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TRIBUNA

Competencias humanas

Juan Carlos Barros
lunes 19 de julio de 2021, 19:42h

Si a nivel global existe la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, a nivel europeo tenemos la Convención de los Derechos Humanos (1950) del Consejo de Europa, pero también en el mismo espacio la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (2000), de forma tal que con esta última se nos plantea la cuestión de su correcta ubicación.

No nos debe extrañar que la naturaleza intrínseca de esa carta postrera europea sea la competencia, esa técnica legal de reparto de la autoridad, porque comparte la misma condición de fundación de la Unión, que se creó a partir de estados nacionales, de los cuales hubo que sacar a trozos los poderes para su constitución final como organismo internacional. La Carta, al fin y al cabo, no es más que su vástago, que dejar podrá su cuerpo pero no su cuidado.

La mecánica de creación particional o competencial, no obstante, no acabó ahí, pues después la Unión en su proceso de expansión vio como cuatro de sus nuevos miembros (Hungría, Polonia, Chequia y Eslovaquia), se unían dentro de ella entre si y formaban el llamado Grupo de Visegrado, todos ellos cualificados por haberse incorporado directamente y sin interrupción a la Unión tras salir de detrás del Telón.

Ahora los presidentes de tal agrupación se han reunido para celebrar su 30º aniversario y el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, ha destacado la necesidad que en Visegrado “hablen en voz muy alta contra la centralización en la Unión para jugar un papel de iguales y no como miembros subyugados”. Janez Jansa, el primer ministro de Eslovenia, que preside este semestre la Unión Europea y que participó en la reunión, añadió por su cuenta que “es necesario mirar bien la totalidad de los derechos fundamentales, cuáles son las competencias nacionales y cuáles las europeas”.

Así las cosas entre Bruselas y Visegrado, nos preguntamos ahora, a su afán ansioso lisonjera, en este entreacto en el que estamos ¿qué pasará en la Unión Europea con los derechos fundamentales tradicionales de los estados nacionales ya sean occidentales u orientales? Según el artículo 6.3. del Tratado “los derechos fundamentales que son fruto de las tradiciones constitucionales comunes a los estados miembros formarán parte del derecho de la Unión como principios generales.”

Principios y derechos están en la Carta, pero no son todos iguales: los principios se observan y los derechos se respetan, según ella, con arreglo a las competencias. Su ámbito de aplicación es limitado y se refiere solo a las instituciones de la Unión y a los estados cuando apliquen el derecho europeo. La Carta no amplía su ámbito de aplicación más allá de las competencias de la Unión.

En “Frankenstein o el moderno Prometeo” se aborda la cuestión de la creación humana y dice Mary Shelley que “las vicisitudes de la vida no son ni la mitad de mutables que nuestros sentimientos” y así Víctor Frankenstein, tras esforzarse durante casi dos años con el único propósito de dar vida a un ser a base de pedazos humanos, cuando lo terminó se dio cuenta que la belleza del sueño de la creación había desaparecido y sintió horror de lo que había resultado.

¿Y, al final, qué es lo que sucede con un serial organizativo cuando el desangelado ente resultante es por su creador, unido o separado, rechazado? ¿Es que es menos humano el engendro por estar de retales formado? ¿No se llega por esa otra vía descompuesta al mismo estado que si hubiera sido por Dios creado?

El ser apasionado, aunque feo y desairado, nadar sabe el agua fría, aquí y en Visegrado.

Juan Carlos Barros

Abogado, consultor europeo y periodista

JUAN CARLOS BARROS es abogado, consultor europeo y periodista

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