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REFLEXIONES VOLTERIANAS

CALÍGULA EN EL LICEO: LA ÓPERA ANTES QUE EL CONGRESO

José Varela Ortega
lunes 21 de junio de 2021, 18:55h
Actualizado el: 21/06/2021 19:12h
Por José VARELA ORTEGA

Poco a poco, paso a paso, nos vamos acostumbrando a la enormidad, al disparate de un mundo al revés: al revés de lo que debe ser el funcionamiento de una democracia parlamentaria, Estado de Derecho, división e independencia de poderes y contrapesos. Y, al parecer, ahora toca decapitar al Legislativo. La función central de control del Ejecutivo de la Cámara desaparece, o queda pospuesta, supeditada, a una función de prensa y propaganda, a una operación de imagen en El Liceo de Barcelona. Primero, el teatro; luego, el Congreso: el orden de prelación está claro. Es inverso. No es inocuo. Y tiene consecuencias.

La fascinación de las personalidades psicopáticas por la pantomima, la imitación y la función teatral es bien conocida: aparece estudiada desde las primeras décadas del siglo pasado por Charles Edward Merriam y, sobre todo, por su discípulo en la Universidad de Chicago, Harold Lasswell, autor de un libro clásico, un estudio “seminal”, que dicen los americanos, publicado hacia 1930 con el título Psycopathology and Politics. Después, han seguido decenas de libros y centenares de artículos sobre tan sugestivo tema. El asunto es asaz especializado y complicado, difícil de encajar en personajes concretos. Sin embargo, lo que quizá llame la atención del lector es la vocación por la pantomima de algunos personajes políticos, la fascinación que tienen por actores del teatro y del cine, el estudio que hacen de algunos personajes, su acción, sus gestos, hasta su forma de vestir; en algún caso -notorio y famoso- ensayadas ante el espejo. Se comprende la fijación del psicópata por aprender el oficio de acción y representación: la ficción, la mentira necesita gestos auténticos que simulen la verdad para ocultarla y tergiversarla. Sostengo un apasionado debate con mis amigos ingleses, empeñados en demostrarme que Boris Johnson miente más y mejor. Lo dudo. En todo caso, lo que a unos y otros nos urge averiguar –porque en ello nos va la hacienda, acaso la vida- si estamos ante una raza de presidentes-actores o de actores que interpretan el papel de presidentes. No es lo mismo. A los efectos, invito al lector a observar con cierta atención, los gestos, la forma de moverse y hasta la indumentaria de George Cloony: un modelo entretenido con algunos imitadores interesantes.

La función que nuestro Calígula ha representado en El Liceo lleva por título EL INDULTO, Ópera en un sólo acto. Pantomima nada fácil de representar, porque, con la artimaña de un gesto magnánimo, despreciado por sus supuestos beneficiarios, tiene que disimular, ocultando ante sus incrédulos partidarios, e incluso ante sus interlocutores nacionalistas despectivos e insatisfechos, el alcance de su verdadero objetivo estratégico: una alianza con los que aparenta enfrentarse en el otro extremo de la “Mesa”, puesta en escena de la próxima pieza. En suma, con EL INDULTO estamos ante una de esas escenas de John Le Carré en las cuales nunca nada es lo que parece. Los malvados atribuirán el libreto a Iván Redondo, pero la inspiración debe proceder del Rigoletto de Verdi (d’aprés, le Roi s’amuse de Victor Hugo), por aquella parte de la famosa aria en la cualla donna é mobile aparece qual piuma al vento.Como nuestro actor-Presidente. Y así es, porque“nunca más indultos por motivos políticos”, nos aseguró enfáticamente Sánchez hace muy pocos años. Pues, eso: vayamos preparados para cuando, enla segunda comedia de la trilogía, la MESA, el repudiado referéndum de autodeterminación (si, ese mismo que hace pocos meses tumbó el Parlamento Europeo) reaparezca sub especie consultiva.

Por José VARELA ORTEGA, editor de EL IMPARCIAL

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