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EDITORIAL

La luz y la gasolina en máximos: el Gobierno debe bajar los impuestos

EL IMPARCIAL
jueves 17 de junio de 2021, 14:30h
Los precios de suministros básicos como la luz eléctrica o los carburantes no dejan de subir. La salida de la crisis que “no iba a dejar a nadie atrás”, según la propaganda gubernamental, está marcada por este encarecimiento que afecta a toda la ciudadanía, con especial impacto sobre los sectores más humildes de la población.

Los mensajes del Gobierno son más sangrantes si se tiene en cuenta que tanto la luz como la gasolina o el diésel son algunos de los productos con mayor carga fiscal y que, por tanto, está en manos ministeriales el reducir los impuestos que los graban.

Así lo ha reconocido implícitamente la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, al asegurar que el Gobierno “no descarta” suspender algún impuesto que pesa sobre la electricidad para tratar de aliviar el precio final de la factura.

Esta medida no es nueva. Ya en 2018 se suspendió durante seis meses el impuesto a la generación eléctrica del 7%. Esta rebaja momentánea apenas afectará a un 2 o un 3% de la factura, en la que, además de la generación eléctrica se pagan otras muchas cosas. El 70% del peso de la luz corresponde a peajes e impuestos.

El ministro de Consumo, Alberto Garzón, ha anunciado, por otra parte, que el Gobierno está estudiando una reducción del IVA de la luz. Este impuesto se graba un producto tan básico como la electricidad con un 21%, uno de los porcentajes más altos en el contexto europeo.

Otro de los mordiscos al bolsillo de los ciudadanos viene del precio de los carburantes. No sólo afecta al ciudadano que tiene que llenar el depósito para desplazarse o ir a trabajar. El alza de su precio termina trasladándose al resto de productos por el encarecimiento de su transporte.

El Gobierno anunciaba, junto al plan 2050 para España, una subida de los impuestos de los carburantes, con especial incidencia sobre el diésel. Al parecer, la voracidad recaudatoria del Estado no se ve satisfecha todavía, a pesar de que la mitad del precio final de los carburantes se vaya a las arcas públicas.

Como en el caso de la electricidad, la subida de impuestos a los carburantes también viene revestida de verde, de ecológica y de sostenible para el medio ambiente.

Es necesario, en definitiva, bajar los impuestos de los carburantes y la electricidad y dejar de cargar sobre los hombros de la ciudadanía el coste de la crisis.
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