Simpatía por el diablo escritor
miércoles 10 de septiembre de 2008, 22:44h
Por favor, permítanme que me presente, soy mujer de riqueza y buen gusto y he estado por aquí durante largos años, aunque en las sombras y en las cunetas de las carreteras por las que circulan aquellos que tienen el honor de poseer una voz pública y respetada. Si soy precisa –y con las palabras siempre es deseable serlo –, eso de mujer de riqueza es relativo, si hablamos de riqueza monetaria, soy más bien mujer de pobreza (desgraciadamente se me puede aplicar lo de poor struggling artist, como dirían los amigos anglosajones), pero riqueza en experiencias vitales y en hojas escritas me sobra. Me preguntaba alguien días ha, si era escritora; no supe qué contestarle. ¿Soy escritora? ¿Quién es escritor: aquél que ha recibido un reconocimiento público como tal; aquél que tiene al menos un libro publicado? Yo con diez años me sentía escritora, y con quince y con treinta y siete, pero no tengo ningún libro publicado –aún; soy de lenta maduración, y calvinistamente exigente –, aunque escritos tengo más de uno. ¿Es escritor el que escribe regular y obsesivamente? Estoy leyendo Mortal y Rosa, de F. Umbral el Grande, y pienso en el Escritor. Muchos dicen que Umbral fue un gran columnista, pero un modesto literato; no sé, creo que no estoy de acuerdo con lo segundo. Mortal y Rosa es embriagadoramente bello y potente. Umbral era poeta aun escribiendo prosa, me recuerda a Lawrence Durrell; los dos nadan, se revuelcan, se restriegan, se hunden, penetran, se empapan en el deleite de la palabra, en la untuosidad de su sonoridad y su significado; en las páginas escritas por esos dos, encuentro una y otra vez frases perfectas, ¡qué goce! Los dos emplean líneas y líneas para describir algo pequeño y banal: las uñas con esmalte desconchado; la cortina amarilla en el cuartucho del fondo.
Recientemente, dos amistades admiraron mi disciplina con la escritura; yo me sorprendí un poco, no es mi disciplina la que me hace producir texto en abundancia; soy como Harry Block en Desmontando a Harry, de mi amado Woody Allen: me es más fácil escribir que vivir y funcionar en la sociedad, más bien necesito disciplina para no estar todo el día pegada a mi seductor MacBookPro (¡qué lisa su superficie! ¡qué ligero y presto su teclado bajo mis dedos ardientes!), con el catastrófico resultado de desatender todos los deberes que tengo como madre, educadora, directora de revista, fotógrafo y ama de casa. La vida es complicada, y no sé si puedo decir que soy escritora, pero lo que sí sé, es: 1º. que estoy poseída por el diablo escritor desde los ocho años; y 2º. que es un tanto peligroso someter la vocación de cada cual a unos parámetros generalmente aceptados por la sociedad, y que se traducen en etiquetas y una lista de puntos a completar para ser aceptado como poseedor de la etiqueta en cuestión. ¿Era Umbral sólo un gran columnista, o también un gran literato? ¡Pobre diablo escritor!