www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

A propósito de un centenario

Juan José Laborda
x
1718lamartingmailcom/12/12/18
sábado 17 de julio de 2021, 19:43h

Íbamos a conmemorar el centenario de la fundación de la agrupación socialista de Barruelo de Santullán (Palencia), pero un brote de covid ha obligado a suspenderlo.

Su alcalde, Cristián Delgado, y el alcalde de Brañosera, Jesús Mediavilla, ambos regidores de filiación socialista y de municipios próximos, me hicieron el honor de organizar una mesa redonda para rememorar esos cien años de presencia de las organizaciones socialistas, PSOE y UGT, en esa comarca; comarca que tuvo una gran importancia por sus minas de carbón, y también, por el ferrocarril, que pronto fue instalado en ella para transportar la valiosa hulla que allí se extraía.

Los alcaldes, Cristián Delgado y Jesús Mediavilla, con sus respectivos equipos de gobierno, son directos herederos de socialistas históricos -como Manuel Llaneza (1879-1931)- que en esa misma comarca, y en Asturias, fueron dirigentes políticos y representantes municipales con las características de modernidad que en Europa, y por los mismos años, tuvieron los primeros gobernantes socialdemócratas, quienes estaban sustituyendo utópicas políticas revolucionarias, por los gobiernos reformistas que empezaban a introducir los primeros derechos sociales para obreros y asalariados en general; fue el origen del posterior “estado del bienestar”.

Ese reformismo socialdemócrata de la cuenca minera asturleonesa y de la Montaña palentina, como en la Europa continental (con la excepción de los países escandinavos), en España se frustraría a causa de la gran crisis económica de los años treinta, con la radicalización de la política durante la II República, y la Guerra Civil, y como la República careció de aliados en Europa, ese aislamiento supuso que en 1945, en contraste con la mayoría de los países de nuestro entorno, en España, el reformismo socialdemócrata, como la democracia, quedó totalmente prohibido y tardaría cuarenta años en aplicarse de nuevo.

La mesa redonda hubiera servido para entender las diferencias de la política socialdemócrata en los años anteriores a la Guerra Civil, con la que se hizo a partir de 1982, cuando el PSOE formó por primera vez un gobierno apoyado en sus propias fuerzas parlamentarias y sociales (la UGT fue entonces básica), para desarrollar una estrategia socialdemócrata, en otras palabras, reformar respetando las leyes y la opinión mayoritaria de la sociedad.

Para hacerlo contábamos como ponentes con tres personalidades representativas de la socialdemocracia de nuestro tiempo: Heliodoro Gallego (1949), sindicalista, senador y alcalde de Palencia, y presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias; Cándido Méndez (1952), diputado en Cortes por Jaén, secretario general de la UGT entre 1994 y 2016 (tras la etapa del carismático Nicolás Redondo Urbieta, 1927) y ex-presidente de la Confederación Sindical Europea ; y Matilde Fernández (1950), responsable del sindicato de la Química, diputada en Cortes por Cantabria y ministra de Asuntos Sociales del gobierno de Felipe González. Mi función era conducir el debate, también con los asistentes, y tenía pensado decir algo parecido a lo que estoy escribiendo.

En efecto, la personalidad y trayectoria de Manuel Llaneza me hubiera servido para trazar un ejemplo de la primera socialdemocracia de nuestro país, y sus valores para estos inciertos tiempos actuales.

Manuel Llaneza nació en Asturias, pero empezó a trabajar en las minas de carbón en Barruelo de Santullán a los 11 años, trasladándose a las minas de Asturias en 1902, cuando tenía 23 años de edad. Miembro del PSOE -entonces dirigido por Pablo Iglesias- participó en las luchas obreras, muy potentes en la minería, y a consecuencia de una tremenda huelga, Llaneza se exilió al norte de Francia, a la gran cuenca carbonífera que se extiende hasta Bélgica, y donde comprobó las ventajas de un sindicalismo reformista, y cuya acción buscaba, además de procurar la instauración del socialismo, conquistar mejoras sociales, en salarios, pensiones, atenciones médicas, viviendas, escuelas para los niños, cultura musical y del cine, en suma, el programa clásico del welfare state de los sindicatos británicos, las Trade Unions. La influencia del reformismo sindical británico sobre los sindicatos europeos continentales, es exactamente paralelo a la influencia laborista (de Beatriz(1858-1943) y Sidney Webb (1892-1943), famosos reformadores sociales) sobre Eduard Bernstein (1850-1932), miembro del SPD y fundador de la socialdemocracia en Alemania (y en Europa).

Cuando Llaneza vuelve de su exilio, crea el primer sindicato profesional, el SOMA (Sindicato de Obreros Mineros de Asturias), que pronto lo integrará dentro de la UGT. Convertido en su líder (también fue alcalde de Mieres y parlamentario nacional), hasta su muerte en 1931, un poco antes de la proclamación de la II República, Llaneza será consecuente con sus ideas. Superó el mito de la revolución, como vía para establecer el socialismo, y creyó que su camino no se detenía en unos logros (la supresión del capitalismo, entre otros), sino que era un “movimiento constante”, garantizando que su avance se hiciera con respeto a la democracia representativa. Con ese pensamiento, Llaneza estuvo firmemente en contra de integrar al PSOE en la Internacional Comunista, y siempre defendió el debate interno dentro de su sindicato y partido. De hecho, sometió siempre su liderazgo al control de sus afiliados, y repudió la reverencia comunista al dirigente único e incontestable.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(1)

+

1 comentarios