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TOROS

Oreja sin peso para El Juli ante una vacía corrida de Alcurrucén

Oreja sin peso para El Juli ante una vacía corrida de Alcurrucén
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(Foto: EFE / Manuel Lorenzo)
Efe
sábado 26 de junio de 2021, 00:40h
El diestro madrileño Julián López "El Juli" cortó la única oreja, y muy generosamente concedida, en la corrida de hoy de la feria de Castellón, donde se lidió un lote de toros de Alcurrucén tan fino y "bonito" de hechuras como vacío de casta.

Los "nuñez" de la familia Lozano eran lo que los taurinos llaman "un taco", por su escasa alzada, su armónico trapío y sus "cómodas" cabezas, muy cerradas, sin apenas ofensividad. Es decir, sobre el papel y marcados con un hierro tan prestigiado, eran seis toros con todas las papeletas para embestir.

Pero, muy al contrario, tan bellos y finos "contenedores" estaban absolutamente vacíos de raza, en tanto que todos salieron al ruedo huyendo abantos de los embroques, se dejaron pegar sin más en varas, se dolieron de mansos en banderillas y se pararon o se desfondaron más temprano que tarde ante la muleta.

Con todo, aún hubo un par de ellos que sacaron un puntito de celo y duración, especialmente el segundo de la tarde, que repitió sus embestidas sin mucha clase en una docena de ocasiones, lo que El Juli aprovechó para hacerle una faena de escaso compromiso, de cites segados y sin ligazón, desplazando más que embarcando esas arrancadas.

Durante el trasteo se escuchó más y mejor a la banda de música que al público, que lo jaleó y aplaudió sólo al final, cuando el veterano diestro madrileño se metió en la distancia corta para ejecutar unos cuantos efectismos antes de matar al de Alcurrucén de una estocada defectuosa y pasear esa oreja, por tanto, de escaso valor.

También dejó un mínimo resquicio al lucimiento el tercero, un precioso castaño que, aunque manseó y se rebrincó los primeros tercios, aún acudió a las telas con cierta entrega en otro puñado de arrancadas, aunque para eso contara, más que su fondo, el acierto de su matador a la hora de plantearle los esfuerzos.

Fue así como Pablo Aguado, citándole a media altura y en una trayectoria nada exigente, logró ligarle tres series de pases con la derecha en los que brilló su temple y el buen gusto de su concepto... hasta que toro y faena se vinieron abajo y el sevillano marró repetidamente con el descabello.

No hubo más miga en toda la tarde, porque Morante de la Puebla, que intentó torear siempre de capa -resaltó sobre todo en una pausada media verónica-, tuvo que desistir sin contemplaciones con los dos de su lote, tan vacíos de todo como los segundos toros de Juli y Aguado, que tampoco perdieron demasiado el tiempo con ellos.
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