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Epistolario

Miguel Delibes/Francisco Umbral: La amistad de dos gigantes

domingo 06 de junio de 2021, 20:09h
Miguel Delibes/Francisco Umbral: La amistad de dos gigantes

Prólogo de Santos Sanz Villanueva. Destino. Barcelona, 2021. 452 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 8,99 €. Se publican más de 300 cartas, algunas inéditas, intercambiadas desde 1960 hasta 2007 entre los dos grandes escritores que nos dan cuenta de su fértil relación en lo profesional y personal y de todos los entresijos, literarios, políticos..., de la época. Por Carmen R. Santos

“Eres el ligue más largo que he tenido en mi vida”, le escribe con humor Francisco Umbral (Madrid, 1932-2007) en una de las misivas que intercambia con Miguel Delibes (Valladolid, 1920-2010), quien le dice “ni de novio tuve una correspondencia tan activa”, recogidas en este magnífico epistolario –editado primorosamente por Araceli Godino López y Luciano López Gutiérrez-, que incluye más de trescientas cartas, algunas inéditas, de los dos escritores entre 1960 y la muerte del autor de Mortal y rosa. La obra se enriquece con un prólogo del catedrático de Literatura de la Universidad Complutense de Madrid, investigador y crítico literario Santos Sanz Villanueva, que encuadra a la perfección la fértil relación de amistad entre estos dos gigantes de nuestras letras, como bien reza el título de la obra.

La relación, consigna Villanueva, “se inició a finales de los años cincuenta y duró hasta los últimos días Umbral en agosto de 2007, no mucho antes de que su mentor falleciera en marzo de 2010. El trato directo fue abundante, y ambos propiciaron encuentros en diversos lugares, en Madrid y Valladolid, sobre todo. Pero sujetos los dos a múltiples obligaciones el correo les sirvió como medio principal para mantener vivo el contacto. Con frecuencia por motivos prácticos y laborales. Mas también por hacerse confidencias privadas y literarias”.

En efecto, esos dos ámbitos ocupan la correspondencia que nos permite no solo conocer mejor a sus dos protagonistas, sino también los entresijos del ámbito editorial, los premios literarios, o la elección de académicos en la RAE, y un completo panorama periodístico, político, social y literario de esa época, en buena parte ensombrecido por la censura hasta que nuestro país recobró la libertad. Esa libertad que el diario El Norte de Castilla, que el creador de tantos y tantos personajes inolvidables, como, entre otros muchos, la Carmen de Cinco horas con Mario, Azarías y Paco el Bajo de Los santos inocentes, el Eloy de La hoja roja, o el Nicolás de Señora de rojo sobre fondo gris. Esta última novela tamizada con un gran trasfondo autobiográfico, y homenaje a su esposa, Ángeles de Castro, cuya muerte sumió a Delibes en una honda depresión. En estos momentos, podemos ver la versión teatral de la novela, en la que un José Sacristán en estado de gracia encarna a Nicolás, en el madrileño Teatro Bellas Artes.

Delibes y Umbral se conocieron cuando el primero fichó al segundo para colaborar en El Norte de Castilla, y, a partir de ahí, mantuvieron incólume su vinculación. Y ello, a pesar de sus marcadas diferencias de personalidad, un Umbral no pocas veces provocador frente a un Delibes discreto, y de concepción literaria. Así, el respeto, amistad y cariño que ambos se profesaron no les impidió, sin embargo, manifestar discrepancias, e incluso reproches, como cuando, por ejemplo, Delibes le dice a Umbral que algunas de sus novelas pueden ser “superficiales y sin esqueleto”, o que quizá escriba demasiado, acompañados de confesiones como, en el caso de Umbral, su reconocimiento de carencias, “no tengo sentido de la novela”, o en el de Delibes, “tal vez alimento una concepción estrecha y superada del género”. En líneas generales, no obstante, se rinden mutua admiración. Delibes encomia el estilo umbraliano, y Umbral califica a su amigo como “clásico vivo”.

No se escatiman referencias a la situación personal de ambos ni a los problemas de salud, físicos y psicológicos que sufren, algunos compartidos como el insomnio y el recurso del Valium, y que en algunos momentos les traen por la calle de la amargura. También a los terribles golpes de la vida -la muerte del hijo de Umbral a los cinco años a causa de la leucemia, traumática experiencia que refleja en Mortal y rosa, o el fallecimiento prematuro, a los cincuenta años, de la esposa de Delibes-, aunque estas tragedias las abordan en sus cartas con especial pudor.

Con acierto en su prólogo, Santos Sanz Villanueva se detiene en los encabezamientos y despedidas que aparecen en las misivas, que nos proporcionan a vista de pájaro un recorrido por las etapas de su relación “que pasó de ser la de dos escritores y sus intereses peculiares a abarcar los respectivos círculos familiares”.

El pasado año se conmemoró el centenario del nacimiento de Delibes, un tanto ensombrecido por la pandemia, aunque esta, por fortuna, no consiguió opacarlo totalmente. De todas formas, más allá de efemérides puntuales, resulta imprescindible no olvidar a extraordinarios creadores, como son Miguel Delibes y Francisco Umbral. Sí, cada uno a su manera, dos gigantes de la literatura. La lectura de esta correspondencia es una excelente ocasión para volver a disfrutar de sus respectivas producciones.

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