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EL ESPIGÓN DE RECOLETOS

Del indulto al insulto

David Felipe Arranz
lunes 21 de junio de 2021, 21:04h
Actualizado el: 21/06/2021 23:29h

La cosa va “mejorando” por momentos. El Consejo de Ministros aprueba este martes los indultos a los nueve políticos presos del “procés”: así lo ha anunciado Sánchez en el Liceo, acompañado de los abucheos de fuera y dentro del teatro, plantón del Govern inclusive, que lo han llamado de todo menos “bonito”, a él y a la delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera, entre botes de humo rojo y banderas “indepes”: desde “botiflers” a “fuerzas de ocupación”. La cosa es que buscando la solución o compravendiendo votos, Sánchez se ha vuelto a encontrar de bruces con la traba, que según la CUP es él mismo: “señor Pedro Sánchez, usted es parte del problema”, le ha espetado el portavoz de la secretaría del partido secesionista, Edgar Fernández. Los abarroteros de La Rambla le están sacando rendimiento a la protesta por la protesta, sin tener en cuenta que los fueros se han de ganar por otras vías, empezando por cambiar la Constitución, que parece que no está aún para cambiarse el traje autonómico, temporada del setenta y ocho.

Hemos pasado del independentismo transaccionado de Pujol a las barricadas de Junqueras, Rovira, Mas y Puigdemont mediante; porque de lo que se trata es de independizarse del centralismo madrileño opresor, que es la justificación y el rédito político de la Cataluña secesionista, y aquí no hay más hoja de ruta que valga que la separación o, lo que es lo mismo, pero dicho en prolijo y en dieciséis palabras, “la acción unilateral del Gobierno catalán de celebrar un referéndum ilegal que conduzca a la independencia”. Tras los parabienes del orbe empresarial y el eclesial, el independentismo desafía al Estado, pasándose por el orto el título de la charla de Sánchez, “Reencuentro: un proyecto de futuro para toda España”. La sentencia del Tribunal Supremo, que condena a los nueve políticos separatistas a chirona por delitos de sedición y malversación, ha sido exorcizada por el presidente, pero no es suficiente para los líderes del “procés” y de Òmnium –la anti-gauche divine–, que esperan que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo (TEDH) los absuelva. El independentismo cacerolante y crepitante pasea una Cataluña crispada y cabreada, pero esconde, tras el zoco del president Pere Aragonès, un roto económico agravado por el coronavirus de 6.000 millones de euros.

Indulto no, sino amnistía, más referéndum e independencia, pero con la Costa Brava y la Virgen de Montserrat por delante, que cada día está más negra. Porque izquierdas y derechas, comunistas y burgueses en Cataluña, se ponen de acuerdo en una cosa: que hay que seguir viviendo de la mamandurria, porque la pela es la pela, Amore. Y, si se puede de paso, dar unas órdenes en Madrid y acojonar al personal de Carrera de San Jerónimo. Porque de lo que se trata no es de desespañolizar Cataluña, sino de hacer de la catalana una región provinciana y resentida, sin Eugenio d’Ors, Salvador Espriu, Josep Pla, Vázquez Montalbán ni Enric Prat de la Riba, claro. Ellos supieron integrar de manera natural su catalanismo y su españolismo sin caer en la esquizofrenia. Que los reaccionarios Jordis los acompañen.

Twitter: @dfarranz

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