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EL ESPIGÓN DE RECOLETOS

Veranos sin resolver

David Felipe Arranz
lunes 05 de julio de 2021, 20:29h

Ahora la culpa de todo resulta que la tienen los babyboomers, que ya están en edad de jubilarse tras muchos años de mantener pensiones a sus mayores y son muchos, dicen: ni se han enterado del viaje que nos dejó escrito Quevedo, el de la cuna y la sepultura. Pero unos, por ejemplo, tienen resuelto el verano con la glosa rosácea, el Levante fenicio y el Sol andalusí; otros, que por fin han conseguido escapar de la peste oriental, con vivir ya tienen bastante. Los que sí siguen cotizando al alza son los muertos y ahora se lleva como un existencialismo de posguerra vírica, porque el dato se sigue dando con inusitada indiferencia en el telediario, como las fluctuaciones del Ibex-35: a san Juan de Patmos hay que volver, porque su Libro del Apocalipsis sigue vivo: dense una vuelta por el centro de Madrid por la noche y verán.

Hay ministros que podrían dar el pego soltando su perorata al pie de cualquier barra, medrando sobre la marcha de la vida de los demás. Otros en cambio, como Yolanda Díaz, la vicepresidenta tercera, se lo toman en serio y tienen una vocación: la coruñesa no quiere alejarse de la gente y sí de las élites, que es lo contrario de lo que le ocurría a su otrora líder, que guarda tumultuoso silencio preparando su regreso a los escenarios públicos en forma de asalto a la pequeña pantalla. Díaz ha declarado el domingo que ella representa a la socialdemocracia clásica, lo cual es un cambio de rumbo del Podemos más comunista, que se acerca al espacio socialista. Díaz quiere ser la lucidez y todo lo contrario de la etapa anterior, y entre ella e Iglesias se ha movido la historia última de una izquierda bamboleante y necesaria. Iglesias era la épica revolucionaria y Díaz la prosa del mundo, que en estos lares de la política viene a ser la canción del verano: “él hace las cosas de una manera y yo de otra”, les ha dicho a los periodistas de El País. La titular de Trabajo no quiere ser cartel electoral, pero la inercia de las cosas y de sus votantes, después de la aventura de Ione Belarra, igual se lo pide. Veremos.

En 2050 y en España ya solo habrá 1,8 personas en edad de trabajar por cada mayor de 66 años, frente a las 3,4 de hoy, y los sindicatos, que son muy listos, dicen que esto solo se arregla con más impuestos. El número de prestaciones va a subir de diez millones actuales a los quince millones para esa fecha. Los gurús añaden que con más productividad, más cotizantes –no sabemos de dónde los van a sacar o cómo van a subir las cotizaciones con el personal colgado de la brocha laboral– e inmigrantes regularizados: 5,5 millones adicionales, según el FMI. El ministro Escrivá nos lleva de sofisma en sofisma, de vaguedad en vaguedad, pero resuelve poco. El político en España ya es hortera o no es, porque pospone y aplaza las decisiones al siguiente Ejecutivo, y así en adelante, que en eso consiste el arte de gobernar en el siglo XXI: en pasarle al heredero de la cartera la patata caliente a manera de ducha fría.

Y de las cutreces a las elegancias post mortem: nos han dejado Tico Medina y Raffaella Carrá, expertos en el cronicón amable y en el chapuzón musical: por entonces pensábamos que la acracia era eso, un granadino y una boloñesa alimentando ilusiones desde la caja tonta, volviendo fascinantes nuestras noches de verano y surtiendo nuestras despensas de aplausos y estilo, no solo en la dictadura, sino en la “sacrosanta” Transición. Ellos no tenían problemas con las pensiones, porque siguieron trabajando sin descanso en el periodismo y el “show bussiness”, que son intercambiables. El agit-prop del diputado actual ya no gusta del gimlet tomado en cómodo tapizado en capitoné, en los últimos los bulevares del ocaso; ahora, la efebocracia agita una bandera cuya historia desconoce, entre las espumas de la propaganda a alta temperatura y cobrando lo suyo –que es lo nuestro– a fin de mes. El estío se nos presenta, pues, sin resolver, Amore. Solo nos quedará la Celestina moderna de “First Dates”.

Twitter: @dfarranz

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