Fracturas identitarias: Roquetas como augurio
Ángel Duarte
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aduarteelimparciales/8/1/8/20
martes 09 de septiembre de 2008, 21:25h
La unanimidad es total. No ha sido un problema racial. Que se sepa, en España, como mínimo desde 1492, no somos racistas. Por tanto, lo vivido en Roquetas tiene que ser otra cosa. No se sabe muy bien qué, pero otra cosa.
Aparentemente coinciden en el análisis todas las autoridades, con independencia de la adscripción partidaria. Lo asegura el ministro del Interior y lo afirma el alcade de la localidad: ha sido un “caso aislado”, siempre lo es; el municipio es “un ejemplo de convivencia e integración”, como todos. Admitir lo contrario, dicen, equivaldría a ensuciar el nombre del pueblo. ¿De verdad? ¿Están seguros que esto último es cierto? ¿No condicionará, en dicho caso, la posibilidad de que se reconozca que, efectivamente, hay tensiones entre grupos étnicos distintos?
La respuesta, creo, va de suyo. De todas maneras el alcalde, que al fin y al cabo es quien tendrá que afrontar la cuestión en los próximos meses y años, ha dejado caer un dato: el municipio tiene 80.085 habitantes de Roquetas; entre ellos hay 25.407 inmigrantes censados. En términos porcentuales, la cifra de recién llegados representa el 30,95% de la población total. En los últimos cuatro años –con legalizaciones masivas de por medio- la cifra de población extranjera –y, por si no lo habían tenido en cuenta, pobre de solemnidad- ha aumentado en un 40% en los últimos cuatro años. Esto, con perdón del buen nombre de Roquetas, no hay comunidad que lo resista. Por eso, el propio munícipe se permite urgir al Gobierno central para que adopte medidas orientadas a “conseguir el equilibrio” de los flujos migratorios y la “estabilidad de los trabajadores autóctonos e inmigrantes”. Vamos, que no haya un constante ir y venir, que se proceda a regular las llegadas y que se invierta en las zonas urbanas deprimidas.
Seamos sinceros. Lo que no se entiende es porqué no ha pasado antes. Aunque ello no sea del todo cierto, la memoria es muy corta y no parece llegar, en buen estado, ni al 2000. Bien, sea como sea, no se entiende que con esos ingredientes el acontecimiento no haya tenido lugar hasta este principio de septiembre. En particular porque en barrios como el de las 200 Viviendas –el escenario- lo que parece que ha tenido lugar ha sido la previa ocupación de un sector entero de la ciudad por parte de una comunidad en el interior de la cual -algunos de sus miembros, todos ellos aislados… como siempre- se dedican al tráfico de drogas y contribuyen a acelerar el proceso de degradación del barrio. Y porque es ahí, precisamente, donde acaban recalando la inmensa mayoría de esos más de 25.000 inmigrantes a los que alude el señor alcalde. Eso no está ocurriendo sólo en Roquetas. Es una modalidad de ocupación del espacio que se ha producido en numerosas ciudades españolas.
En definitiva, que lo vivido no será racismo, pero es un conflicto que refleja lo duras que pueden ser en el futuro inmediato las fracturas identitarias, los riesgos que comportan y los retos y exigencias que nos plantean. Antes que esconder la cabeza debajo del ala, parece más prudente la actitud del Defensor del Pueblo abriendo una investigación para poner en claro, más allá del episodio del asesinato de Ousmane Kote y de las reacciones posteriores, las causas de un estallido de violencia que constituye, por él mismo, todo un triste augurio.
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Catedrático de Universidad de Gerona
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