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BALONCESTO

NBA. Antetokounmpo: de mantero y diana de neonazis a MVP y referencia mundial

NBA. Antetokounmpo: de mantero y diana de neonazis a MVP y referencia mundial
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(Foto: Twitter: Giannis_An34)
jueves 01 de julio de 2021, 21:15h
En poco más de un lustro la vida de este extraordinario jugador de baloncesto cambió por completo.

Dos veces MVP de la Temporada de la NBA (2019, 2020); una vez Mejor Defensor de la NBA (2020); cinco veces All-Star NBA (2017, 2018, 2019, 2020, 2021), con un MVP del All Star Game (2021); tres veces nominado en el Mejor quinteto de la NBA (2019, 2020 y 2021); otras tres oportunidades nombrado como parte del Mejor quinteto defensivo de la NBA (2019, 2020 y 2021); Jugador Más Mejorado de la NBA (2017); y la lista de logros y récords estadísticos sigue y sigue creciendo.

Esta es la hoja de servicio de Giannis Antetokounmpo desde que explotó como estrella del baloncesto en Estados Unidos. Líder absoluto de los Milwaukee Bucks que están peleando para entrar en la Finales de la liga, se ha erigido en la cara visible de la industria deportiva norteamericana en el Viejo Continente. Su forma imperial de desenvolverse en la cancha, la lectura de juego que posee y la morfología le han llevado a dominar los partidos de la élite del baloncesto con una facilidad atronadora. Sólo comparable, en este siglo, a LeBron James.

Con 26 años ya está disfrutando de uno de los contratos más jugosos de la historia de la liga. Un total de 228 millones de dólares en cinco años. Esa cifra no refleja otra cosa que es la piedra angular de un proyecto destinado, únicamente, a proclamarse campeones con él como buque insignia. Y ese rol le está asumiendo con una madurez que asusta. Regateando a las campañas de desprestigio y burla que le acechan en torno a su poca pericia en la suerte de los tiros libres y el tino desde media y larga distancia.

Los analistas se cuestionan cómo es capaz de sortear esa presión en los momentos clave. Y para comprender la dureza mental que luce cuando está en juego el anillo de la NBA hay que remontarse hasta sus raíces. Porque Giannis es uno de los hijos de la primera generación de migrantes que llegó a territorio griego procedente de África. En concreto, de Nigeria. Los padres del actual jugador de los Bucks huyeron de su país para buscarse la vida en Europa, en la nación helena. Y allí criaron con muchas dificultades a su descendencia.

La infancia y adolescencia de Giannis se desarrollaría en el barrio de Sepolia, una áspero zona de Atenas, a la sombra de la Acrópolis. Allí le tocaría sobrevivir como mantero. Vendía gafas de sol, DVD o lo que pudiera a los turistas, escapando de los agentes policiales cada cierto tiempo. Por aquel entonces ya había aprendido lo que era tener hambre día tras día. Y, también, el rechazo de Occidente al color de su piel. Mas, asimismo, se fue enamorando de la práctica deportiva. En concreto, del baloncesto.

Su crecimiento físico le abocaba a probar suerte en esa disciplina. Y las necesidades familiares. Considerado legalmente como un extranjero -sin derecho a sanidad, vivienda ni a competir en ligas profesionales- hasta el año en que decidió comparecer en el draft de la NBA -a los 19 años-. Siempre bajo la amenaza de la deportación a Nigeria -país que nunca había visitado- al principio, cuando frecuentaba canchas destartaladas, casi no sabía botar el balón. Pero su determinación por aprender y la dedicación apasionada que le puso no tardó en llamar la atención a alguno de los ojeadores de la zona.

Esa persona que le rescató para el estrellato y le dio la oportunidad de cambiar su vida y la de su familia fue Spiros Velliniatis. Jugador de baloncesto en un instituto de Florida, durante una etapa de intercambio académico, este preparador se hizo cargo de un equipo juvenil amateur en 2007 y descubrió a Giannis. No oculta que lo hizo en una de las búsquedas de talento que ejecutó en los barrios marginados, con fuerte presencia migrante. En ese ambiente, en Sepolia, quedó enamorado del adolescente de 13 años que, en poco más de una década, gobernaría el planeta.

Antetokounmpo, que por aquel entonces asomaba con una anatomía impresionante, recibió una oferta irrechazable: trabajo para sus padres -800 euros a mes por cabeza- y un contrato en su equipo para él. Velliniatis casi sobornó a los progenitores nigerianos para que dejaran a su hijo jugar al baloncesto -no veían futuro en esa actividad-. Y la apuesta le salió triunfal. El talento, ardor competitivo y la capacidad de mejora de Giannis le instalarían en la rampa de despegue. Llegando a dormir en el gimnasio de entrenamiento. Evitando toparse con los fascistas neonazis de Amanecer Dorado que deambulaban en busca de negros a los que 'cazar'.

A los 16 años ya era uno de las promesas más importantes de Grecia. Y fue contratado por el CAI Zaragoza, de la Liga ACB. Firmó en diciembre de 2012 por cutro temporadas, pero su luminoso futuro fue detectado por la NBA. Le convencieron para que se presentara al sorteo universitario en 2013 y fue elegido en primera ronda por los Bucks. Lo demás, es historia, literalmente, del baloncesto. Con 19 años se uniformó como número 15 del draft. Y los focos se posaron sobre él, forzado a gestionar una presión nunca vista.

Desde que se estableciera en la cima del deporte americano, Antetokounmpo jamás ha renegado de su condición de griego y nigeriano. Cuando su hermano Thanasis jugaba en el Panathinaikos, un comentarista de la televisión helena le llamó "mono". Giannis reaccionó de inmediato y con contundencia: "Mis hermanos y yo somos greco-nigerianos. Si a alguien no le gusta, ese es su problema", proclamó. Y cada vez que visita su país de adopción pasa por la cafetería que regenta Giannis Tsiggas, al lado de la cancha de Sepolia. En ese local recibían, él y sus hermanos, sándwiches y zumos gratis. Y como agradecimiento a esa muestra de solidaridad pasada, si pasa por Atenas nunca deja de tomarse un café con Tsiggas en su antiguo barrio.

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