir títulos tan célebres como L’elisir d’amore o Lucia di Lammermour-, la obra -que también vino a España y se estrenó en el Teatro de la Cruz de Madrid, en 1839- fue olvidada hasta su rehabilitación en la década de 1960. En ella se caricaturiza la soberbia y la altanería de los divos de ópera: la acumulación de sus intereses particulares, incompatibles entre sí, dan al traste con la representación de una ópera bien concebida, pero a la que los artistas acuden mal preparados, al tiempo que, egoístamente, pretenden sobresalir individualmente y anular al resto.

El toque de humor -en el sentido de “percepción de lo contrario” dado al término por Luigi Pirandello en 1908-, entre tanta comicidad, lo pone el personaje de la madre, una mujer dominadora, grotesca, y ridícula que, con la excusa de promocionar a su hija, soprano relegada al papel de la “segunda donna”, a lo que aspira es a ponerse a sí misma. Con este fin llega a audicionar “La canción del sauce”, del Otello de Rossini; uno de los momentos más chuscos de toda la ópera, en donde el barítono malagueño Carlos Álvarez se lució como nadie en la première del miércoles interpretando a este personaje travestido.

A su lado, como hija de Mamma Agatha y segunda prima donna, cantó Sylvia Schwartz. Esta soprano española nacida en Londres ha sido miembro estable de la Deutsche Staatsoper de Berlín, donde ha trabajado con Daniel Barenboim. Ha cantado papeles de lírico ligera, como Susanna (Le nozze di Figaro) o Pamina (Die Zauberflöte), y ligera, como Oscar (Un ballo in maschera).

En el rol de “prima donna” cantó la georgiana Nino Machaidze, una soprano lírica con buena coloratura que ha sido, entre otros roles, Musetta (La bohème), Juliette (Roméo et Juliette) en el Festival de Salzburgo, o Adina (L’èlisir d’amore) en la Stattsoper de Viena.

Esta producción cuenta con un segundo reparto de cantantes, formato que se ha ampliado a la dirección musical, donde dirigen los maestros Evelino Pidò y José Miguel Pérez-Sierra, que recientemente ha dirigido en el mismo teatro Don Fernando, el emplazado, de Valentín de Zubiaurre.

La concepción escénica y el vestuario han sido el trabajo en esta coproducción del parisino Laurent Pelly, actualmente considerado un especialista en el repertorio francés e italiano, que últimamente ha ampliado al checo y al ruso. Su apuesta para esta ópera ha sido ambientarla en los años cincuenta, intentando evocar el universo de Broadway en esa década, al igual que hiciera con el Falstaff, de Donizetti, en 2019. A su lado han trabajado Chantal Thomas, en la escenografía, y Joël Adam, en la iluminación.

Donizetti fue un compositor de una efervescente creatividad (compuso setenta y una óperas) y un gusto sublime, lo que le permitió componer alternativamente, tanto en dentro del género serio con el jocoso (otras de sus óperas bufas, aparte de la citada, son Il Campanello ni notte, ópera en un acto compuesta durante una reclusión forzosa por una epidemia de cólera, Don Pasquale, o la Fille du régiment, una ópera francesa). Quizás fuera esa sutilidad del compositor la que le indujera a introducir en sus óperas bufas un cierto trasfondo poético, de melancolía, de invitación a la reflexión, pero también de autocrítica, que va mucho más allá de la mera burla. Así, en Viva la Mamma -como ha resaltado Joan Matabosh, director artístico del Teatro Real-, la poesía está detrás de la comedia: como homenaje a la Cultura, al Arte, y al Teatro, indisolublemente ligado a la especie humana y que persistirá mientras ésta exista.

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