El británico no ha podido llegar en las condiciones que hubiera deseado a la salida de la ronda gala.
Primoz Roglic, Tadej Pogacar, Geraint Thomas, Richie Porte, Richard Carapaz, Enric Mas, Miguel Ángel 'Supermán' López, Rigoberto Urán, Vinzenzo Nibali, Bauke Mollema, Sepp Kuss, Tao Geoghegan Hart, Wilco Kelderman, Guillaume Martin, Nairo Quintana, Warren Barguil, Benoît Cosnefroy, Ben O'Connor, Jack Haig, Alejandro Valverde, Julian Alaphillipe, Esteban Chaves, Simon Yates o Jakob Fuglsang forman la lista de nombres a seguir en el Tour de Francia que arranca su recorrido este mismo sábado.
En esa nómina no figura el único de los participantes en esta edición de la prueba gala que la ha ganado en cuatro oportunidades. Se trata de Chris Froome, dorsal 31 del Israel Start-Up Nation, equipo que le ha contratado a cambio de 5,5 millones de euros anuales. No hay ciclista mejor pagado en el pelotón internacional. Pero el rendimiento del británico de 36 años no ha justificado, para nada, semejante desembolso de una estructura que anhelaba asentarse en la élite y pelear por la gloria.
El nacido en Kenia no ha podido alzar el vuelo desde que sufriera una terrible caída mientras ejecutaba una vuelta de reconocimiento a la contrarreloj del Criterium Dauphiné de 2019. Era la primera etapa de la última carrera de preparación antes del Tour de aquel año. Se estrelló a más de 60 kilómetros por hora, rompiéndose el fémur y codo derechos, además de padecer fracturas en varias costillas. Y ese episodio abrió las puertas a una guerra contra la biología que el nacido en Kenia ha perdido con creces.
Froome hubo de aceptar que Ineos, el antiguo Sky, equipo que le lanzó al estrellato, le había dado de lado. La irrupción de Geraint Thomas y Egan Bernal como opciones serías para conquistar las carreras de tres semanas provocaron que 'Froomey' se viera abocado a buscarse la vida. En julio de 2020 llegó a un acuerdo con Israel y hasta que concluyó esa temporada se dedicó a probarse. En la Dauphinè había penado en las carreteras, siendo apeado de la convocatoria para la Grande Boucle, y su estatus de jefe de filas en la Vuelta a España quedó esclarecido en el primer esfuerzo. Se derrumbó a las primeras de cambio y pasó a asumir el rol de Carapaz. Acabó 98º, la peor clasificación de siempre en las grandes vueltas.
Llegó enero de 2021. Maillot y entorno renovados. Al igual que las ilusiones. Por delante, una preparación normalizada -tras los imprevistos generados por el coronavirus- y la participación en el ansiado Tour. Amén de mantener la vista puesta en los Juegos Olímpicos y en la Vuelta española. El equipo israelita emitió en los primeros días de este año estas declaraciones de su referencia: "Mis objetivos no han cambiado. Quiero volver al máximo nivel, luchar por la victoria en el Tour de Francia y en las demás grandes vueltas. Tengo muchas ganas de empezar la temporada 2021 y espero que así sea".
Pasó un mes y en febrero, en su debut en el UAE Tour, le dijo al diario The Guardian esto: "El quinto Tour es un gran reto, pero con cuatro títulos estoy tan cerca.... No hay nada que me detenga, así que me encantaría dar lo mejor de mí y ganar el quinto. El espíritu ganador prevalece y espero que el cuerpo responda". En aquel momento, en la tercera etapa de dicha carrera, rodaba 44º, a casi 15 minutos del líder, la perla eslovena Pogacar.
Y fueron avanzando los días y las semanas. Proclamaría que su rehabilitación ya había quedado atrás, estaba completada. Y en marzo, tras el prólogo de la edición centenaria de la Volta Cataluña, viajaba perdiendo ya más de ocho minutos y medio. No hizo declaraciones ese día, si bien antes del arranque de esa competición había avisado que comparecía allí con el objetivo de "construir la forma de cara al Tour". Su aureola se estaba apagando a una velocidad similar a la que le visualizó acumulando cuatro Tours, dos Vueltas, un Giro, dos bronces olímpicos o tres terceros puestos en los Mundiales de ciclismo en ocho años.
Así las cosas, en abril concedió una entrevista al medio Het Nieuwsblad. "No es difícil de imaginar que la gente ya me haya descartado y es algo que me parece bien. Yo sé de dónde vengo. He tenido que aprender a caminar de nuevo y eso es algo que siempre tengo muy presente. Es algo que demuestra lo lejos que he llegado en el último año", reconoció, antes de recalcar que "no se puede hablar de fechas concretas" para fijar su renacer. Simplemente, señaló que gracias al entrenamiento en altura realizado en Tenerife "ya no me entra la sensación de que las piernas tengan que atravesar el cemento".
Y siguió firme en su determinación para curar el desbalance que la lesión le generó entre su pierna izquierda y la derecha. El 1 de mayo, con el Tour a la vuelta de la esquina, expuso al diario suizo Neue Zürcher Zeitung lo siguiente: "Retirarme habría sido lo más fácil, pero no quería retirarme así. Quiero decidir cuándo creo que ha llegado el momento de dejarlo (...) Aún tengo hambre de correr y hacer todo lo posible para volver a mi mejor nivel. Y estoy tardando más de lo que esperaba, pero no quiero perder la oportunidad. En unos años quiero mirar atrás y decirme a mí mismo que lo he intentado todo". "Sé las heridas que tengo y no espero milagros. No me voy a despertar un día y ganar de repente. Empiezo desde abajo y tengo que volver a subir", subrayó. Afrontando ya el abrazo a la resignación.
Después de finalizar a más de una hora de Geraint Thomas en el Tour de Normandía, a comienzos del mes pasado, relató a CyclingPro que "hay mucho trabajo todavía por delante". "Confío en seguir progresando y, obviamente, intento regresar a mi antigua forma", especificó, tras haber concluido 109º de los 120 corredores que compitieron en una contrarreloj de 16 kilómetros en la que perdió más de tres minutos con el ganador, Rémi Cavagna. A continuación, en su cuenta de Youtube argumentó esto: "En las últimas carreras la gente me decía: 'Cuelga la bici, ya lo hiciste, estás acabado'. Me hizo reír porque esa gente no saben cómo de malas fueron mis lesiones. Ellos no saben lo lejos que he llegado para volver a competir. No me conocen como persona. No voy a colgar la bicicleta. Sé que todavía puedo estar aquí".
Así es como ha llegado el momento tan esperado por Froome, un mito que no corría en el Tour desde 2018, año en el que acabó tercero -por detrás del campeón Thomas y de Tom Dumoulin-. Y en la previa al inicio de la ronda gala ha declarado, con honestidad y humildad, cómo es su presente. Como gregario de Michael Woods. "Iré al Tour para ayudar al equipo lo mejor que pueda. Será una experiencia fantástica para mí y me emociona volver al Tour de Francia (...) En lo que a mí respecta, intentaré mejorar mi condición física. Lo ideal sería ganar una etapa, pero eso es secundario porque el objetivo número uno será proteger a Woods. Así que pueden esperar verme cargando bidones durante las próximas semanas", zanjó. Mas, en su horizonte, todavía, no contempla tirar la toalla ante la ambición.