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OBITUARIO

Fallece el tenor español Francisco Ortiz

miércoles 09 de junio de 2021, 17:13h

El tenor español Francisco Ortiz, sin duda el mejor tenor spinto español de la segunda mitad del siglo XX y uno de los mejores tenores de este período a nivel internacional, falleció en Madrid la madrugada del 8 de junio. El mundo de la lírica española pierde así a uno de sus exponentes más sólidos e internacionales, por su poderosa voz, luminoso timbre e impecable técnica vocal.

“Con cada nota que acaricia se produce un terremoto”. Así oí a una jovencísima y reciente aficionada a la ópera, calificar, con evidente sorpresa por el preciado descubrimiento, el canto de Francisco Ortiz hace aproximadamente un año. La voz de Ortiz siempre ha sorprendido por su caudal, potencia y fulgor, y su canto por su grandeza, igual en todo el registro de la voz, y -algo que no suele acompañar a lo anterior- su facilidad para los registros agudos, que ejecutaba con toda naturalidad. Especializado en los principales roles de la ópera italiana para tenor spinto, o de forza, Ortiz fue en realidad un lírico puro, de un timbre muy grato, y su temperamento, extrovertido y viril (así define el Diccionario de cantantes líricos españoles su timbre y su personalidad en escena).

Nacido en Almendralejo (Badajoz) en 1938, Ortiz mostró muy pronto inclinación hacia el canto, en un principio por el cante flamenco. Pronto descubrió que tenía cualidades para el bel canto y, a los veinte años de edad, inició sus estudios de canto y música en el Conservatorio de Madrid, donde permaneció dos años. Tras estudiar en Valencia con Francisco Andrés Romero, marchó a Milán, donde, después de estudiar con la célebre Mercedes Llopart, continuó su formación durante cuatro años con Sara Corti, su auténtica profesora -cantante lírica, directora de orquesta y dotada de una increíble intuición para la docencia en el canto-, quien mejor supo encauzar su voz y continuaría revisándole los intensos veintinueve años que duró su trayectoria como tenor profesional. Fue la suya una larga y apasionante carrera (poco conocida en España para los no iniciados, por motivos no muy comprensibles), en la que llegó a cantar varias óperas distintas en una misma semana y en diferentes escenarios de Europa. Su carrera quedó bien establecida en 1971 tras cantar una Norma con Caballé y con Bianca Berini como Adalgisa. En 1973 debutaría en el Liceo y en la New York City Opera. En Nueva York pronto se afianzó como uno de los mejores intérpretes del rol protagonista de Cavalleria rusticana. En 1975 sustituiría a Bergonzi en Manon Lescaut. Ese año y los inmediatamente posteriores se presentaría en Frankfurt, Berlín, Viena, Budapest, Toronto y un larguísimo etcétera.

Entre los roles operísticos más célebres de Ortiz figuran los papeles protagonistas masculinos de las óperas italianas más célebres: Norma (título en el que compartió escenario, además de con Montserrat Caballé, con figuras como Joan Sutherland, o con las mezzosopranos Grace Bumbry o Tatiana Troyanos), Il trovatore y La forza del destino (con Martina Arroyo o con Fiorenza Cossotto), Turandot, que cantó junto a Birgit Nilsson, Tosca (junto a Grace Bumbry y Nicolae Herlea, Gwyneth Jones, o la misma Birgit Nilsson), Cavalleria rusticana (con Helena Obratzova, con Cossotto, o con el bajo Julio Catania), Pagliacci -también junto a Arroyo-, Aida, ópera con la que debutó en Praga en 1968, Attila (con Leontyne Price) y tantos otros títulos. En muchas de estas óperas Ortiz llegó a superar el centenar de funciones y con Norma alcanzó el millar.

Francisco Ortiz también contribuyó de forma considerable, con su voz y su técnica, a la valoración del mal llamado “género chico”. A los pocos meses de su debut firmó su primer contrato estable -por un año- en el Teatro de la Zarzuela, como primer tenor. Allí cantó Bohemios, El barberillo de Lavapiés o Doña Francisquita (obra con la que, a lo largo de su carrera, alcanzó las 280 funciones). Pasado este primer período, al cerrar el teatro para acometer unas reformas, el tenor marchó con la compañía Riol a Hispanoamérica, donde llegó a cantar hasta tres títulos distintos cada día. Al regresar de América cantó durante dos años con el empresario José Tamayo, en algunas de cuyas antologías participó. En estos años tomaría también parte asiduamente en Los Festivales de España. También ha quedado para la memoria su estupenda grabación de El Pájaro Azul, del maestro Millán, junto a Caballé, de 1971.

Durante su apasionante carrera Ortiz trabajó a las órdenes de los mejores directores musicales del momento, tanto extranjeros (Ricardo Muti, Zubin Metha, Peter Maag…), como españoles (Moreno Torroba, Jesús López Cobos, Antoni Ros Marbá, Enrique García Asensio…)

La trayectoria de Ortiz como tenor destaca aún más si se considera que logró hacerse un hueco más que honroso en una época descrita como edad de oro del bel canto (entre 1940 y 1980, aproximadamente), por haber concentrado el mayor número de cantantes de gran calidad en la historia de la interpretación operística.

Francisco Ortiz dedicó el último período de su vida profesional a la docencia desde su retirada de los escenarios a mediados de los ochenta. En una entrevista concedida al diario La Opinión en 2015 afirmaba: “La música es un oficio de constancia, pero los jóvenes de hoy no tienen tanta paciencia como antes y en cuanto creen que pueden cantar se lanzan a ello sin esperar a prepararse del todo.” El maestro Ortiz, Paco Ortiz, como se le llamaba cariñosamente en el mundillo del canto lírico, deja un grandísimo y grato recuerdo en los escenarios de ópera mundiales, pero también un gran vacío en la pedagogía del canto, un vacío que será muy difícil llenar.

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