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Ensayo

Antonella Marty: El manual liberal

lunes 21 de junio de 2021, 00:17h
Antonella Marty: El manual liberal

Deusto. Barcelona, 2021. 470 páginas. 18,95 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En El Manual Liberal. Qué es y qué defiende el liberalismo político, económico, individual y cultural Antonella Marty coordina una obra coral en la que participan escritores reputados, economistas, historiadores, politólogos…, en tanto en cuanto, el objeto de estudio (el liberalismo) contiene muchos matices y componentes. Una primera conclusión es que no puede relegarse solo, como normalmente hacen sus detractores, al terreno de la economía. Al respecto, Mario Vargas Llosa sentencia lo siguiente: “El liberalismo nace, fundamentalmente, con la idea de acabar con la pobreza, con las injusticias que producen la pobreza en nuestras sociedades. La democracia se carga de este contenido social, en gran parte, gracias a las ideas liberales” (p. 225).

A lo largo de su recorrido histórico, el liberalismo ha insistido en la obligatoriedad de cuestionar al Estado y limitar su poder, estimando que tal estrategia redunda en la libertad de los individuos. Esta premisa es compatible con reivindicar el poder coercitivo de la institución estatal, susceptible de aplicarse aquél contra quienes vulneren las leyes. Asimismo, en la obra también encontramos advertencias de calado, destacando que defender el libre mercado no te convierte automáticamente en liberal. En este sentido, resulta muy sugerente el término “iliberal” acuñado en 1997 por Faared Zakaria y que en la actualidad sirve para calificar a dirigentes como Duterte, Orban o el mismísimo Trump, poco respetuosos con la dignidad humana y partidarios a ultranza de emplear la maquinaria estatal para imponer sus propias concepciones de la ética, la política y la moral.

La obra nos permite conocer también la trayectoria histórica del liberalismo desde sus orígenes hasta la actualidad, susceptibles de remontarse aquellos a la Grecia clásica, época en la que sobresalieron los sofistas y la reivindicación hecha por Aristóteles de la propiedad privada frente a la comunal (págs. 345-346). En este desarrollo temporal, uno de los momentos culminantes lo hallamos en el absolutismo y los menosprecios recurrentes al Parlamento por parte de los monarcas.

Frente a tal escenario, cuyo paradigma lo constituía Francia, nos encontramos a los Países Bajos, cuyo ejemplo de tolerancia a todos los niveles, influyó significativamente en el liberalismo inglés, con figuras de calado como John Milton o Richard Overton, en una agitada centuria que concluyó con la Revolución Gloriosa, acontecimiento que consumó el triunfo de las ideas de John Locke: “Los hombres instauran gobiernos para proteger sus derechos (…) El gobierno representativo es la mejor manera de garantizar que éste se mantenga dentro de los límites de su función legítima” (p. 136).

Este conjunto de ideas se difundió como la pólvora, teniendo como uno de sus primeros destinos las colonias inglesas en Norteamérica, constituyendo de esta manera la base sobre la que los Padres Fundadores edificaron Estados Unidos, sin olvidar la admiración que suscitaron entre ciertos intelectuales europeos (por ejemplo, Voltaire). De una manera más general, puede afirmarse que el credo liberal ha llegado hasta nuestros días a través de figuras como Hayek, Friedman, Rand, Nozick o Mises, referentes analizados de forma pormenorizada en la obra que tenemos entre manos.

Con todo ello, este éxito no ha significado que el liberalismo haya conseguido el monopolio indiscutible en el terreno de las ideas. Por el contrario, le han surgido abundantes enemigos, los cuales aparecen identificados en este libro: nazismo, fascismo, populismo, conservadurismo y socialismo. Todas estas doctrinas tienen en común su desprecio por el binomio individuo-libertad. En palabras de Carlos Alberto Montaner: En las predicciones de Marx y Engels, pese a presumir de científicas, no se manejaban fechas ni cifras precisas. Naturalmente, esa transformación de la especie no ocurriría en un abrir y cerrar de ojos. Para lograrla era importante crear un mecanismo represivo: la dictadura del proletariado” (p.170).

En definitiva, como subraya la profesora María Blanco, el liberalismo “no es un libro de recetas, es decir, permite que cada persona camine por su senda siempre que no obligue a los demás a hacerlo” (p. 292). Lo que sí es tangible, es que ha resistido la prueba del tiempo y las acometidas nada amistosas de sus adversarios a los que ha respondido con solvencia, mediante la defensa a partes iguales de la libertad y de la tolerancia.

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