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Y DIGO YO

¿Quién paga la fiesta de la independencia?

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
martes 29 de junio de 2021, 20:13h
La falta de solidez de los argumentos del presidente del Gobierno de coalición para justificar el respaldo a los que le permiten estar en la poltrona destruye y deteriora cada día que pasa la credibilidad de las instituciones. La inconsistencia de Pedro Sánchez como guardián de la integridad de España es el esperpento al que tiene sometido a este país.

Ustedes ya lo saben, nuevo capítulo en el serial de despropósitos de un Ejecutivo por mantenerse en el poder. El último, el Tribunal de Cuentas ha reclamado ya más de 5,4 millones de euros a más de una treintena de ex altos cargos de Cataluña por el, todavía hay que decir, presunto desvío de fondos públicos a las embajadas catalanas y a la promoción exterior del referéndum declarado ilegal por el Constitucional del 1 de octubre de 2017, a través del Consejo de la Diplomacia Pública de Cataluña, Diplocat.

Por menos, muchísimo menos, por cantidades ridículas, hay miles de españoles sufriendo inspecciones y pagando multas. Pero claro, ninguno de ellos tiene las llaves de la Moncloa para abrir la puerta a Pedro Sánchez y su tropa de asesores. De nada sirve que cualquiera de estos contribuyentes sancionados eleve un escrito aportando como causa de su “falta” la concordia y la fraternidad que sí se observa en los indultados con planes reconocidos de volver a delinquir.

Y digo yo: ¿De verdad vamos a ver a Carles Puigdemont o a Oriol Junqueras apoquinando 1,9 millones de euros por el Diplocat? ¿Y a Andreu Mas-Colell y al expresidente Artur Mas aflojando hasta 2,8 millones de euros?

Pero claro, Puigdemont ya se ha quejado de que el informe del Tribunal de Cuentas, que ha calificado de “inquisición española”, sobre los gastos del 1-O en el exterior es “franquismo de fondo y forma” y eso no se puede tolerar. Sandeces aparte, quién sí tiene razón es el indultado secretario general de JxCat. Jordi Sànchez exige “coherencia” al presidente del Gobierno porque “no se puede llevar a más de 40 personas con la abogacía del Estado dando apoyo a unas demandas absolutamente surrealistas y muy malintencionadas y prevaricadoras, y por otro lado decir que es el momento de la concordia”.

Es verdad, no se puede decir una cosa y hacer la contraria, pero eso se ha convertido en moneda de cambio habitual en Pedro Sánchez. Uno de los Jordis pide que la abogacía del Estado tenga "un papel distante" en la causa en el Tribunal de Cuentas y veremos lo que tarda el presidente condicionado del Gobierno en decir a todo “amén”.

Además, Sánchez ha recibido en el Palacio de la Moncloa al presidente de la Generalitat de Cataluña, Pere Aragonès, que, lógicamente, pide la reanudación de la mesa de diálogo con Cataluña, e insiste en el eterno mantra (arma de chantaje) de la amnistía y la autodeterminación. Una vez más, ¿qué diálogo puede haber entre dos personas que se piden cosas que no pueden cumplir? Pues solo quedar ir demorando lo inevitable, que es la ruptura de las negociaciones ficticias. Mientras, regamos los “no acuerdos” con un porrón de millones de esos que nos regala Europa y que no cuesta ganar.

Bueno, una parte habrá que devolverla, pero de eso ya se encargará quien venga detrás. Y el coste de tanto despilfarro se sacará de IVAs, tasas, tributos e impuestos varios que se vayan inventando. La imaginación es el límite.

Para gobernar Sánchez perdona a los condenados y para seguir gobernando se plantea perdonar la deuda contraída con la Justicia porque son “piedras en el camino” que “hay que desempedrar”. ¿Quién paga la fiesta ilegal de la independencia, señor Sánchez? ¿El ciudadano al que ya fríe a impuestos? Pues no le quepa la menor duda.

Javier Cámara

Periodista

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