www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Novela

Nina Bouraoui: Rehenes

domingo 06 de junio de 2021, 19:56h
Nina Bouraoui: Rehenes

Traducción de Adolfo García Ortega. Seix Barral. Barcelona, 2021. 141 páginas. 17 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Aránzazu Miró

Rehenes es un monólogo de la protagonista, quien se presenta como Sylvia Meyer: mujer de 53 años, con dos hijos, separada, y que trabaja en la sección de personal de una empresa francesa. Como la autora Nina Bouraoui explica, es la adaptación de una obra de teatro; evidentemente, también en forma de monólogo.

Es ella sola quien nos narrará la reflexión de lo sucedido, desde el cómodo puesto de análisis a hecho pasado. En realidad, quien nos irá poniendo en antecedentes sobre el desarrollo de su vida en lo que ella misma considera lo importante para podernos contar ese suceso, del que solo nos pondrá sobre aviso con una palabra: violencia.

De manera que nos adentramos en su narración a la espera de conocer ese suceso que ha ocurrido. Craso error. «Estaba segura de que nada cambiaría en mi vida, por eso hice esa idiotez con Andrieu». Hemos superado la mitad de la novela. Conocemos, para entonces, la vida rehén de una mujer que sale adelante, esa vida moderna que parece que tanto hemos anhelado las mujeres. Esa vida que ella misma resume: «No tengo tiempo para mí, si acaso un poco para los demás, pero apenas para la verdadera vida»; otra será cuando nos la defina como «esa en que todo se detiene y te permite sentir el viento en la piel, oír el canto de los pájaros cuando llega la primavera, soñar con otro porvenir, no mejor, pero sí diferente.»

Con esto bastaría para entender el título. Y cuando en idas y venidas nos cuenta Sylvie la realidad de una vida como la que podemos estar viviendo cada uno de nosotros, en la que cuando ni siquiera marcha todo bien, aparece el monstruo de la crisis y el trabajo de nuestra protagonista consiste en preparar los listados y clasificaciones de quiénes merecen sacrificar su puesto de trabajo para mantener la continuidad de la empresa. «Vengué a los míos», dirá.

Una vida de lo más normal, por otra parte. En la que las cosas no nos van ni demasiado bien ni demasiado mal, y nuestros trabajos nos fuerzan a tomar decisiones que aunque no siempre tengan consecuencias directas en el resto del grupo, sí nos hacen cuestionarnos la ética y la moral de, como mínimo, la sociedad en la que vivimos. En todo esto nos hace pensar el transcurso del monólogo de Sylvie Meyer hasta que llega el suceso, el tan anunciado, ese preludiado por su violencia, y solo entre líneas imaginaremos qué ocurre, aunque lo único claro es que eso ha dejado de ser lo importante.

De repente, y se precipita el final, las cosas se tuercen. A Sylvie la acuden a buscar a su casa, nunca sabremos quiénes, y la conducen hacia el lugar desde donde ha emprendido la narración del monólogo. Entonces, en esa reflexión que no ha sido nada lineal, nos narrará un hecho, el que no había aparecido jamás en sus reflexiones previas, por el que entenderemos que se haya convertido en rehén. O que lo seamos todos, que el título está en plural. Y que ella en realidad acabe ‑empiece la narración‑ desde un lugar ajeno a todo. Tampoco puedo desvelar más. Lo único que añadiría es que, a mis ojos, sobra el capítulo final en forma de carta. «Si soy culpable de algo, ha de ser de eso y solamente de eso. Culpable de haber alojado a un intruso. He crecido y he envejecido con él. El cuerpo fantasma. No era consciente de ello, pero ahora lo soy».

Ese es para mí su perfecto final. La falta de consciencia en el trasfondo de tantas situaciones en la vida es en realidad lo que nos hace rehenes, y a la vez cautivos de nosotros mismos.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios